De viajes y otras cosas de mujeres.

“Si supieras que terror me dio la primera vez que vi todas esas páginas en blanco, cuando me di cuenta que si no encontraba mis recuerdos tendría que inventarlos”

Esa es Carlota escribiéndole a su ya ausente Max, que habla a través de Fernando del Paso.
Me da la impresión que la vida de las mujeres es, por naturaleza, apasionante y dramática. Yo por ejemplo encuentro cada día un pequeño detalle que me hace ver mi existencia como si se tratara del centro del universo y me seguido me observo desde afuera como si mis días fueran las escenas de una película artística de corte muy alternativo. Afortunadamente rápidamente me doy cuenta que soy insignificante respecto al tamaño de este universo que habito, y me vuelve la cordura, cosa que por cierto Carlota nunca pudo recuperar.

Decidí dedicar éste blog a las mujeres, a mis mujeres. A todas. ¡Atención! Si eres hombre, no te vayas de mi blog, por favor. Te prometo que no trataré temas sexistas, anti machistas o menstruales; tampoco trataré de mitificar la imagen femenina como guerrera y dadora de vida, que, aunque lo puede llegar a ser, suele ser delicado y bastante subjetivo. De hecho, tu rol masculino formará parte fundamental de los comportamientos y experiencias que aquí pienso compartir ya que muchas de las historias tienen como tema central la relación que ellas mantienen con ellos.
Me siento orgullosa de escribir esto un 16 de junio y no un 8 de marzo porque de haber sido así, correría el riesgo de ser tomada por una feminista comercial; tal cómo esos que se declaran su amor el 14 de febrero (sin ofender, pero hay que aceptar que pierde autenticidad). Esta intención de rendir tributo a las figuras femeninas en mi vida se ha venido acentuando durante estos últimos meses en los que he podido conocer todo tipo de personajes, todo tipo de vidas, de vestimentas, de pieles, de cabelleras, todo tipo de esposas, de co-esposas (término utilizado en la religión musulmana para designar a la segunda, tercera o cuarta esposa), de hermanas, de hijas, de amigas. Sobre todo, amigas, porque aún con esta distancia colosal sigo teniendo la suerte de contar con, pocas, pero fuertísimas amistades y son sobre todo esas pocas mujeres las que sin saberlo me motivaron a teclear el día de hoy.

Para mí al principio fue muy difícil diferenciar entre las mujeres que quería que fueran mis amigas y entre las que estaban hechas para serlo. Pienso que la amistad sincera y profunda, es como una batalla campal, como el ritual de apareamiento entre dos animales; nada distinto a como veo las relaciones de pareja. Los primeros momentos, de antemano hay una comunicación silenciosa e imperceptible al ojo maquillado y envuelto entre restos de Miss Dior e Yves Saint Laurent, las feromonas se encargan desde muy antes que nuestras psiques de determinar si la compatibilidad femenina existe o simplemente seremos hipócritas por un rato para después dar gracias a dios por haber salido de ese espacio antes compartido. Una vez los cuerpos, las hormonas, receptores, vías aferentes, eferentes y demás duendes han hecho lo suyo, se lleva a cabo un análisis completamente consciente que se disimula entre frases y preguntas socialmente aceptadas:

  • ¿Y desde cuándo vives aquí? [ lo cual esconde un: ¿Qué tan estable es?, ¿Qué tan vulnerable se encuentra en este territorio?, ¿Representa un peligro o una aliada?, ¿Tiene un nido fijo?]
  • ¡Qué bonito pelo tienes! [puede significar igualmente “que bonito pelo tienes” cómo puede ser la expresión de “¡Pinche vieja, como quisiera tener tu pelo aunque te quedaras pelona”]
  • ¿Y a qué te dedicas? [tema delicado, a partir de la respuesta dada por la otra hembra, toda una serie de prejuicios y asunciones se desencadenarán a la velocidad de la luz dejando un terreno fértil ya sea para la admiración, el respeto o para la reprobación, los celos o la sensación de superioridad primitivamente animal]

Estas primeras horas, días o momentos de interacción con esa otra hembra en cuestión determinarán en gran parte el desenvolvimiento de ambas al encontrarse en el siguiente entorno, dependerá también de si este nuevo contexto le es familiar o no a una u a otra; del poder que cada una de ellas ejerza en ese territorio dado; la presencia o ausencia de machos en torno a ellas, etc.

Con el tiempo, si es que ambas deciden que es conveniente para su bienestar personal, seguirán alimentando esta relación animal e instintiva hasta que esta lucha inicial logre mutar y dar fruto a ese lazo vital y completamente necesario para la vida misma de las hembras en cuestión; por el contrario, la relación podrá degradarse paulatinamente hasta el punto en que ambas se den cuenta que el producto emocional de esa relación se vuelve más tóxico que placentero.

Le contaba a mi hermano el otro día, como repetidamente he comenzado mis relaciones amistosas femeninas de una forma un tanto de “cortejo” hasta lograr definir mis emociones. Porque hay mujeres que desde la primera vez que las he escuchado, observado, olido, sentido, me han causado un impacto importantísimo en mi vida, en mis ideas, mis percepciones, mis sueños. Recuerdo cuando la conocí; era seria, reservada, madura, fuerte, con una cabellera hermosa, nunca peinada pero siempre con una bonita caída de su pelo oscuro y ondulado, a veces un tanto fría, siempre impecablemente correcta, tanto que las palabras vulgares tomaban un sentido poético cuando me tocaba escuchar alguna salir de su boca. Desde el principio supe que quería tener una amiga así, pero me sentía como el niño ignorado de la clase que sueña con conquistar a la protagonista.  No era una relación lésbica lo que yo buscaba, pero aquí es donde les comparto que para mí el encuentro con mis mejores amigas, ha tenido (repito, para MÍ) casi siempre un inicio bastante romántico. Me tomó años llegar a tener la relación de amistad tan hermosa, tan sincera y tan libre que tengo hoy con ella y me siento feliz. Así como con ella, podría describir lo que recuerdo de los encuentros con cada una de mis, no muchas gracias a dios, amigas de corazón, pero el punto no es ese. El punto es que desde hace un tiempo me he detenido un poco más a valorar la calidad y las cualidades de las mujeres que influencian mi vida y también de las que la pintan a brochazos con apariciones a veces esporádicas, o explosivas y únicas, a veces paulatinas y duraderas, o incluso violentas y desagradables.

Hablarles de mis amigas de corazón sería peligroso (porque la mayoría leen este blog), delicado, quizás incómodo para ellas o tal vez aburrido para ti, por eso decidí transmitirte una parte de este caminar por distintos países, culturas e idiomas a través de mi visión femenina sobre el sexo femenino. Te presento a estos personajes, presentados aquí en el orden cronológico en el que los he ido conociendo, el cómo las conocí y la impresión que generaron en mí por más extraordinario o irrelevante que haya sido nuestro coincidir.

 Magette.

Nacionalidad: senegalesa

Edad: 25 ish

Magette forma parte de esta lista porque fue la primera mujer africana con la que tuve una conversación sincera y no únicamente una relación comercial a pesar de que ella era la hija del dueño del hotel en el que nos alojamos en Lac Rose, en Senegal. Era tímida y sonriente y era la encargada de prepararnos la cena todas las noches. Fue ella la que me propuso llenarme el pelo de trencitas la primera vez, obteniendo un resultado que me daba un aire más infantil que de mujer africana. De inicio no quería aceptar dinero a cambio del tiempo que paso escudriñando mi cabeza, cosa rarísima en Senegal dónde todo cuesta y si no eres de la familia o no hablas wolof (idioma casi oficial en todo el país además del francés) no solo cuesta, si no cuesta 4 veces más. Al final termino aceptando mi regalo y aprovechamos para hacer un intercambio de ropa en la que ella me regaló uno de sus trajes típicos; un vestido amarillo brillante con un pedazo de la misma tela que se coloca alrededor de la cabeza. Magette es una de las pocas (no la única) cosas positivas que me llevé de Senegal. El país más agresivo turísticamente hablando, y uno de los menos agradables a la vista desde los paisajes hasta la suciedad de sus calles.

Sireh.

Nacionalidad: senegalesa

 Edad: 40

Llegamos a su casa invitados a comer y a quedarnos una noche después de haber conocido a su esposo, Jean Luc en las calles de Ziuinchor en el sur de Senegal. Sireh salió de la cocina a recibirnos con una blusa azul rey sin mangas, pegada a su cuerpo musculoso y con un pedazo de paño africano que caía desde su cintura hasta la mitad de sus piernas, con algunas pulseras doradas que hacían juego con sus aretes del mismo color y contrastaban hermosamente con su piel negra, con un peinado hermoso, su pelo corto estaba adherido a su cráneo por una especie de goma permanente que dibujaba ondulaciones perfectamente ensambladas la una con la otra. En la cocina, entre recetas y explicaciones sobre nombres de alimentos que yo no conocía dejaba escapar un pequeño gesto y una semi sonrisa que decía más de lo que creía deber; poco tiempo después me contó que estaba ahogada, que el amor a veces se convierte en algo muy distinto sobre todo cuando tu rol principal es ser madre y responsable de 4 paredes y una cocina, ansiaba libertad a pesar de vivir como una reina en comparación de la gran mayoría de las mujeres en su país. Se había quedado con ganas de estudiar, de ser independiente. “¿Qué se siente que tu esposo tenga varias esposas, y que tu tengas que compartirlo de esa forma? ¿Qué pasa con el amor?!” “El amor comienza igual, solo que con el tiempo el amor se va acomodando a la realidad y se convierte en otra cosa… Así es. Yo le he dicho a Jean Luc que está bien que tenga otra esposa, así ella se encargaría de las labores de la casa y yo tendría más tiempo para hacer un negocio o ser más independiente”. Sireh cambió completamente la percepción que yo tenía de la poligamia musulmana.

Esther.

Nacionalidad: Senegalesa – Francesa

Edad: 3 años

Les parecerá extraña la corta edad. Nuestra relación comenzó violentamente y no tengo claro como terminó, creo que a mí me dejó más un desconcierto respecto a la educación infantil y el poder tiránico de los niños sobre los padres, más que un recuerdo tierno. Esther era la más pequeña de la casa, vivía con su hermana Vanessa de 9 años de edad y su madre quien era la fiel trabajadora de Cristian desde hace años. Cristian es un francés de unos cincuenta y tantos años que conocimos gracias a que un tío lejano de Anto nos puso en contacto con él. Cristian había tomado el papel de tutor legal económica y emocionalmente debido a situaciones sociales y familiares algo complejas; el problema es que Cristian viaja mucho debido a su trabajo y las niñas, sobre todo Esther presentaban signos alarmantes de una falta de respeto impresionante hacia su madre que al mismo tiempo era la “trabajadora” de la casa y por tanto de ellas como “hijas” de Cristian. Esther me recibió el primer día golpeándome con un pedazo de madera porque no le quise regalar el papel dónde estaba escrito el contacto del taxista que su madre nos había conseguido, por lo tanto, antes que una caricia en la mejilla o un abrazo tierno, le dije con voz fuerte que no me gustaban los golpes y que le pedía por favor que me respetara. Por más adulto que suene, entendió perfectamente y aunque frustrada por no poder seguir atacándome, se retiró a su pupitre de plástico llorando. Los días transcurrieron más o menos de la misma forma con Esther tirando la comida en el piso, Esther gritando cuando algo no se hacía de la manera que ella deseaba o con Esther golpeando a su mamá frente a todos por no obtener lo que había pedido. Esther me enseñó muchas cosas que debo recordar si algún día soy madre, respecto a todo lo demás, no creo estar en posición de juzgar.

Diana.

Nacionalidad: Togolesa

Edad: 30 ish

¡Ah Diana! ¡Cómo olvidarte! Nuestro encuentro con este espécimen único e irrepetible tuvo su inicio en el norte de Togo cuando Anto y yo nos preparábamos para pasar al siguiente país, Benin. Comiendo en un restaurant sobre la calle principal de Kara, Anto identificó en la mesa de un lado a un hombre que aparentaba unos sesenta y pico de años, con una buena cara de francés quien comía acompañado de la que parecía ser su pareja, una chica de unos treinta años, de apariencia local o africana, que respecto a prejuicios es lo mismo. Cabe mencionar que este tipo de combinaciones son extremadamente comunes en las calles de casi todos los países que hemos visitado, y para ese momento del viaje el morbo sobre las relaciones o las conjeturas ya no nos divertían tanto como al principio, por lo que solo observábamos y dejábamos pasar. Después de unos minutos de indecisión Anto se paró de su silla y se dirigió al hombre quien después se presentaría como Remi. Diana se mantuvo seria desde el principio lo cual también es una actitud muy común en las mujeres locales, sobre todo cuando la conversación es dominada por temas de viajes y cosas que “hacen los blancos” como ellos mismos suelen decir con un tono despectivo. Mientras que los hombres intercambiaban consejos, datos, indicaciones, y señalaban puntos en el mapa que Remi amablemente fue a sacar de su carro, yo comencé a tratar de establecer un dialogo amigable con Diana. Al final de la comida el plan estaba hecho, saldríamos al día siguiente en la mañana los 4 juntos en el carro de Remi rumbo a la frontera con Benin y continuaríamos juntos para hacer nuestro primer Safari en el parque de la Pendjari. Obviamente ofrecimos compartir todos los gastos generados y todo anunciaba un bonito trayecto. Aún no sé cómo todo eso degeneró al punto de terminar, 48 horas después, los 4 sentados en mesa redonda, con nuestro guía como mediador, explicando porque la señora Diana quería dejar abandonados en medio de una reserva de animales salvajes a los dos extranjeros (o sea Anto y yo). Lo que logré comprender fue qué a lo largo de esas 48 horas, mi escaso dialogo con Diana logró tocar fibras tan sensibles en su persona que llegó al punto de gritarme “No soy una niña como piensas. Tu tuviste la suerte de encontrar a alguien de tu edad pero eso no te da derecho a asumir que yo estoy con él por interés (…) ¿crees que eres Dios? ¿Acaso creaste al mundo?”  Esa fue la última frase que escuché salir de la delicada boca de Diana.

Pauline.

Nacionalidad: Francesa

Edad: 24 años?

Los museos son lugares ideales para conocer un poco de historia y cultura de los lugares a los que vas, pero también un punto de rencuentro inconsciente pero inminente de otros turistas que buscan lo mismo que tú. Así conocí a Pauline, en realidad así conocí a Anais, Claire, Jacob, Judit y Pauline, quien a diferencia de las primeras dos, durante todo el recorrido se mantuvo presente en cuerpo pero muy muy lejos en espíritu. Siempre pegada a su celular y con una actitud que me generó indignación y un poco de pena. Después del encuentro de varias horas en el museo y más tarde en un bar, Anais y Claire muy amables nos invitaron a pasar unos días en la casa que rentaban en Porto Novo a algunos kilómetros de distancia de dónde nos habíamos conocido. Al llegar a la casa mi percepción respecto a Pauline cambió bastante, sobre todo después de haber caído por un pretexto de fotos y discos duros en su cuarto, me abrió su corazón que no esperaba mucho para dejar salir todo lo que lo hacía sufrir desde hacía unos días. Se encontraba en una especie de servicio social que ella había elegido pero que unos días antes de tomar el avión se dio cuenta que no era lo que deseaba, dejó a su novio-prometido de toda la vida en Francia y era principalmente eso lo que la hacía mantenerse conectada a PER-MA-NEN-CIA en su teléfono. El entorno social, un tanto precario del país al que llegó, los largos caminos en transporte público para llegar al lugar dónde daba clases a los niños y la idea sofocante de que aún le restaban 2 meses en esa situación la hacían hablar entrecortado y mientras me contaba todo eso, evadía un poco mi mirada como si eso evitara que yo pudiera ver la capa cristalina y brillante que cubría sus ojos tristes. Traté de ofrecerle lo que tenía, mis historias las más parecidas a las suyas, los momentos en los que yo también dudaba de estar dónde debía de estar, la traté de reconfortar diciéndole que el amor de toda una vida se mantendría inmutable durante los cortos meses que la separaban de su amado y que incluso podían llegar a generar un efecto magnificador y positivo. No sé qué tanto tiempo resonó el eco de mis palabras en su mente ya que pocos días después Anto y yo nos fuimos de ahí para continuar la ruta y no he vuelto a hablar con ella. Ahora mismo pienso que sería un buen momento para averiguarlo.

« M. »

Nacionalidad: camerunesa

Edad: treinta y tantos

En realidad, por más que intento no recuerdo su nombre, pero su cara y sus palabras las tengo muy presentes. Tal vez sea mejor comenzar por contarte como conocí a su esposo. Una noche tomando unas cervezas con nuestro amable anfitrión en la ciudad de Buea, concimos al susodicho: traje gris, camisa morada, una chica muy guapa sentado a su lado derecho de la mesa a quien no tuve la suerte de conocerle la voz ya que en las horas que pasamos discutiendo y tomando, jamás opinó. Este hombre es una de las personas más arrogantes que me ha tocado cruzar en este viaje, lleno de orgullo mal fundado, negación ante la situación social, económica y sanitaria de su país, claramente manchado y beneficiado por la corrupción del mismo, ignorante y con mucha seguridad al hablar. La noche terminó con Anto asegurándole que le ganaría fácilmente si llevaban a cabo una competición de “comer picante” y el hombre indignado por escuchar a un güero ojo verde atreverse a decirle eso, propuso una cita la noche siguiente para cenar en su casa. Entre bromas e intentos de evasivas nos retiramos del lugar agradeciendo por la velada y deseando que su proposición hubiera sido únicamente producto de su alcoholemia. Desafortunada y afortunadamente no fue así. Llegamos a la casa y nos recibió M, sonriente, algo tímida pero claramente complacida de que estuviéramos ahí. Probamos los platillos que nos ofrecieron y al poco tiempo nos encontramos como en un grupo de primaria dónde los niños forman círculo cerrado con los niños y las niñas hacen lo mismo. Nuestro grupo estaba formado por M, Judith una amiga suya y esposa de un colega de trabajo del señor de la casa y yo merita. La conversación comenzó por su interés y emoción respecto a él ¿Por qué? de nuestro viaje, fue pasando por citas de telenovelas mexicanas, elogios a mi pelo y finalmente fue entrando a temas un poco más sensibles como la vida de madre, de esposa, la fidelidad y sobre todo, la infidelidad masculina. Pocos minutos después M nos decía con los ojos medio lloroso que esa mañana había recibido un mensaje en su celular de la amante de su marido. Apenas ahí me pude imaginar la fuerza de la mujer para preparar una cena, recibir con una sonrisa y al mismo tiempo lidiar con las ganas de estallar en llanto y salir huyendo. Judith, guapa, joven, maestra al igual que M y madre de dos hijos, consolaba a su amiga diciéndole que tenía todo su apoyo y reprobando rotundamente la conducta del hombre. Después de esto agregó “Cometió un gran error, nosotras sabemos que todos tienen sus aventuras, yo también he descubierto mensajes así en su celular pero él siempre lo ha negado y ella nunca ha tratado de contactarme; no nos gusta pero así es, el problema aquí es que ella no está respetando las reglas. Cuando esas aventuras cruzan la puerta de tu hogar o se atreven a contactarte como ella a ti, quiere decir que ÉL no está sabiendo manejar correctamente la situación”. Después de ese giro en la discusión, hubiera preferido a volver a hablar de telenovelas y productos para el cabello. No tuve mucho más que decir.

Mi mochila, mi casa.

Hice mi primer viaje transoceánico y específicamente transatlántico cuando tenía 13 años. Mi estancia duraría un mes. Mis padres no vendrían conmigo, mi tía me invitó a pasar el verano con ella, sus 3 hijos y su familia en el suroeste de Francia. Recuerdo perfectamente la maleta con ruedas azul marino y roja que mis papás me compraron y recuerdo que iba llena hasta el tope de los objetos que formaban, en aquella época, mi vida puberal. Recuerdo que llevé una botella de plástico con 1.5 litros de champú transparente que olía bastante bien. Recuerdo que esa enorme botella se me calló en el baño de mi nuevo hogar temporal apenas pocos días después de haber llegado y recuerdo que sufrí amargamente por darme cuenta lo inútil que había sido importarla a 10,000 km de distancia.

15 años después de eso, sigo aprendiendo de mi misma a través de mi equipaje. Esta última vez decidí hacer la maleta más pequeña de mi vida viajera y aun con todo esto en mente creo que fallé en muchas cosas. Por eso decidí elegir este tema que, aunque distinto a los previos, lleva también su carga emocional ya que cada día veo a mi mochila de una forma más humana y personal. Al fin y al cabo, es el armario dónde guardo mi ropa, la cajuela dónde cargo mis compras, una parte de mi baño, mi alacena con comida, mi caja fuerte, el canasto de ropa sucia, mis cajones con ropa limpia, mi estudio con libros, mi cama, mi salón de clases de yoga; es dónde guardo celosamente todo lo que decido que me acompañará día tras día en este viaje y creo que todas esas funciones merecen cierto respeto y cariño.

Los siguientes son recuentos de mi vida nómada y algunos consejos para ti que tal vez deseas viajar algún día de estos ya sea a 10 o a 10,000 km de lo que llamas hogar.

5 cositas para comenzar.

  1. Si vas a viajar, lo primero que seguramente aparece en tu cabeza es esa foto de postal en la que piensas cuando imaginas tu destino. Sal por un momento de esa imagen perfecta y tal vez así logres tener el corazón y la cabeza un poco más fríos para pensar en las cosas que necesitarás llevar. Piensa que por más blanca que sea la arena, por más transparente que sea el agua o por más blanca que sea la nieve, tu seguirás siendo el mismo y seguirás teniendo las mismas necesidades que tienes día a día en tu rutina de vida.
  1. Ya sabemos a dónde vas, ahora ¿cuánto tiempo piensas estar en ese lugar? Aunque sinceramente te puedo confesar que no creo que haya mucha diferencia entre una maleta para 7 o 367 días. La ropa que más te gusta o la que más cómod@ te hace sentir es la que seguirás usando durante tu viaje y es imposible que quieras cargar con una combinación para cada día de tu estancia sobre todo cuando esta se alarga por más de 2 semanas, así que el secreto está en combinar.
  1. ¿Qué tipo de viajero eres? Anto y yo, por ejemplo, somos del tipo salvaje, económico y paciente. Una prueba ejemplificada: hace unos días tomamos el ferry nocturno que nos llevó de Stonetown en Zanzibar a Dar es Salaam en la costa este de Tanzania; pagamos 40 dólares por el trayecto y por 30 dólares más podíamos haber tomado el ferry que salía ese mismo día 9 horas más temprano (salir a las 12pm en lugar de vagar 9 horas en la ciudad esperando la salida a las 9pm) y hubiéramos podido recorrer el mismo trayecto en 2 horas en lugar de 9 horas. En cambio, decidimos ahorrarnos 30 dólares y otros 20 de la noche de hotel, esperar 9 horas caminando en Stonetown, salir a las 9pm, dormir más o menos incómodamente en la cubierta del ferry y llegar al día siguiente a las 6am. Alguien me diría  “…ni que fueras taaan pobre..” pero el problema no es tanto la cantidad de dinero, es más como un reto personal en el que tratamos de descubrir que tanto dinero podemos ahorrar compensándolo con nuestra paciencia y el sacrificio de la comodidad. Nosotros decidimos vivir así porque nuestro viaje tiene una duración más o menos indeterminada y menos gastos significa un día más de viaje en algún otro lugar del mundo, lo cual nos emociona. Yo te recomendaría ser totalmente sincero contigo mism@ y simplemente pregúntate que tanto estás dispuesto a sacrificar y que tanto estas dispuesto a pagar para viajar como tú lo deseas y una vez habiendo decidido, disfrútalo al máximo, ya sean 7 días de lujo extremo o 300 de presupuesto recortados.
  1. Toma un papel y una pluma y haz una lista con todo lo que crees necesitar. Piénsalo de nuevo. Borra las cosas que te hacen dudar más de 2 segundos.

¿De verdad lo necesitas o es tu vida diaria la que te hace pensarlo?, ¿Crees correr el riesgo de morir si no lo llevas o solo tendrías que adaptarte al momento? Yo pienso que la mayoría de las veces, no eres tú quien hace tu maleta, sino el Miedo que vive permanentemente en tu mente y mi mente. “Me llevo el spray de pimienta por miedo a ser atacada en las calles, me llevo 3 botellas de protector por miedo a quemarme y miedo a que en aquella ciudad no encuentre uno de la misma calidad, chamarra por miedo a tener frío, shorts por miedo a tener demasiado calor, mi botiquín por miedo a enfermarme, miles de aplicaciones en el celular por miedo a no entender, o que no me entiendan, miedo a tener hambre, miedo a no saber. Solo tú conoces tus miedos más profundos y créeme que ni viajando a 10,000 km de tu hogar lograrás deshacerte de ellos. No importa, llévalos a pasear contigo, tal vez pronto se den cuenta que no tienen razón de ser, se dejen morir de tristeza y tú tengas un peso menos que cargar en ese viaje.

  1. Cuándo esos miedos te ataquen violentamente, piensa un momentito ¿y cómo hace la gente que vive allá? Existen artículos tan básicos en la vida diaria que todo el mundo hemos aprendido a necesitarlos, por lo tanto, podrás encontrarlos en ese lugar al que vas. Tal vez el precio o la calidad no sean exactamente los mismos, pero depende de ti determinar que aprecias más, el costo, la calidad del artículo o el espacio en tu maleta. Si quieres darte una idea más específica u objetiva siempre tienes a google, wikipedia, triposo o alguno de los tantos foros o blogs de viajeros que seguro ya pasaron por lo que tú estás pasando.

¿Qué hay dentro de mi casa?

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  • 12.5 kg según el último pesaje en el aeropuerto de Douala en Camerún.

ROPA. Tema escabroso, sobre todo para las mujeres creo. Claro que llegué a pensar “¡Que triste será salir siempre con la misma ropa en las fotos de un año de viaje!”, pero bueno, después de varios ensayos de hacer la maleta me dije que había cosas peores en la vida de una persona. Al final decidí echar:

  • 2 pantalones de caminata, ligeros, fáciles de lavar, colores combinables. 1 pantalón de mezclilla, un short de mezclilla, un vestido ligero y largo, estas últimas 3 prendas las regalé a mujeres que me fui encontrando en el camino. Así que un consejo sería: lleva cosas que te gusten lo suficiente para que te sientas bien usándolas, pero que aprecies lo suficientemente poco como para deshacerte de ellas en cuanto sientas que son innecesarias o en su defecto, que no sufras demasiado en caso de que las pierdas involuntariamente.
  • Aproximadamente 10 camisetas-blusas la mitad tipo deportivas, la otra mitad un poco más “bonitas” por si hay días que te quieres sentir un tanto “nena”. También he regalado varias y comprado algunas otras tratando de que el espacio que ocupan se mantenga constante. Por respeto a la ley de la impenetrabilidad.
  • Un par de tenis o zapatos de caminata, un par de chanclas o zapatos cómodos abiertos. Por alguna razón yo metí un par extra de tenis muy ligeros “por si acaso” los cuales he usado una vez en 4 meses por lo que me arrepiento, pero no me he atrevido a regalarlos por el valor sentimental que tienen para mí. Dos errores en un mismo objeto “por si acaso” y “valor sentimental”.
  • Ropa interior, yo diría entre máximo 7 calzones de tela muy ligera y fácil de lavar y secar; 2-3 pares de calcetines, un traje de baño y lo que sea que uses para mantener quietas y cómodas a tus glándulas mamarias (si eres hombre, no sé si necesites algo más).
  • Depende del clima al que te dirijas, pero al menos una chamarra ligera que proteja de viento, lluvia y frío, es una muy buena idea.
  • Si viajas a algún país “subdesarrollado” es muy probable que te encuentres como nosotros con un mercado de ropa usada en casi cualquier ciudad por la que pases, así que no te preocupes si olvidas algo vital. Hace una hora compré una buena protección contra el frío, materia fácil de lavar, en muy buenas condiciones por 3 dólares.
  • P1090276.JPGSi eres súper sensible al frío como yo, un kit de protección nocturna es una buena idea, una sábana doblada y cocida por los extremos te da una buena protección y sobre  todo evitará que tu piel toque algunos colchones que dan ganas de llorar y vomitar en lugar de ganas de dormir. Una noche decidí usar mi tapete de yoga sobre el colchón, meterme en mi sábana y rociar mi alrededor con protector de mosquitos con olor a citronela, fue la única forma en la que logré dormir y dejar de pensar en toda la humanidad que había pasado por ese lugar antes que yo. Si tomarás vuelos largos para llegar a tu destino te recomiendo que hagas como yo y aceptes el regalo de la aerolínea, cojincito y cobijita. Gracias Aeroflot.Si tienes algo para cubrir tus ojos te podrías ganar unas cuantas horas de sueño en lugares incómodos como la cubierta de un ferry con luces mercuriales encendidas toda la noche.

¡GADGETS!

Soy fan de los gadgets y sobre todo los que tiene una mínima, pero existente posibilidad de ser utilizados en alguna situación muy específica, en pocas palabras cargo con cosas que casi nunca uso pero que podrían solucionarme muchos problemas potenciales. También traigo cosas que si nos son útiles todos los días, por ejemplo:

  • Primero que nada, un adaptador eléctrico según la región a la que vas.
  • Un toma corriente múltiple es una buena idea si tienes muchas cosas que cargar simultáneamente. Cámara fotográfica, teléfono o GPS, computadora, batería externa, Kindle, resistencia eléctrica para cocinar.
  • P1090280.JPGMultihub USB puede ser útil ya que muchos de los artefactos actuales se cargan de esta forma, así que tu computadora puede ser la fuente de energía para varios elementos.
  • La funda morada que aparece en la foto es una batería externa para mi celular, lo cual significa que, si en medio del día me quedo sin batería y no tengo opción de conectarla, mi funda vuelve a cargar mi celular dónde sea que este. Muy útil. Me ha salvado de varias perdidas en la ciudad.
  • El rectángulo azul es una batería extra con la que puedo revivir cualquier aparato electrónico que tenga una conexión USB como entrada, también muy útil.
  • Nunca me había atrevido a tener un dispositivo de lectura digital y puedo decir que estoy contenta de haber comprado este Kindle, práctico sobre todo respecto al espacio que requeriría cargar con 10 o 20 libros. Yo uso la aplicación de Calibre e-book management que te permite cambiar cualquier formato de publicación a .AZW3 (para amazon) o .MOBI (también aceptado por los dispositivos Kindle).
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  • Decirte que traigas una cámara fotográfica está de más. Ya sea que las prefieras pequeñitas, compactas , simples, potentes, con objetivos enormes, que vayan bajo el agua o simplemente tu celular, no cambiará mucho la historia. Igual la imagen se quedará en lo más profundo de tu memoria interna.
  • Una computadora ligera, con una buena batería, buena memoria o en su defecto como la mía, un buen disco externo.
  • Par de audífonos para esas noches largas de camiones, barcos, aviones o noches de insomnio.
  • No olvides tus lentes de vista en caso de usar.
  • Una memoria USB por si tienes cosas que compartir con gente en el camino.
  • Una memoria extra para tu equipo fotográfico en caso de pérdida o falta de espacio.
  • Entre una lámpara frontal y una lámpara de mano, te aconsejo la frontal. Al momento de ir al baño, lavar tu ropa en la oscuridad, leer por las noches o durante los cortes de corriente mientras buscas algo en tu cuarto de hotel, agradeces el tenerla.
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  • Otros pequeños detalles muy útiles como ese artefacto verde que se observa en la foto, se recarga con luz solar y emite un ligero sonido que aparentemente repele mosquitos y otros insectos hasta 5 metros a la redonda (no sé, pero me gusta creerlo), un pequeño recipiente de cola-loca puede salvarte unos lentes rotos, una cuerda puede permitirte colgar tu mosquitera en cualquier patio o azotea cuando dentro del cuarto estás a 35 grados y 85% de humedad, aguja, seguros  e hilo pueden ahorrarte dinero, permitirte seguir usando una prenda o salvarte un momento del día. El encendedor sinceramente no me ha servido de nada.

SALUD.

Hasta hoy, incluso en los rincones más pintorescos y menos modernizados me he encontrado con farmacias en cualquier esquina con precios más o menos equivalentes a los de las “grandes urbes”. Mi miedo a no traer lo suficiente me hizo cometer otro error y llenar de más mi botiquín, pero no es un error tan grave ya que lo he ido desocupando cuando encuentro gente que le puede dar un uso correcto. Así que te recomiendo lo básico:

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  • paracetamol 500mg (fiebre).
  • ibuprofeno 200, 400 u 800mg (dolores, inflamaciones).
  • Antihistamínicos de la preferencia de tu médico.
  • El antibiótico se los dejo al criterio de toda la comunidad médica que te redea (tus amigas, tías, abuelas, mamá), yo traigo conmigo dos tipos de antibióticos y un amebicida por el tipo de lugares en dónde viajamos.
  • Medicamentos específicos que requieras según tu condición personal de salud o la región del mundo a la que vas. Por ejemplo, nosotros traemos desde el primer día la profilaxis antibiótica para la malaria, así como el tratamiento curativo en caso de que la profilaxis haya fallado en su afán.
  • Si vas hasta el extremo de la precaución, las recetas de tu médico con la prescripción de los medicamentos que llevas, por si acaso en algún aeropuerto o revisión quieren encontrar un pretexto para causarte problemas.
  • Pastillas para hacer potable casi cualquier agua (tricloseno sódico). Muy útil si viajas por largos periodos, ya que el agua embotellada puede ser un gasto considerable al final de algunos meses de viaje.
  • Un termómetro.
  • Unas tijeras.
  • Unas cuantas gasas de preferencia estériles.
  • Una venda elástica.
  • Cinta adhesiva.
  • Una botella pequeña de yodo o alguno de sus derivados, muy práctico para lavado de heridas, desinfección del agua con la que puedes lavar verduras, frutas, o incluso hacer gárgaras en caso de inflamación faríngea (garganta) o inicio de infecciones de encías o dientes.
  • Un kit anti veneno. Tal vez un poco “de más” pero imagino que, en el momento de ser picado por algún animal, no te arrepientes de haberlo cargado 6 meses.
  • Yo cargo con algunos dientes de ajo, un muy potente antinflamatorio, desinfectante, antiparasitario, antiviral, antibiótico. Bueno para limpiar heridas, tomar en infusión o incluso tragarlo como pastilla dependiendo del problema.

 

TU PROFESIÓN Y TU VIAJE.

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Yo me traje un pedacito de mi trabajo al viaje, más por precaución que por apasionada. Traje mi estetoscopio, mi esfigmomanómetro y un mini estuche de diagnóstico que mi papá me regalo. Con esto no solo logro tener un pequeño consultorio en mi mochila sino también representa una oportunidad de trueque. Uno nunca sabe cuándo el tomarle la tensión arterial o dar una consulta médica a alguien, pueda sacarnos de algún problema o  permitirnos ser mejor recibidos en algunos lugares. Estoy segura que casi todas las profesiones se pueden llegar a adaptar a una rutina de viaje, todo depende de tu flexibilidad mental y la flexibilidad social de tu profesión.

ARTÍCULOS PERSONALES.

  • El jabón de cuerpo, lo compras en cualquier esquina y además en cada hostal u hotel te darán uno así que no te preocupes por traer demasiado.
  • Te recomiendo ampliamente una toalla de microfibra, absorbe bien y seca muy rápido.
  • P1090263.JPGUna pequeña barra de jabón de ropa o jabón en polvo y una bolsa de plástico para separar la ropa sucia de la limpia, es buena idea. Lavar todas las noches la ropa del día o al menos la ropa interior te evitará cargar con ropa de más, claro que dependerá del clima y que tanto tiempo pretendas quedarte en ese lugar.P1090254.JPG

    Tratamos de lavar en cuanto sabemos que nos quedaremos dos o más días en un mismo lugar o cuando el clima anuncia un poco de sol.

  • Mujeres, la copa menstrual es muy práctica, te ahorra gastos mensuales y te ayuda a disminuir un poquito la contaminación por toallas sanitarias y tampones en nuestro planeta :). Muy recomendada.
  • Escucha a tu mamá. Yo escuché a la mía y acepté una bolsa negra, simple, que se cruza y que tiene mil recovecos dentro. Mucho más práctica que una mochila ya que para sacar dinero, cámara, protector solar o agua cada 5 minutos es mejor tenerla frente a ti que en la espalda.
  • Si tu vista depende de lentes con aumento te recomiendo considerar llevar un repuesto. Otra vez, esto depende del tiempo que pienses vivir viajando, pero lo cierto es que un accidente puede suceder desde el primer minuto hasta 6 meses después de haber dejado tu casa, así que en mi filosofía es mejor prevenir que sufrir un dolor de cabeza de duración indeterminada.
  • Si tienes alguna actividad que te de paz, que te haga feliz, que te haga reír, que te haga sentir más tont@, menos tensa, más san@, si tienes algo así en tu vida, no lo dejes en tu casa. Por más ilógico que parezca, intenta llevarlo contigo. Yo traje un tapete de yoga, más ligero que el mío pero que en términos emocionales tiene el mismo efecto. Me hace bien y me ha salvado en varias noches que nos toca dormir en el piso. Totalmente recomendado.
  • Carga con un cuadernito donde escribas lo que te pase por la mente y corras el peligro de olvidar.  Puede ser útil leerlo al día siguiente o divertido si lo haces meses o años después.

 

COCINA.

Creo que la cocina es una de los lugares que más extraño de nuestra última casa. La posibilidad de preparar algo que comer, de decidir que me llevo a la boca. Anto me dijo ayer que iba a escribir un libro que se llamará “Los 4 estados de Astrid” los cuales aparentemente predominan y controlan mi persona, uno de ellos es el comer. Amo comer. Pero amo comer bien. Me deprime haber comido algo que no disfruté o algo que sé que es nocivo para mi salud. Es un don y una maldición. Cada plato es un ritual sagrado para mí. Para Anto no tanto, lo cual hace nuestras comidas toda una aventura a veces mágica a veces violenta. Tal vez simplemente esto te parezca demasiado y disfrutes ir 3 veces al día a un restaurante (y tienes el presupuesto para hacerlo) pero nosotros disfrutamos los momentos, que se han vuelto nuestra rutina personal, el hacer un sándwich de atún y tener un té por las noches mientras vemos una película en nuestro cuarto de hotel, se siente casi como estar otra vez en nuestro hogar.

En fin, si compartes algo de esto tal vez te hará tan feliz como a mí cargar esto en tu mochila:

  • Una mágica resistencia eléctrica (no se nada de voltajes y tipos de corrientes, así que revisa antes si podrás conectarla en el lugar al que vas)que te permite calentar agua para hacer un té por las tardes, un café por las mañanas o poner agua a hervir para cocer un huevo cuando en las calles lo único que encuentras son panes fritos, cerveza y galletas. Es una de las cosas que más valoro de mi actual alacena.
  • Un buen cuchillo, yo cargo con un buen Laguiole que me regaló mi querido Jean Pierre.
  • Un par de cubiertos que hacen las veces de cuchara, tenedor y cuchillo pueden ser muy útiles.
  • Al menos un recipiente metálico dónde puedas poner el agua a calentar y posteriormente preparar tu bebida o echar ese famoso huevo.

 

¿Sigues en tu casa o ya te fuiste a viajar? Tal vez ni siquiera piensas viajar, tal vez algunos de mis intentos de consejo también se apliquen a tu vida diaria. ¿Si vas a viajar? Entonces donde sea que estés o a dónde sea que vayas, solamente disfrútalo. Sé tú mismo por favor. No cambies nada, no dejes que te juzguen si no eres “el tipo de persona que viaja así”; viajar no es necesariamente cambiar, viajar es permitirte ver otros entornos con los mismos ojos con los que naciste y con los que morirás. Tal vez te pasará como a mí, tal vez algunos días del viaje te sientas mal por no estar “a la altura”. He llegado a sentirme culpable por no amar las cucarachas, la humedad intensa, los olores a sudor agrio en el transporte público, las texturas extrañas en la comida, mal por extrañar mi cama, por tener días en los que deseo regresar; pero he llegado a la conclusión de que para disfrutar realmente este capítulo de mi vida debo hacer simplemente lo mismo que he hecho con el resto de ella: respetar mis sentimientos por más vergonzosos que a veces me parezcan, respetar mis impulsos porque alguna razón de ser tendrán y amarme tal cual.
Hasta hoy no cargo con cosa más útil en mi mochila.


Y dime lector, ¿Te sirvió de algo todo esto o prefieres cuando me pongo romántica y hablo de todo y de nada vagando en lo subjetivo? Espero tu respuesta.

 

¡BUEN VIAJE!