Primera primavera.

Mi papá me pidió que no dejara de escribir, que por más exámenes que tuviera que preparar no abandonara este espacio que parece disfrutar casi tanto como yo.

No recuerdo cuando fue la última vez que me senté a hacerlo. Creo que fue el día que conocí la boca de Fabio entre abierta pintada en blanco y negro en uno de sus ultrasonidos. Ha corrido algo de tiempo desde entonces.

Julie y Javiera  me prestaron un libro en el que la autora comparte su teoría sobre los primeros 9 meses de vida extra uterina. De forma muy burda dice que 9 meses de vida fuera del vientre es el tiempo que le toma al niñ@ para darse cuenta que la separación entre él y su madre es inevitable e inminente. El final de un segundo embarazo y por lo tanto el tiempo de un segundo nacimiento. Una separación que describe no como triste ni dramática sino simplemente como un gran parteaguas, el gran paso de un segundo periodo de unidad casi total entre dos seres que tienen toda “una vida” de conocerse.  Al parecer el niño gana una apreciación más real de ese mágico binomio que  aunque aún fuertemente unido y único, finalmente se presenta como  independiente aunque aún interdependiente. Es la materialización en ese cerebro inmaduro y en constante expansión de una idea clara (ignoro si consciente, semi consciente o inconsciente): es poseedor de un gran poder. Un poder  que ganó desde el momento en que sus pulmones comenzaron a respirar aire en lugar de líquido, a partir de ese momento en el que su boca dejo de tragar líquido reciclado de forma intuitiva para pasar a descubrir el sabor de una leche hecha  a su medida. El  poder de nacer y hacer y que ahora, justo a los 9 meses parece finalmente volverse tangible y excitante. Exactamente hoy Fabio puede jactarse de haber pasado la mitad de su vida dentro de mí y la otra mitad fuera, nunca más en su historia podrá decir lo mismo. En la mañana antes de llevarlo con Camille y Naya (su niñera y la perra de la casa) le conté que era un día especial. Tenía sueño y tenía la vista fijada en el vacío, no sé si me escuchó o me entendió pero yo cumplí con comunicarle lo festivo de este lunes 23 de abril del 2018.
Ayer, como si fuera un pendiente y un objetivo en su bucket list antes de los 9 meses, logró desplazarse torpemente pero independiente, intrépido y rápido de un extremo al otro de la cama, motivado profundamente por un cúmulo de letras de madera que al ser alcanzadas fueron a dar, como de costumbre a la boca. Después del ejercicio intenso de haber repetido esta hazaña unas 3 o 4 veces, no por decisión propia si no por la imposición de su madre emocionada, aceptó tranquilamente que las luces se apagaran, que su oso que canta y envía destellos luminosos en forma de estrellas se encendiera y que la historia de antes de dormir comenzara. “Leo y Popi. La televisión”. Pequeña historia escrita en francés y leída en español por esta madre que se desvive por pronunciar tantas palabras en mexicano por minuto como le es posible. Cada palabra cuenta. Cada sonido crea una nueva conexión neuronal y deja una huella en su ser; es una batalla intensa, el francés y los franceses nos tienen rodeados. Al final de la historia, directo a su cuna, con su oso en manos y ojos entre abiertos. Ni un llanto. Magia pura.
Es apenas la segunda vez que logramos esto, antier papá, anoche mamá. Como si nos diera a cada uno un regalo de paz y una tregua de entendimiento en la que acepta humildemente que la hora de dormir, es la hora de dormir. Hasta hoy las madrugadas habían sido inciertas, al menos un episodio de llanto a las ¿2am? ¿3am? ¿4am?
9 meses parecen una eternidad cuando alrededor no falta quien te presuma delicadamente que su retoño duerme 12 horas continuas desde que tiene 3 meses. Cada vida es un mundo, y aún cuando mi doctrina es el respeto a la diversidad humana, la envidia se ha hecho presente varias veces a las 3 am y se me antoja parecerme al vecino que duerme bien. Hace una semana decidimos que era suficiente. Mi cansancio crónico y nocturno fue más fuerte que mi instinto de acudir al llamado natural de su llanto hiriente, definitivamente no por hambre si no por lo agradable de mi chichi reconfortante.
La semana avanzó bastante bien, Fabio comenzó por despertarse dos veces en la madrugada y llamarme durante 10 o 15 minutos, después como entendiendo el juego, se quedaba dormido. Al final de la semana se despertó únicamente una vez y los ruidos fueron perdiendo intensidad y duración. 5 minutos de sollozos con función de auto arrullo. Anoche, ni un solo ruido desde las 9pm hasta las 7 am. Como pueden imaginar hoy lunes en la mañana el sentimiento es fresco, nuevo, limpio, claro, ligero, satisfactorio.

Después de una tarde y noche de tantos logros me siento inspirada, me siento segura de lo factible y lo alcanzable que es todo en esta vida. Si Fabio logra gatear, dormir sin llorar y mantener su sueño inmutable durante toda una noche, todo esto un día antes de su segundo nacimiento, entonces yo también puedo lograr todos esos objetivos que de vez en cuando me parecen tan inalcanzables.

IMG_20180423_112952
Ahora entiendo mejor el efecto motivante de ser padres. Va más allá de dar el ejemplo, más allá de lograr para compartir los frutos de esos logros. Va aún más allá de ser “alguien” de quién se sientan orgullosos, es simplemente crecer con ellos, ¡y la velocidad de su recorrido obliga a seguirles el paso con tal energía y empuje que no hay tiempo de dudar!

Tanta satisfacción casi me hace olvidar la desesperanza que sentí durante los largos días de este invierno que parecía no querer terminar jamás.
Tantos días grises, fríos y húmedos. Tan poca luz alimentando el espíritu. Ese espíritu desértico que jamás había conocido estaciones tan marcadas. No tengo yo la culpa de haber nacido en una región del mundo en el que el sol trabaja diario, dónde los juguetes de navidad se estrenan bajo el sol ardiente entre olor a pavo, relleno, tamales y sudores combinados. No es mi culpa que para mí la primavera fuera hasta hace una semana, sinónimo de Benito Juárez y equivalente a una sensación de fin-de-cumpleaños. Es la primera vez en mi vida que me he cuestionado seriamente sobre la posibilidad de ser alérgica a alguno de los miles de pólenes y sustancias naturalmente alergénicas que vuelan por estos aires que ya comienzan a oler también a flores, comida y sudores típicamente franceses.
Es la primera vez en mi vida que abro las cortinas cruzando los dedos para no encontrarme con nubes que me tapen al señor sol. Nunca antes los días soleados que tanto deseamos habían estado seiamente acompañados por la obligación y el deseode ir a regar el huerto. Nunca había respetado tanto una pequeña sábila (Aloe Vera) que compré en … IKEA, (irónico y vergonzoso, lo sé), cuando al plantarla casi le rogué que creciera correctamente para poder venir a cortarle un bracito de vez en cuando. Los únicos germinados que habían atrapado mi atención y mi energía habían sido los frijoles en algodones de la primaria y los que hace algunos meses comencé a hacer crecer en la cocina de mi mamá y comer asiduamente durante el embarazo. Nounca había visto la necesidad de cuidar el crecimiento del reino vegetal. Hace unos días trasplantamos plantas aromáticas y sembramos chile, zanahoria, cilantro, tomate, lechugas, cebollas, ejotes. La sensación predominante es la incertidumbre. No puedo imaginar la presión de depositar una semilla en la tierra y saber que mi futuro nutricional, económico o simplemente la supervivencia de mi familia dependen de su crecimiento.
Mi vida está tomando otro sentido y me gusta.
Tengo sueños concretos para lo que queda de este año y espero que vayan floreciendo poco a poco como las semillas en el jardín.
Es una motivación gigantesca despertar y tener un fondo de pantalla claro y constante que exige movimiento y empuje. Cada minuto de mi día me sucede mirando hacia allá, y entonces pienso en Liz y su “a donde ves, vas” durante la clase de danza y me reconforta y me da seguridad. Mantengo la firma convicción, compartida, alimentada y reforzada por las palabras sabias de un amigo que dice, basta con quererlo, pero quererlo con todo el cuerpo, con todo el tiempo, con todo tu ser, para que la vida te lo dé.
Porque el quererlo te hace provocarlo, porque no es un regalo que se pide desde la comodidad de un sillón, porque es un derecho que se forja con acciones. Y es ahí cuando me siento segura de alcanzarlo, de alguna u otra forma, tarde o temprano.

Por hoy hasta aquí me quedo.
Prometo reportar el avance de mis sueños, nuestro hijo y nuestro huerto.

Anuncios

2 comentarios sobre “Primera primavera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s