De desierto en desierto.

En dos semanas estaremos con los pies bien puestos en otro continente. Un mundo nuevo. Distinto.

No sé qué es lo que nos espera, pero sé que nos espera con impaciencia. Con reloj en mano. No se cómo se sentirá, pero sé que habrá que poner en práctica toda la capacidad de adaptación que he acumulado durante mi vida. Y más que adaptarme, quiero explotar, resplandecer, brillar para mí misma, respirar y volar. Sentir que mi intuición fue sabia, que las piezas caen en su lugar. Por el momento, el día a día es un ejercicio de preparación. De sublimación delicada.

Saltando al otro lado del cuadrilátero que delimita este diario viajero, la medicina. Más viva que nunca. Precisamente hoy pasé una parte de mi mañana llamando por teléfono a la Orden de Médicos de Valance, al ENIC-NARIC de Francia y urgando en las páginas del Ministerio de Educación Cultura y deporte de España para conocer los requisitos para poder llegar a ejercer en alguno de los dos países, o incluso en ambos.

Hay cosas que he ido entendiendo en este último mes. Explicaciones que difícilmente hubiera podido encontrar desde mi escritorio y del otro lado del Atlántico.

 La población francesa tiene carencia de médicos y sobre todo de médicos generales. Durante los últimos 10 día Anto y yo viajamos por algunos pueblos y ciudades del sur oeste y sur este de Francia por motivos familiares y amistosos, pero en medio de este intercambio de cariño pude recuperar detalles importantes para la parte de mí que desea seguir alimentando la bata blanca que dejé en mis cajones de Tijuana.

Sin hablar de fuentes oficiales, es de conocimiento general de los franceses que el concepto de desierto médico ha ido adquiriendo más y más fuerza en los últimos años. Esto significa que las zonas rurales están siendo abandonadas por los médicos, sobre todo generales, que prefieren ir a buscar oportunidades más interesantes a las grandes ciudades o simplemente a causa de las muertes y jubilaciones de los viejos médicos de pueblo que solían ser iconos inmutables en las comunidades apartadas. Además, hay que agregar que en Francia, la carrera de médico tiene fuertes exigencias para con los estudiantes; el primer año de estudios cuenta con gran cantidad de “candidatos” quienes al final de éste deben demostrar en un concurso nacional sus capacidades intelectuales; se dice que solo el 19% de los estudiantes logra avanzar al segundo año de medicina, siendo esta otra de las razones por las cuales la demanda de médicos en el país no alcanza a satisfacerse.

Ustedes, colegas y paisanos, se dirán mientras leen: “Ay mijita, pues no le busques tanto, acá en México también hay desiertos y también faltan un chingo de médicos”. Sí. Estoy de acuerdo. Y créanme que amo mi país, amo mi gente y desearía creer que dedicarle mi energía a mi patria es lo mejor que puedo hacer. Desafortunadamente la estructura social, cultural, política y en este caso específico, sanitaria, no es precisamente la misma. No intento venderme ni venderles el sueño francés, incluso yo no lo he comprado por completo, pero alcanzo a identificar más fácilmente el intento de Francia por mejorar lo que hay que mejorar, que el de México.

Una prueba de ello, la propuesta de muchas comunidades “rurales” en Francia.  Dejo entre comillas el término porque una comunidad francesa compuesta de 200 o 300 personas tiene más estructura política y social que muchas ciudades de varios miles o millones en algunas partes de mi México. Regresando a la propuesta, muchas personas, sobre todo miembros de mi familia francesa me han ido explicando, e incluso me atrevería a decir, tratando de convencerme de que existen buenas oportunidades para mí en este país. Existen gobiernos locales, que ofrecen completar el sueldo del médico que acepte permanecer en una comunidad rural. Por ejemplo, el gobierno de la comunidad decide asegurarle al médico general de la comunidad 4,000 euros al mes (actualmente aproximadamente 70,000 pesos); el médico cobra sus consultas, obviamente entregando al Estado casi el 50% del costo de ésta en forma de impuestos. Si este médico al final del mes únicamente logró ganar 2000 euros en consultas, el gobierno le paga al final del mes los otros 2000 euros. La ecuación suena fácil. La gente lo cuenta orgullosa, no como una queja del gasto ridículo, no como una denuncia de corrupción ni estafa, lo dicen felices de tener un gobierno que se preocupa por su salud.

 Es una sensación confusa el presenciar todo esto; es admiración con un dejo de tristeza, que inmediatamente despierta inspiración y coraje por lograr algo parecido en la tierra que amas, con la gente que come como tú, vive como tú y siente como tú.

No sé si aún siguen pensando que debo regresarme a trabajar a México y olvidar mis sueños de médico-gitana-trotamundos. Tampoco pienso entregarme a sueños de fortuna y vender mis valores al país que mejor pague, pero encuentro loable el trabajar para un patrón que ve por los intereses de los suyos.

En mi mente soñadora, me veo felizmente homologada, aceptada por la unión europea para poder ejercer mi noble, paciente y hermosa profesión; me imagino pudiéndole ofrecer a mis hijos inexistentes, una vida linda, plena de experiencias y posibilidades; me veo a mi misma siendo dueña de mis decisiones, con una casa en Francia para pasar la temporada de trabajo arduo y otro nido en México dónde rencontrarme con mi madre; mi madre la que me parió, mi madre patria que me educó, mi madre tierra que me nutrió y enseñándole a mis hijos como se pueden llegar a amar dos mundos tan distintos y a la vez tan llenos del mismo amor. Tengo la suerte incomparable e invaluable de contar con un compañero de vida que ama su patria (a veces de más…) y que ama la mía como si hubiera sido su segunda cuna. Tengo fe en la vida y en el camino que la energía encuentra para formar su cauce.

Los mantendré informados de los giros que da esta historia. Por el momento, vuelvo de mi viaje alrededor del tiempo y comienzo a pensar de nuevo que cosas no debo olvidar de echar a mi mochila para nuestra próxima aventura. Senegal es nuestra primera parada en ese paraíso que nos espera, África.

Astrid.

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Bienvenidos.

IMG_1312En noviembre del 2009 volví a casa. Plena. Con 14 kilos de más sobre mí y no en la mochila.

Llena de vida, feliz de saberme libre, contenta de tenerme a mí, de saberme dueña de mi futuro y de reconocer mi poder para cambiar mi rumbo, o incluso dejarlo intacto si así me apeteciera. Llena de ánimos por retomar mi carrera; distinta a la que había dejado meses atrás, pero cada vez aún más perfecta para mí. Todo seguiría su rumbo tranquila y apaciblemente hasta el 30 de diciembre del 2009. Ahí todo cambiaría.

Esta fecha marcaría el último de mis tres grandes encuentros con la cultura del croissant, los mimos y las boinas de ladito. Desde el primer mensaje que recibí, el francesito viajero se metió en mi cabeza y jamás volvió a salir. A partir de este encuentro mágico y facilitado por el magnífico sitio www.couchsurfing.com , muchas de mis prioridades cambiaron de orden.  La magia nació simultáneamente y fluyó en todas direcciones, pero esa, es otra historia que por cierto ya he contado varias veces y pueden encontrar relatada por fragmentos. (www.astrid.revolublog.com). Daré un gran salto en el tiempo y dejaré que su imaginación, o sus recuerdos, llenen el espacio que abarca esta historia desbordante de amor.

Desde el 5 de marzo del 2010 nuestra aventura por la vida comenzó a escribirse. Comenzó también la larga planeación y la mirada fija hacia la organización necesaria para poder llevar a cabo lo que ahora estamos a punto de comenzar. Decidimos partir, dejar todo y conocer juntos nuestro hermoso mundo.

Soy médico general de profesión. La decisión de querer ser médico llegó sin darme cuenta, casi por inercia. La tomé rápidamente, más por estar completamente convencida de lo que NO quería ser y no tanto por saber a ciencia cierta lo que sería. Durante la primera semana de clases en la escuela de medicina, me invadió una sensación de pasajero del Titanic en pleno hundimiento y me pregunté aterrorizada ¿cómo había sido capaz de tomar una decisión así?, ¿cómo se suponía que podría soportar 7 o 10 años encerrada entre aulas y hospitales? Después de unos días me tranquilicé y me convencí de que el camino me iría mostrando el camino. Y así fue.

Escribo saltando de un lado a otro entre el amor y la medicina, de forma totalmente intencional. Este blog fue creado para eso. Para reunir a todos mis amores en un mismo lugar; aunque es cierto que en este momento de mi realidad, esto resulta difícil de concebir. Qué más quisiera yo que tener a México y Francia juntas en una sola mesa, comiendo pan y tortillas, tomando tequila y vino, hablando el lenguaje de las risas y las miradas sinceras. La realidad no es exactamente la misma, pero el corazón se nutre del amor en todas sus expresiones, aún en la distancia.

Con este cofre de hojas y plumas cibernéticas, pretendo fundir en un solo lugar mis encuentros de amor, mis descubrimientos culturales y mis aprendizajes profesionales.

Así que: amigos, amores, colegas y viajeros, sean ustedes bienvenidos a esta su ventana al mundo de la medicina de mi presente. La medicina que integra alma, cuerpo y corazón; la que previene con ciencia y sobre todo con paciencia, cura con amor y rehabilita con perseverancia.

Bienvenidos a su casa. Yo ya estoy en la mía. El mundo entero.   Seguir leyendo “Bienvenidos.”