De viajes y otras cosas de mujeres.

“Si supieras que terror me dio la primera vez que vi todas esas páginas en blanco, cuando me di cuenta que si no encontraba mis recuerdos tendría que inventarlos”

Esa es Carlota escribiéndole a su ya ausente Max, que habla a través de Fernando del Paso.
Me da la impresión que la vida de las mujeres es, por naturaleza, apasionante y dramática. Yo por ejemplo encuentro cada día un pequeño detalle que me hace ver mi existencia como si se tratara del centro del universo y me seguido me observo desde afuera como si mis días fueran las escenas de una película artística de corte muy alternativo. Afortunadamente rápidamente me doy cuenta que soy insignificante respecto al tamaño de este universo que habito, y me vuelve la cordura, cosa que por cierto Carlota nunca pudo recuperar.

Decidí dedicar éste blog a las mujeres, a mis mujeres. A todas. ¡Atención! Si eres hombre, no te vayas de mi blog, por favor. Te prometo que no trataré temas sexistas, anti machistas o menstruales; tampoco trataré de mitificar la imagen femenina como guerrera y dadora de vida, que, aunque lo puede llegar a ser, suele ser delicado y bastante subjetivo. De hecho, tu rol masculino formará parte fundamental de los comportamientos y experiencias que aquí pienso compartir ya que muchas de las historias tienen como tema central la relación que ellas mantienen con ellos.
Me siento orgullosa de escribir esto un 16 de junio y no un 8 de marzo porque de haber sido así, correría el riesgo de ser tomada por una feminista comercial; tal cómo esos que se declaran su amor el 14 de febrero (sin ofender, pero hay que aceptar que pierde autenticidad). Esta intención de rendir tributo a las figuras femeninas en mi vida se ha venido acentuando durante estos últimos meses en los que he podido conocer todo tipo de personajes, todo tipo de vidas, de vestimentas, de pieles, de cabelleras, todo tipo de esposas, de co-esposas (término utilizado en la religión musulmana para designar a la segunda, tercera o cuarta esposa), de hermanas, de hijas, de amigas. Sobre todo, amigas, porque aún con esta distancia colosal sigo teniendo la suerte de contar con, pocas, pero fuertísimas amistades y son sobre todo esas pocas mujeres las que sin saberlo me motivaron a teclear el día de hoy.

Para mí al principio fue muy difícil diferenciar entre las mujeres que quería que fueran mis amigas y entre las que estaban hechas para serlo. Pienso que la amistad sincera y profunda, es como una batalla campal, como el ritual de apareamiento entre dos animales; nada distinto a como veo las relaciones de pareja. Los primeros momentos, de antemano hay una comunicación silenciosa e imperceptible al ojo maquillado y envuelto entre restos de Miss Dior e Yves Saint Laurent, las feromonas se encargan desde muy antes que nuestras psiques de determinar si la compatibilidad femenina existe o simplemente seremos hipócritas por un rato para después dar gracias a dios por haber salido de ese espacio antes compartido. Una vez los cuerpos, las hormonas, receptores, vías aferentes, eferentes y demás duendes han hecho lo suyo, se lleva a cabo un análisis completamente consciente que se disimula entre frases y preguntas socialmente aceptadas:

  • ¿Y desde cuándo vives aquí? [ lo cual esconde un: ¿Qué tan estable es?, ¿Qué tan vulnerable se encuentra en este territorio?, ¿Representa un peligro o una aliada?, ¿Tiene un nido fijo?]
  • ¡Qué bonito pelo tienes! [puede significar igualmente “que bonito pelo tienes” cómo puede ser la expresión de “¡Pinche vieja, como quisiera tener tu pelo aunque te quedaras pelona”]
  • ¿Y a qué te dedicas? [tema delicado, a partir de la respuesta dada por la otra hembra, toda una serie de prejuicios y asunciones se desencadenarán a la velocidad de la luz dejando un terreno fértil ya sea para la admiración, el respeto o para la reprobación, los celos o la sensación de superioridad primitivamente animal]

Estas primeras horas, días o momentos de interacción con esa otra hembra en cuestión determinarán en gran parte el desenvolvimiento de ambas al encontrarse en el siguiente entorno, dependerá también de si este nuevo contexto le es familiar o no a una u a otra; del poder que cada una de ellas ejerza en ese territorio dado; la presencia o ausencia de machos en torno a ellas, etc.

Con el tiempo, si es que ambas deciden que es conveniente para su bienestar personal, seguirán alimentando esta relación animal e instintiva hasta que esta lucha inicial logre mutar y dar fruto a ese lazo vital y completamente necesario para la vida misma de las hembras en cuestión; por el contrario, la relación podrá degradarse paulatinamente hasta el punto en que ambas se den cuenta que el producto emocional de esa relación se vuelve más tóxico que placentero.

Le contaba a mi hermano el otro día, como repetidamente he comenzado mis relaciones amistosas femeninas de una forma un tanto de “cortejo” hasta lograr definir mis emociones. Porque hay mujeres que desde la primera vez que las he escuchado, observado, olido, sentido, me han causado un impacto importantísimo en mi vida, en mis ideas, mis percepciones, mis sueños. Recuerdo cuando la conocí; era seria, reservada, madura, fuerte, con una cabellera hermosa, nunca peinada pero siempre con una bonita caída de su pelo oscuro y ondulado, a veces un tanto fría, siempre impecablemente correcta, tanto que las palabras vulgares tomaban un sentido poético cuando me tocaba escuchar alguna salir de su boca. Desde el principio supe que quería tener una amiga así, pero me sentía como el niño ignorado de la clase que sueña con conquistar a la protagonista.  No era una relación lésbica lo que yo buscaba, pero aquí es donde les comparto que para mí el encuentro con mis mejores amigas, ha tenido (repito, para MÍ) casi siempre un inicio bastante romántico. Me tomó años llegar a tener la relación de amistad tan hermosa, tan sincera y tan libre que tengo hoy con ella y me siento feliz. Así como con ella, podría describir lo que recuerdo de los encuentros con cada una de mis, no muchas gracias a dios, amigas de corazón, pero el punto no es ese. El punto es que desde hace un tiempo me he detenido un poco más a valorar la calidad y las cualidades de las mujeres que influencian mi vida y también de las que la pintan a brochazos con apariciones a veces esporádicas, o explosivas y únicas, a veces paulatinas y duraderas, o incluso violentas y desagradables.

Hablarles de mis amigas de corazón sería peligroso (porque la mayoría leen este blog), delicado, quizás incómodo para ellas o tal vez aburrido para ti, por eso decidí transmitirte una parte de este caminar por distintos países, culturas e idiomas a través de mi visión femenina sobre el sexo femenino. Te presento a estos personajes, presentados aquí en el orden cronológico en el que los he ido conociendo, el cómo las conocí y la impresión que generaron en mí por más extraordinario o irrelevante que haya sido nuestro coincidir.

 Magette.

Nacionalidad: senegalesa

Edad: 25 ish

Magette forma parte de esta lista porque fue la primera mujer africana con la que tuve una conversación sincera y no únicamente una relación comercial a pesar de que ella era la hija del dueño del hotel en el que nos alojamos en Lac Rose, en Senegal. Era tímida y sonriente y era la encargada de prepararnos la cena todas las noches. Fue ella la que me propuso llenarme el pelo de trencitas la primera vez, obteniendo un resultado que me daba un aire más infantil que de mujer africana. De inicio no quería aceptar dinero a cambio del tiempo que paso escudriñando mi cabeza, cosa rarísima en Senegal dónde todo cuesta y si no eres de la familia o no hablas wolof (idioma casi oficial en todo el país además del francés) no solo cuesta, si no cuesta 4 veces más. Al final termino aceptando mi regalo y aprovechamos para hacer un intercambio de ropa en la que ella me regaló uno de sus trajes típicos; un vestido amarillo brillante con un pedazo de la misma tela que se coloca alrededor de la cabeza. Magette es una de las pocas (no la única) cosas positivas que me llevé de Senegal. El país más agresivo turísticamente hablando, y uno de los menos agradables a la vista desde los paisajes hasta la suciedad de sus calles.

Sireh.

Nacionalidad: senegalesa

 Edad: 40

Llegamos a su casa invitados a comer y a quedarnos una noche después de haber conocido a su esposo, Jean Luc en las calles de Ziuinchor en el sur de Senegal. Sireh salió de la cocina a recibirnos con una blusa azul rey sin mangas, pegada a su cuerpo musculoso y con un pedazo de paño africano que caía desde su cintura hasta la mitad de sus piernas, con algunas pulseras doradas que hacían juego con sus aretes del mismo color y contrastaban hermosamente con su piel negra, con un peinado hermoso, su pelo corto estaba adherido a su cráneo por una especie de goma permanente que dibujaba ondulaciones perfectamente ensambladas la una con la otra. En la cocina, entre recetas y explicaciones sobre nombres de alimentos que yo no conocía dejaba escapar un pequeño gesto y una semi sonrisa que decía más de lo que creía deber; poco tiempo después me contó que estaba ahogada, que el amor a veces se convierte en algo muy distinto sobre todo cuando tu rol principal es ser madre y responsable de 4 paredes y una cocina, ansiaba libertad a pesar de vivir como una reina en comparación de la gran mayoría de las mujeres en su país. Se había quedado con ganas de estudiar, de ser independiente. “¿Qué se siente que tu esposo tenga varias esposas, y que tu tengas que compartirlo de esa forma? ¿Qué pasa con el amor?!” “El amor comienza igual, solo que con el tiempo el amor se va acomodando a la realidad y se convierte en otra cosa… Así es. Yo le he dicho a Jean Luc que está bien que tenga otra esposa, así ella se encargaría de las labores de la casa y yo tendría más tiempo para hacer un negocio o ser más independiente”. Sireh cambió completamente la percepción que yo tenía de la poligamia musulmana.

Esther.

Nacionalidad: Senegalesa – Francesa

Edad: 3 años

Les parecerá extraña la corta edad. Nuestra relación comenzó violentamente y no tengo claro como terminó, creo que a mí me dejó más un desconcierto respecto a la educación infantil y el poder tiránico de los niños sobre los padres, más que un recuerdo tierno. Esther era la más pequeña de la casa, vivía con su hermana Vanessa de 9 años de edad y su madre quien era la fiel trabajadora de Cristian desde hace años. Cristian es un francés de unos cincuenta y tantos años que conocimos gracias a que un tío lejano de Anto nos puso en contacto con él. Cristian había tomado el papel de tutor legal económica y emocionalmente debido a situaciones sociales y familiares algo complejas; el problema es que Cristian viaja mucho debido a su trabajo y las niñas, sobre todo Esther presentaban signos alarmantes de una falta de respeto impresionante hacia su madre que al mismo tiempo era la “trabajadora” de la casa y por tanto de ellas como “hijas” de Cristian. Esther me recibió el primer día golpeándome con un pedazo de madera porque no le quise regalar el papel dónde estaba escrito el contacto del taxista que su madre nos había conseguido, por lo tanto, antes que una caricia en la mejilla o un abrazo tierno, le dije con voz fuerte que no me gustaban los golpes y que le pedía por favor que me respetara. Por más adulto que suene, entendió perfectamente y aunque frustrada por no poder seguir atacándome, se retiró a su pupitre de plástico llorando. Los días transcurrieron más o menos de la misma forma con Esther tirando la comida en el piso, Esther gritando cuando algo no se hacía de la manera que ella deseaba o con Esther golpeando a su mamá frente a todos por no obtener lo que había pedido. Esther me enseñó muchas cosas que debo recordar si algún día soy madre, respecto a todo lo demás, no creo estar en posición de juzgar.

Diana.

Nacionalidad: Togolesa

Edad: 30 ish

¡Ah Diana! ¡Cómo olvidarte! Nuestro encuentro con este espécimen único e irrepetible tuvo su inicio en el norte de Togo cuando Anto y yo nos preparábamos para pasar al siguiente país, Benin. Comiendo en un restaurant sobre la calle principal de Kara, Anto identificó en la mesa de un lado a un hombre que aparentaba unos sesenta y pico de años, con una buena cara de francés quien comía acompañado de la que parecía ser su pareja, una chica de unos treinta años, de apariencia local o africana, que respecto a prejuicios es lo mismo. Cabe mencionar que este tipo de combinaciones son extremadamente comunes en las calles de casi todos los países que hemos visitado, y para ese momento del viaje el morbo sobre las relaciones o las conjeturas ya no nos divertían tanto como al principio, por lo que solo observábamos y dejábamos pasar. Después de unos minutos de indecisión Anto se paró de su silla y se dirigió al hombre quien después se presentaría como Remi. Diana se mantuvo seria desde el principio lo cual también es una actitud muy común en las mujeres locales, sobre todo cuando la conversación es dominada por temas de viajes y cosas que “hacen los blancos” como ellos mismos suelen decir con un tono despectivo. Mientras que los hombres intercambiaban consejos, datos, indicaciones, y señalaban puntos en el mapa que Remi amablemente fue a sacar de su carro, yo comencé a tratar de establecer un dialogo amigable con Diana. Al final de la comida el plan estaba hecho, saldríamos al día siguiente en la mañana los 4 juntos en el carro de Remi rumbo a la frontera con Benin y continuaríamos juntos para hacer nuestro primer Safari en el parque de la Pendjari. Obviamente ofrecimos compartir todos los gastos generados y todo anunciaba un bonito trayecto. Aún no sé cómo todo eso degeneró al punto de terminar, 48 horas después, los 4 sentados en mesa redonda, con nuestro guía como mediador, explicando porque la señora Diana quería dejar abandonados en medio de una reserva de animales salvajes a los dos extranjeros (o sea Anto y yo). Lo que logré comprender fue qué a lo largo de esas 48 horas, mi escaso dialogo con Diana logró tocar fibras tan sensibles en su persona que llegó al punto de gritarme “No soy una niña como piensas. Tu tuviste la suerte de encontrar a alguien de tu edad pero eso no te da derecho a asumir que yo estoy con él por interés (…) ¿crees que eres Dios? ¿Acaso creaste al mundo?”  Esa fue la última frase que escuché salir de la delicada boca de Diana.

Pauline.

Nacionalidad: Francesa

Edad: 24 años?

Los museos son lugares ideales para conocer un poco de historia y cultura de los lugares a los que vas, pero también un punto de rencuentro inconsciente pero inminente de otros turistas que buscan lo mismo que tú. Así conocí a Pauline, en realidad así conocí a Anais, Claire, Jacob, Judit y Pauline, quien a diferencia de las primeras dos, durante todo el recorrido se mantuvo presente en cuerpo pero muy muy lejos en espíritu. Siempre pegada a su celular y con una actitud que me generó indignación y un poco de pena. Después del encuentro de varias horas en el museo y más tarde en un bar, Anais y Claire muy amables nos invitaron a pasar unos días en la casa que rentaban en Porto Novo a algunos kilómetros de distancia de dónde nos habíamos conocido. Al llegar a la casa mi percepción respecto a Pauline cambió bastante, sobre todo después de haber caído por un pretexto de fotos y discos duros en su cuarto, me abrió su corazón que no esperaba mucho para dejar salir todo lo que lo hacía sufrir desde hacía unos días. Se encontraba en una especie de servicio social que ella había elegido pero que unos días antes de tomar el avión se dio cuenta que no era lo que deseaba, dejó a su novio-prometido de toda la vida en Francia y era principalmente eso lo que la hacía mantenerse conectada a PER-MA-NEN-CIA en su teléfono. El entorno social, un tanto precario del país al que llegó, los largos caminos en transporte público para llegar al lugar dónde daba clases a los niños y la idea sofocante de que aún le restaban 2 meses en esa situación la hacían hablar entrecortado y mientras me contaba todo eso, evadía un poco mi mirada como si eso evitara que yo pudiera ver la capa cristalina y brillante que cubría sus ojos tristes. Traté de ofrecerle lo que tenía, mis historias las más parecidas a las suyas, los momentos en los que yo también dudaba de estar dónde debía de estar, la traté de reconfortar diciéndole que el amor de toda una vida se mantendría inmutable durante los cortos meses que la separaban de su amado y que incluso podían llegar a generar un efecto magnificador y positivo. No sé qué tanto tiempo resonó el eco de mis palabras en su mente ya que pocos días después Anto y yo nos fuimos de ahí para continuar la ruta y no he vuelto a hablar con ella. Ahora mismo pienso que sería un buen momento para averiguarlo.

« M. »

Nacionalidad: camerunesa

Edad: treinta y tantos

En realidad, por más que intento no recuerdo su nombre, pero su cara y sus palabras las tengo muy presentes. Tal vez sea mejor comenzar por contarte como conocí a su esposo. Una noche tomando unas cervezas con nuestro amable anfitrión en la ciudad de Buea, concimos al susodicho: traje gris, camisa morada, una chica muy guapa sentado a su lado derecho de la mesa a quien no tuve la suerte de conocerle la voz ya que en las horas que pasamos discutiendo y tomando, jamás opinó. Este hombre es una de las personas más arrogantes que me ha tocado cruzar en este viaje, lleno de orgullo mal fundado, negación ante la situación social, económica y sanitaria de su país, claramente manchado y beneficiado por la corrupción del mismo, ignorante y con mucha seguridad al hablar. La noche terminó con Anto asegurándole que le ganaría fácilmente si llevaban a cabo una competición de “comer picante” y el hombre indignado por escuchar a un güero ojo verde atreverse a decirle eso, propuso una cita la noche siguiente para cenar en su casa. Entre bromas e intentos de evasivas nos retiramos del lugar agradeciendo por la velada y deseando que su proposición hubiera sido únicamente producto de su alcoholemia. Desafortunada y afortunadamente no fue así. Llegamos a la casa y nos recibió M, sonriente, algo tímida pero claramente complacida de que estuviéramos ahí. Probamos los platillos que nos ofrecieron y al poco tiempo nos encontramos como en un grupo de primaria dónde los niños forman círculo cerrado con los niños y las niñas hacen lo mismo. Nuestro grupo estaba formado por M, Judith una amiga suya y esposa de un colega de trabajo del señor de la casa y yo merita. La conversación comenzó por su interés y emoción respecto a él ¿Por qué? de nuestro viaje, fue pasando por citas de telenovelas mexicanas, elogios a mi pelo y finalmente fue entrando a temas un poco más sensibles como la vida de madre, de esposa, la fidelidad y sobre todo, la infidelidad masculina. Pocos minutos después M nos decía con los ojos medio lloroso que esa mañana había recibido un mensaje en su celular de la amante de su marido. Apenas ahí me pude imaginar la fuerza de la mujer para preparar una cena, recibir con una sonrisa y al mismo tiempo lidiar con las ganas de estallar en llanto y salir huyendo. Judith, guapa, joven, maestra al igual que M y madre de dos hijos, consolaba a su amiga diciéndole que tenía todo su apoyo y reprobando rotundamente la conducta del hombre. Después de esto agregó “Cometió un gran error, nosotras sabemos que todos tienen sus aventuras, yo también he descubierto mensajes así en su celular pero él siempre lo ha negado y ella nunca ha tratado de contactarme; no nos gusta pero así es, el problema aquí es que ella no está respetando las reglas. Cuando esas aventuras cruzan la puerta de tu hogar o se atreven a contactarte como ella a ti, quiere decir que ÉL no está sabiendo manejar correctamente la situación”. Después de ese giro en la discusión, hubiera preferido a volver a hablar de telenovelas y productos para el cabello. No tuve mucho más que decir.

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2 comentarios sobre “De viajes y otras cosas de mujeres.

  1. me gusto, mantuvo entretenida y no pude dejar inconclusa la lectura aunque estaba cansada y durmiendome ya que fue un dia algo ajetreado te amo mi escritora hermosa me adjudico ser tu fan numero 1

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