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Día 81: vida, salud & muerte.

 Desde hace 81 días he intentado darles un resumen de mi vida en palabras e imágenes. Les he prestado mis ojos, mis oídos, mi piel y les he contado cómo mis sentidos se divierten y viven cada día un poco más.

Pero ¿Qué tal que ahora les hablo de la muerte?

¡Ah, la muerte! Esa palabra que nos revoluciona el cerebro, nos acelera el corazón y nos obliga a dejar de hacer lo que estemos haciendo para, durante unos segundos, visualizar la vida de todos sin nosotros en ella. Poco tiempo después de esa imagen terrorífica, el efecto pasa y cada quien tiene su frase llena de elocuencia para espantar al fantasma: “Cuando te toca, te toca…”, “What doesn’t kill you makes you stronger”, “Il faut bien mourir de quelque chose…”.

Cuando decidí visualizarme como bata-blanca jamás tuve como slogan el “Salvarle la vida a miles de personas”. Seguro los pacientes no esperan que su médico piense esto, pero creo que la decisión de “salvar” su vida, en el 80% de los casos[1], está en cada uno (del otro 20% hablaré más adelante).
Ese maravilloso libre albedrío que nos permite decidir si llevarnos a la boca una bolsa de churros locos o una manzana, si subirnos a la motocicleta con o sin casco, si fumar uno, diez o ningún cigarrillo al día, o caminar 60 minutos diarios en lugar de ver otro episodio de “la rosa de Guadalupe”.

 Por supuesto que hay excepciones, ese 20% está reservado para ellos. Los niños con enfermedades congénitas que mueren al nacimiento o incluso los sanos que no fueron recibidos como merecían, las embarazadas mal tratadas por el sistema de salud decadente de algunos países, la desnutrición extrema en países como Etiopía que actualmente vive su peor sequía desde hace 30 años gracias al fenómeno de cambio climático El Niño.[2]  Claro que ellos no tienen la culpa y ninguno  tuvo la justa oportunidad de decidir entre el cuento de hadas o el camino trágico. Y justo porque me considero alguien tremenda y sensiblemente inestable como para cargar con la culpa de no haber podido salvar a esos pobres juguetes del destino, decidí decirle “ya no”. Puede ser triste reconocer las limitaciones.  Pero por eso amo mi profesión, porque el abanico de posibilidades es infinito y porque es moralmente permitido decir:
 “No deseo ser el médico que vive sus jornadas jalando pacientes entre la vida y la muerte en una sala de urgencias, ni el médico que se apuesta la vida día a día en la zona de conflicto en el sur de Argelia; deseo ser el médico que cura con calma, paciencia y mucha dedicación. Sin prisas”.
Cada día me enamoro más del poder de la prevención.

¡La prevención! (música de arpa celestial de fondo), ese boleto de lotería que pocas personas compran; ese patito feo olvidado y jamás invitado a las fiestas de cumpleaños, borracheras ni a las idas al cine; ese eterno ausente en cada foto de Facebook en el que todos se pelean por postear el alimento más nutricionalmente errático, esa palabra que tanto adorna la boca de todos en todo momento, excepto a la hora de comer y moverse. Pero no me importa, me gustan las causas difíciles y menospreciadas.  Esto únicamente quiere decir que seré algo así como el doble de la película de acción, ese que nadie sabe cómo se llama; como la mejor amiga de la protagonista bonita a la que nadie pela y seré esa doctora de la que jamás hablarán en la tele pero que dedicará a sus pacientes toda su paciencia y los educará hasta lograr verlos cada vez menos seguido.
Prefiero mil veces ser un héroe furtivo pero efectivo y todo esto creo haberlo aprendido (en parte) del médico más congruente y uno de los seres humanos más intachables que conozco y amo, mi papá.

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Un espectacular que anuncia ¿Galletas con súper Glucosa…?

 A pesar de vivir en un mundo lleno de culturas con tantos contrastes, la organización mundial de la salud se atreve cada cierto tiempo a dar un informe sobre la epidemiología mundial, o sea, ¿De qué se muere la gente en este mundo tan loco? El resultado comienza a ser repetitivo, pero no por eso menos objetivo ni inquietante.

En el 2012, 56 millones de personas murieron en el mundo. Hasta aquí no hay problema, es el ciclo de la vida. De estos 56 millones, el 68% o sea 38 milloncitos fueron causados por enfermedades no transmisibles (principalmente enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades pulmonares crónicas). Un 9%, o sea 5 millones por accidentes. Y de aquí es de dónde sale el 78% (yo dije 80%, una disculpa) de las vidas que con su libre albedrío decidieron que “de algo se tenían que morir”.[3] Todo esto no es nuevo y no nos detendremos a llorar frente a una frase, des afortunadamente, ya muy trillada. La mayoría de ustedes la han escuchado o leído por lo menos una vez en los temas de actualidad de los últimos años pero comienza a sonar tan triste y normal como el hambre en África, los osos polares sin hielo y Trump ganando las elecciones de su partido; cosas de los que todos hablamos y por los que muy pocos parecen estar haciendo algo.

Hablando de África, hablemos de ella. La región de Ádrica del oeste está constituida geográficamente por la parte occidental del África subsahariana y conformada políticamente por los países que se muestran a continuación.

africa del oeste

En esta región del continente no solamente se encuentra un territorio ideal y fértil para la producción de cacao, mandioca, café y cacahuate, también las enfermedades cardiovasculares comienzan a florecer. 75% del total de muertes en el mundo suceden en países con una economía pobre o moderadamente pobre y en África, como en América Latina, esto parece ser algo que se encuentra en abundancia. A pesar de que la radio, la televisión y alguna que otra ONG tratan desesperadamente de enviar pulsaciones de información preventiva a la población, cuando me bajo del moto-taxi y entro a cualquier mercado popular de cualquiera de los países que hemos visitado, la prevención se desvanece y la realidad resplandece con todos sus colores y olores embriagantes.

Caminar entre las calles de Senegal, Costa de Marfil, Togo o Benín me han provocado un sentimiento común. La sensación de ser invencible, casi inmortal. Ilógico, lo sé.
He llegado a la conclusión que es precisamente la ausencia de una cultura de protección y de prevención la que crea una falsa atmósfera de olvido y tranquilidad. Una calle con niños jugando inspira más tranquilidad que una calle llena de policías al acecho. Una calle sin infraestructura segura, sin hospitales públicos ni ambulancias genera la falsa sensación de que, si no están, es porque no se necesitan. Falsa sensación. La muerte aquí es algo tan natural y alarmantemente común que parece haber anestesiado a la población y haberles dotado de una cierta conformidad al acudir frecuentemente a funerales. Poca gente parece preocuparse por anticiparse a la muerte y cuando llega a suceder, no hay mucho que decir al respecto. He oído historias sobre un joven de 20 años en el norte de Costa de Marfil que murió y nadie supo por qué, una mujer de 28 años en Camerún que se despertó y calló muerta horas después en su trabajo, una madre en Senegal quién al dar a luz a su cuarto hijo murió y ahora los hijos vive  prácticamente de la solidaridad de los vecinos mientras el padre sale todo el día a trabajar; uno de dos gemelos en el norte de Costa de Marfil que murió pocos días después del nacimiento porque “era el más pequeño”. Todas estas muertes de personas de menos de 40 años coinciden perfectamente con la información de la Organización Mundial de la Salud quién explica la diferencia entre los países ricos y los pobres. “En los países de ingresos altos, 7 de cada 10 muertes afectan a las personas de 70 o más años de edad. Las enfermedades crónicas son responsables de la mayoría de muertes… Sólo 1 100 muertes afecta a los niños menores de 15 años. En los países de bajos ingresos, casi 4 de cada 10 muertes afectan a niños menores de 15 años y únicamente 2 de cada 10 muertes son personas de 70 años y más”[4]

Los padres de familia me han dicho abiertamente que intentan tener muchos hijos porque saben que habrá uno que otro que “inevitablemente” morirá. Así es. Nadie parece alarmarse. Ignoro en realidad qué tanto les duela porque aquí el amor es un idioma que no sé hablar.
En costa de Marfil alguien me contaba que a la muerte de un bebé o de un niño pequeño, sobre todo en las comunidades más tradicionales, hay tristeza pero se deja pasar fácilmente ya que para ellos no tiene sentido lamentarse demasiado por “lo que pudo haber sido ese ser humano”, al contrario, se sufre por la muerte de alguien que logró hacer algo por su comunidad. Actitud completamente opuesta a nuestra visión de llorarle a un joven por “toda la vida que tenía por delante” y no por el viejo que “ya vivió lo que tenía que vivir”.
La regla social se vuelve a invertir en el caso de las personas mayores de 70-80 años en estos países en los que la esperanza de vida es de 56 años. En el funeral de un jefe de pueblo o figura anciana reconocida no se permiten las lágrimas, no hay motivo de tristeza cuando alguien logra alcanzar la edad a la que muy pocos aspiran.

 En América y Europa (no puedo hablar por los otros continentes) vivimos un estilo y un ritmo de vida hechos para pretender ser inmortales, una vida que durante unos 70 años te haga olvidar que la muerte llegará pase lo que pase. Seguros de vida, seguros de automóvil, seguros de casa, trabajo seguro para una jubilación segura, alarma en las casas, perros guardianes, celulares inteligentes que nos indican el camino porque es impensable perderse, planes mensuales que nos venden más y más MB porque sería inconcebible estar incomunicados en medio de una situación insegura, formamos niños de 5 años sobre saturados con actividades (ballet, karate, natación, gimnasia, fútbol, pintura, música) potencialmente redituables social, cultural o académicamente  porque no queremos que en el futuro se muera de hambre, o de aburrimiento, o de obesidad, o de sedentarismo, o de…
Soy parte del sistema. No digo que todo esto sea completamente malo. Seguramente repetiré muchos de estos patrones si algún día soy madre. No me quejo de haber crecido en una casa con electricidad, agua, un refrigerador lleno, padres atentos, cursos de ballet, tap, jazz, educación superior. Soy parte de ese pequeño porcentaje en el mundo con acceso a todos esos servicios que ante mis ojos parecen básicos. Soy quién soy gracias a todo eso. Pero, ¿Es realmente indispensable? ¿Realmente tantas diferencias hacen la diferencia en la vida? ¿Quién muere más feliz, el de 75 o el de 56? ¿Queremos una vida bien larga o simplemente una buena vida?

Al observar la estadística mundial cada vez es más evidente que la mayoría de nosotros nos moriremos de lo mismo, unos antes y otros después, unos pobres y otros ricos, unos blancos y otros negros, pero al final, eso ya no importará.
¿Realmente respetamos a la muerte tanto como decimos o solo jugamos a temerle mientras nos divertimos arriesgando la salud y pagando el precio de su “aseguranza”?
La apuesta es adrenalina. Me tomo otra coca-cola pero hago 30 minutos de cardio; me como las papas fritas pero tomo multivitaminas; duermo 3 horas al día pero ya me tomé la pastilla de la presión/azúcar; me fumo otro cigarrito pero me compro un seguro de gastos médicos; paso otro día sentado frente a la tele pero me pongo el cinturón al subirme al carro ¿Sirve?

La obesidad ha más que doblado sus cifras desde 1980. Hasta el 2014 se estimaban más de 1.9 billones de personas con alteraciones de peso mayor al normal y entre ellos 600 millones eran obesos[5]. En el 2013 se estimó que existían 42 millones de niños obesos en el mundo. Estudios recientes[6] hablan de alteraciones en el ADN de recién nacidos de padres obesos, lo que significa que la obesidad ha conseguido ganarse un lugar no solo en nuestro abdomen si no lo que es aún más alarmante, en nuestros genes. Con esto el riesgo de obesidad en generaciones futuras será aún mayor de lo que imaginamos.

Al final del día y de la vida, ni la negación de los gobiernos africanos del oeste (porque aún no sé cómo funcione el resto del continente) ni el aparente compromiso de los gobiernos europeos y occidentales, parecen alterar las cifras epidemiológicas. Tal vez porque la respuesta no está en las oficinas presidenciales ni en las cámaras de diputados, ni siquiera en los hospitales de los países afectados.

Prevención. Respuesta tan sencilla que pocos quieren creer en ella, se encuentra tan al alcance de todos que muy pocos se atreven a mirarla; en Estados Unidos la pisotean con tenis de marca, acá la patean descalzos; en todo el mundo la ahogan en coca cola y aquí en paquetes de plástico llenos de alcohol barato de mala calidad (100ml por 100Fcfa = 0.15 euros), en México la fríen en manteca reciclada y en todas partes la inhalan revuelta con el tabaco. Todos, absolutamente todos, la terminamos consumiendo. Tal vez por eso parece haber tan poca.

[1] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html[2] http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/sequia-en-etiopia-el-nino-y-el-cambio-climatico-atacan-de-nuevo[3] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html [4]http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html[5] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/en/[6] http://www.nature.com/ijo/journal/v39/n4/full/ijo2013193a.html
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6 comentarios sobre “Día 81: vida, salud & muerte.

  1. Por el Sr Chabanin me entere del viaje que están haciendo, pero no sabía de esta labor tan bonita y tan importante que estas haciendo, muchos queremos cambiar al mundo pero pocos como tú que se atreven no sólo a decirlo sino a vivirlo, también soy de Ensenada y me enorgullece saber que existe gente con un corazón tan grande y tan valiente, gracias a ambos por compartir y propagar esperanza

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    1. Hola Pamela, gracias por tomarte un momento para leer y sobre todo para retroalimentar esta aventura que estamos tratando de documentar. Gracias por tus palabras de motivación, espero poder continuar mi labor y hacer un cambio real en mi comunidad, nuestra comunidad.

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  2. Me encanta este diario temático ,en ocasiones filosófico , psicológico , geográfico o médico , sin dejar de lado El disfrute lúdico del la vida . Te amo

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  3. Ante mis ojos, eres una persona completamente FASCINANTE. Tus palabras, logran sacarme una que otra sonrisa y más de una lágrima.
    Me declaro fan de tus letras, tus fotografías y tu espíritu viajero.
    Te mando un abrazo muy fuerte, gracias por ser tú y brindarme un espacio en tu corazón, así como un hueco en esta página donde nos compartes tu visión del día a día.
    Gracias por tanto.

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