Nos comimos el mundo.

 

Conté hasta el día 353.

Casi un año entero. Entre las idas y venidas, entre las pausas y las visitas familiares de los dos lados se cumplieron los 14 meses, de diciembre del 2015 a finales de enero del 2017.

Todo me parece un sueño. 

Estoy en mi cama, en la recámara de siempre, dónde crecí y viví tantos años. Me parece imposible haberme ido.

 Tal vez si lo soñé.

Pero tal vez no lo haya sido porque  a la gente lo sabe y nos pregunta al respecto. Nos han preguntado de todo: que si que país no gustó más, y menos. La mejor y peor comida. La mejor y peor gente. Que si tuvimos miedo. Que sí que fue lo que más extrañamos. Alguien nos pidió incluso que resumiéramos todo ese año en una sola palabra, interesante ejercicio. Nos preguntaron que si que aprendimos. 

Que si ¿para qué nos sirvió?

Y nos sirvió para más de lo que se imaginan y sobre todo para más de lo que nosotros nos imaginábamos.
Siempre supimos que no teníamos un plan fijo y que era un misterio como terminaría escrita esta historia porque cada día era un lienzo en blanco que rayoneabamos a nuestro antojo.
A mí me sirvió para ver a la gente de forma distinta. Para tenerle menos miedo a lo diferente, a lo incomprensible, a lo indescifrable.
Sirvió para ir dicipando ese temor a los diferentes sabores que tiene el mundo, para comenzar a erradicar la aversión que los diferentes olores, aveces desagradables,  puede llegar a provocar; esos sudores de distintos cuerpos, tan penetrados y combinados pero con el solo objetivo de ayudarme y conocerme. Ayuda para juzgar menos a todas esas bocas sin lavar que pronunciaron palabras amables y bondadosas. 

Me ayudó a convertir en mantras esos ronquidos interminables durante las noches en las que el sueño parecía más sagrado que de costumbre. Sirvió para comenzar a dejar de temerle a la piel diferente, a las pieles cargadas de tantos tonos y prejuicios, para dejar eso a un lado. Para comenzar a darle la espalda a la pinche ignorancia que ciega. Para  venerar como se debe las vestimentas que antes veía únicamente bordadas de generalizaciones aprendidas estúpidamente en la tele y el cine.

Sirvió para darle a todas y cada cosa, la oportunidad de inspirarnos, de recordarnos un lugar, un sabor. Sirvió para darnos ganas de entender mejor y de conocer más. Nos dió ganas de tener un hogar dónde sentirnos abrazados por una paz cálida, así como en las casas en las que tantas familias nos recibieron.

Me sirvió para sentir que viajar es solo un tipo de meditación, que sirve para entender que las cosas, los lugares y la gente, seguido son como desearíamos que no fueran. Que las cosas son como son, y están donde deben de estar. Y suceden. Y seguirán sucediendo estés o no estés para verlo, quieras o no quieras aceptarlo. 

No es que la vida de viaje sea fatalista e inmutable, ni que el “destino”, el “karma” o el “universo” así lo hayan decidido para darte una lección. Ni tu ni yo somos tan relevantes en este mapa estelar e infinito. Es solo que la vida ya es, ya fue y seguirá siendo, contigo y conmigo presentes, o incluso aunque ambos desaparezcamos.

Viajar es aceptar lo divino en un compromiso completamente terrenal. Es aceptar la grandeza del todo y la pequeñez de la unidad cuando esta pretende separarse del todo.
Es dejar de intelectualizar frases, dejar de ponerlas de fondo de pantalla, dejar de comprar camisetas que lo digan. Es comenzar a vivir todos esos sentimientos y darse cuenta que en la realidad nacen, duelen, apestan, cansan, se saborean, llegan a su clímax, toman sentido, se desploman y mueren. Y así es perfecto. Es probar el dolor que causa lo que no podemos cambiar y la belleza de esa paz que inunda el cuerpo y el alma cuando esto se acepta y se observa simplemente ser.

Viajar tantos días juntos nos sirvió a fundirnos como pareja, a ser una sola pieza cuando debíamos ser fuertes y a disociarnos pacíficamente cuando cada uno necesitaba un respiro. A amarnos cómo jamás imaginamos, a desear tocarnos como la primera vez, a soldar de por vida la complicidad que mantiene nuestro binomio. Viajar como lo hicimos fue comernos el mundo con las manos, compartiendo el mismo plato y dejando espacio para el postre.

Y ese mundo que nos comimos, parece haber encontrado en mí el ambiente ideal, el calor, el amor y el alimento que le faltaba para continuar floreciendo. Ese mundo que nos comimos, que me comí, lleva exactamente 35 semanas en expansión. Y se mueve tanto como nosotros por los caminos de tierra llenos de irregularidades de Camerún, más que los autobuses de Madagascar y más que los japoneses en los cruces peatonales de Tokio.
Ese mundo que me comí parece haber entendido perfectamente lo que nosotros vivimos: que todo es movimiento y que todo pasa ¡Justo ahora se MUEVE, como diciéndome que está de acuerdo!
Y con su movimiento, disminuyó mi ritmo, y el nuestro.
A ese mundo que me comí, lo esperamos paciente y amorosamente, como al siguiente viaje que deseamos hacer, a 3.
Lo esperamos y a la vez, ya no hay nada que esperar, porque como todo, ya está siendo. Ya es.  

Independiente, impermanente, único, libre y mágico, como todo.

Vipassana. 10 días de pensamientos y sensaciones.

No sabía bien en lo que me estaba metiendo, pero así quise que fuera.
El camino de tantos viajes nos puso frente a 1,2,3,4  personas que de alguna u otra forma terminaban por contarnos su experiencia sobre este milenario tipo de meditación.

Ni una sola vez me atreví a buscar en google la palabra “Vipassana” ni mucho menos leer blogs personales de experiencias ajenas, seguramente por miedo a encontrarme descripciones e historias que me desalentaran. Me bastaba con haber escuchado cosas positivas  de bocas de distintos colores, razas y aparentes estilos y con leer las reglas y la descripción básica y objetiva que proporcionan en la página oficial del centro de meditación al que pensábamos acudir (https://www.bhanu.dhamma.org/The-Kyoto-Centre.1121.0.html).

Tomé cada uno de esos encuentros furtivos e informativos como señales en el camino y decidí que todo esto y la emoción que la idea parecía provocarle a Anto  (cosa rara tratándose de cosas “de ese tipo”) era más que suficiente para darle y darnos una oportunidad de intentarlo.

Total, “son SOLO 10 DÍAS…”

El día martes 10 de enero por ahí de la 1pm, dejamos el hotel donde estábamos hospedados y agarramos rumbo hacia el destino. Nos encontrábamos en Kioto y el centro de meditación está unos 30 kilómetros a las afueras de la ciudad. Caminamos unos kilómetros, tomamos un tren durante 40 minutos, de ahí un camióncito de transporte público durante media hora y por fin encontramos la pequeña parada de autobuses dónde una camioneta que nos esperaba puntualmente nos conduciría durante unos 10 minutos hasta el centro Vipassana. Todo este trayecto y durante cada trasborde que realizábamos experimentamos minutos y minutos de suspenso en los que nos volteábamos a ver sin decir mucho, una que otra sonrisa, un apretón de manos y alguno que otro comentario aislado como “a ver cómo nos va…” , “espero que no haga mucho frío en el cuarto…”.

Desde que nos subimos a la camioneta que nos esperaba, comenzó la división entre hombres y mujeres, Anto y yo solo nos miramos con una sonrisa y el resto de los pasajeros, todos aparentemente japoneses y desconocidos entre ellos continuaron estoicos y sentados derechitos como si fuera un día muy normal en sus vidas. Japoneses al fin. Finalmente llegamos.
Ni siquiera tuvimos tiempo de decirnos bien “ahí nos vemos!” porque la recepción y registro de las mujeres y los hombres estaba estrictamente separada (como TODO en la residencia). Sé que es inaceptable hacer una comparación de este tamaño pero los únicos ejemplos o imágenes que me venían a la mente en ese momento eran reportajes y libros que había visto sobre cárceles o centros de concentración.
Ya registrada, fui la primera de las mujeres en ser enviada a instalarme en mi cama, poner las fundas y desempacar. La casa era frillísima, helada. Las ventanas de mi cuarto, que era un dormitorio múltiple con 7 camas y únicamente 7 camas, seguían abiertas desde la última vez que fueron abiertas para hacer circular el aire helado del invierno japonés. Lo primero que hice fue cerrarlas y percatarme que el único calentón eléctrico de la planta baja, que se encontraba en el pasillo común fuera del cuarto, estaba apagado y tenía un anuncio pegado que decía en japonés y en inglés “Favor de dejar el manejo de este calentón al personal”. “Bueno, al parecer si hará frío.”

Más tarde se sirvió la cena, soba: una sopa de fideos típica japoneses hecha de harina de sarraceno con un poco de cebolla cambray picada y salsa de soya. Después de la cena, pasamos a una sala dónde vimos el video de bienvenida, para lo que afortunadamente, todos los que no hablábamos japones fuimos enviados separados del resto de los estudiantes; ahí pudimos vernos de nuevo, decirlos “teamo” rapidito y darnos un beso. El día terminó abruptamente y así de la nada, comenzó el “silencio noble”.
Ahora todos a la cama que esto apenas fue el día 0.

Dias 1, 2 y 3. Reconociendo el terreno.
Para ser sincera, ni el primero ni el segundo día los recuerdo con claridad. No recuerdo que hayan sido particularmente difíciles. El día comenzaba con el sonido del gong siendo golpeado por uno de los voluntarios encargados del manejo de la cocina. A las 4:00 am puntualmente, sonaba unas 4 o 5 veces para lograr que los 67 estudiantes lo escucháramos claramente y comenzáramos actividades. Salir de la cama, cambiarse…o no, porque el frío convertía en una tortura el cambiar la ropa tibia por la fría, dirigirse al baño, lavarse los dientes, una lavadita de cara o lo que cada quién considerara necesario para estar listos estrictamente a las 4:30am en la sala de meditación general para comenzar.
Esta sala era el único lugar dónde sabíamos con certeza y puntualidad que nos veríamos el uno al otro, incluso cuando de acuerdo a las reglas estaba estrictamente prohibido establecer el mínimo contacto y eso incluía obviamente el contacto verbal, físico, escrito y supuesta mente incluso visual. Sólo nos quedaba la telepatía pero no logramos desarrollarla satisfactoriamente así que delinquíamos volteándonos a ver al menos una vez por sesión de meditación. La buena y dura noticia es que había varias al día. Era lindo vernos a lo lejos; le daba a todo esto un toque romántico que no se suponía que debería de tener, un sentimiento de estar de nuevo en la secundaria y jugar a buscar con la mirada al niño que te gusta y contentarte con mirarlo caminar, sentarse en su mesa banco y ya en casos de mucha suerte, si la atracción era recíproca, hacer contacto visual. Para mi suerte, la atracción era recíproca y fue lindo al principio, pero tengo que aceptar que a partir del 4to día se convirtió en algo más erótico que tierno y en un tormento más que una relajación. Lo cual tampoco era malo entre tanta abstención; con algo tenía que entretenerse mi pobre mente mundana. Otro de los pocos sentimientos que recuerdo claramente de estos días es la sensación de estar dentro de Orange is the new black (sin el componenete omnipresentemente lésbico). Desde el hecho de haberme “entregado por mi propia voluntad”, el hacer fila para recibir cada comida (sorpresa), de forma completamente ordenada y silenciosa, hasta el evitar cualquier tipos de contacto visual, el aprender a reconocer el terreno, los baños, la cama, las caras serias a mi alrededor. Obviamente el componente violento e inhumano no estaba presente pero si me llegué a sentir como Mei Chang en la misma serie (lo cual es irónico siendo ella la única asiática de la prisión y yo la única occidental entre las 33 mujeres en esta residencia) específicamente al momento de comer. Tuve que poner en práctica técnicas personalizadas para hacer de mi desayuno algo más dulce que salado. Personalmente el sabor a caldo de algas a las 6:30am no es algo que me emocione y aunque el desayuno estaba pensando para alimentar y no para darme placer, a partir del segundo día decidí que el arroz blanco o integral que había cada mañana se convertiría en mi avena. No se que habrán pensado de mí las japonesitas cuándo me veían poniéndole leche de soya, azúcar morena y pedazos de plátano y manzana picada a mi tazón de arroz, pero lo que si se es que la menos dos comenzaron a adoptar mi técnica unas mañanas después.

Lo que más recuerdo del segundo día fue la emoción que sentí al ver caer ilusamente dos o tres copitos de nieve en una de las pausas que tuve para ir al baño; la niña dentro de la adulta se sintió emocionada, la adulta silenciosa, siguió su camino como si nada estuviera pasando.
El día 3 marcó el final de este primer mini periodo, recuerdo este día por haber comenzado a sentir un cansancio mental combinado con aburrimiento por estar siguiendo los mismos pasos de la técnica hora tras hora.
Después de las primeras dos horas de meditación del día (4:30-6:30 am) venía el desayuno de 6:30-8:00 am. La siguiente hora de meditación era de 8:00-8:55 am, pausa de 5 minutos para ir al baño, siguiente meditación de 9:00-11:00 am, Comida de 11:00-1:00 pm, siguiente meditación de 1:00-2:25 pm, pausa de 5 minutos, meditación de 2:30-3:25, pausa de 5 minutos, meditación de 3:30-5:00 pm, “cena” de 5:00-6:00 pm, la cual consistía en té y fruta para nosotros los nuevos estudiantes y únicamente té para los estudiantes que ya habían hecho al menos una vez este curso. Esto fue uno de los puntos difíciles para mi cuerpo en estos primeros días porque a las 10 de la noche mi estómago me reclamaba algo, lo que fuera, una fruta, un pedazo de pan, leche. Así que como desde el principio sabía que estaba ahí para hacer un esfuerzo por aprender una técnica pero jamás para martirizarme, decidí comenzar a adoptar la técnica de robar pan en la mañana y fruta a medio día, así que todo el tiempo logré traer en la bolsa de mi chamarra al menos medio plátano y una rebanada de pan. Y no me arrepiento de ello.
Después de la pausa de té, el día continuaba, meditación de 6:00-6:55 pm.
De las 7:00-8:30 pm era uno de mis momentos favoritos del día; me daban un ipod con una grabación en la que me hablaba un argentino con un acento muy simpático que me sacaba una que otra sonrisa en la soledad de mi cuarto o sentada en el piso del pasillo frente al calentón. La plática tenía explicaciones sobre la técnica que habíamos practicado durante el día, una que otra historia e indicaciones generales sobre las actividades del día siguiente. Para terminar, de 8:30-9:00 pm última meditación del día.

Cómo pueden ver, eran muchas horas de meditación (10.5 para ser exactos) y por supuesto que fue difícil pasar de 0 a 10.5.
Estos primeros tres días luché bastante con mi mente, luchar no es el objetivo pero es como tratar de controlar a un niño caprichoso que te reta y te ignora; mientras no tengas una buena técnica o un buen plan para llegar a un acuerdo, la desesperación te hará usar la fuerza o la autoridad de alguna manera. Traté de pedirles a mis pensamientos que me esperaran un momento, que me permitieran desarrollar la técnica pero mi mente se convirtió en un cruce peatonal al estilo africano. Todos pasaban cuando se les antojaba, ninguno parecía respetar mis deseos de concentración, yo desesperada corría tras ellos explicándoles mis motivos, diciéndoles que necesitaba espacio, tiempo, silencio… No hubo mucho resultado. Había momentos en los que el sueño salía al rescate y proponía dormir en lugar de tratar de arreglar el caos, entonces ahora mi lucha era contra ambos: tráfico y sueño. Se me caía la cabeza, sentía los golpes en el cuello que me avisaban que estábamos perdiendo la batalla y la concentración en mi respiración seguía pareciendo imposible. Así se terminó el 3er día.

Dias 4 y 5. emoción de principiante.
Después de tanto caos y lucha me convencí de que mi plan no estaba siendo adecuado. Decidí que tratar de controlar el tráfico era imposible, que los automóviles que pasaban por ahí, alguna razón tendrían y que yo no era nadie para impedirles el paso; decidí dejar de gritarles y jalarme los pelos y decidí solo sentarme a observarlos, tratar de escuchar sus ruidos, ver sus colores y esperar a que las horas pico me dejaran un espacio libre y silencioso para poder respirar en tranquilidad. Y comenzó a funcionar muchísimo mejor. Afortunadamente, justo en este momento, la técnica también dio un salto importante el 4to día y eso me ayudó a luchar con el aburrimiento y a agregarle algo nuevo a las 10.5 horas diarias. No quiero hablar de magia, porque nada de lo que pasó en esos 10 días lo fue, todo estuvo lleno de tanta realidad y de una manera tan hermosa y tan tangible que no había espacio para la magia, pero el 4to fue el primer día especial. Sentí, percibí, comprendí, descubrí cosas que me hicieron sonreír en medio de tantas prohibiciones y cansancio físico postural. Logré comenzar a divertirme un poco y me dieron un empujón de energía que me motivó para las horas y días siguientes. Además de las sensaciones de ese día, tuve un regalo hermoso de la naturaleza. A las 4:15 am, cuando abrimos la puerta de la residencia para ir al baño, al menos 15 cm de nieve cubrían todo lo que alcanzábamos a ver y era hermoso. Hasta ese momento no había comenzado a contar realmente los días que faltaban para salir, pero eso comenzaría a cambiar pronto. Pronto es pronto, la noche del 4to día fue muy mala. Todos nos recluíamos en nuestros cuartos y camas al rededor de las 9:15pm, ni una sola luz y muy poco ruidos quedaban vivos a esa hora, excepto por los ronquidos de mis 3 compañeras de cuarto. Era como si las 3 quisieran hacer una sinfonía nocturna para compensar la falta de habla de todo el día, mi mente seguía tan activa cómo durante la meditación, mis propias palpitaciones temporales (anatómicamente hablando, no en términos de tiempo) me impedían conseguir dormir, el frío estaba bajo control después de encerrarme en mi sleepingbag y otras 4 capas de cobijas y ropa pero además de todo mi cuerpo decidió que el frío era una buena excusa para levantarse a orinar a las 11:00pm (increíblemente tarde en mi escala de horarios). Al día siguiente pagué las consecuencias y el sueño trató de arruinarme el ánimo y la meditación al principio del día, pero a pesar de eso, logré reponerme. el 5to día siguió siendo fuerte para el cuerpo, experimenté los dolores más fuertes y desagradables de los 10 días, ahora no eran solo mis pensamientos los que pasaban desfilando frente a mi, era además el dolor que llegaba y se quedaba mirándome a los ojos, retando mi umbral, mi paciencia y mi masoquismo. Ese es el punto. Así es como se supone que funcione una parte de esta hermosa técnica de meditación, las sensaciones son el personaje principal y sabía que tenía que encontrar una forma de establecer una comunicación sana con todas ellas, primero que nadie con el Dolor.
Se me pasa agregar un detalle importante y es que a partir del 5to día, 3 de las 10.5 horas de meditación comenzaron a ser lo que llamaban en inglés “sittings of strong determination” lo que literalmente significa sentarse con mucha determinación… ya que todo movimiento estaba prohibido. No movimiento de piernas, no movimiento de brazos y no apertura de ojos. Puede sonar fácil. No lo es. Las primeras horas la desesperación de no caer en la tentación corporal de re acomodarse por aquí o por allá, es intensa, sientes que te vuelves loco, el dolor jala, quema, aprieta, palpita, la tensión sube, los dientes se aprietan, la cabeza grita “Qué chingados estás haciendo?!?!?!?” y el cuerpo, obediente, responde con silenciosa inmovilidad, con hermosa ecuanimidad. O al menos así dice la técnica… La primera sesión no lo logré, la autocompasión puede llegar a ser tan fuerte que nos protegemos de todo por miedo a rompernos, por falta de confianza en nuestro poder y fuerza. Y a pesar de todo esto, el 5to día volvió a ser hermoso.

Dias 6 y 7. Dialogando con mis órganos.
En la vida la sensación de dolor nos hace hacer muchas cosas. Afortunadamente en estos dos días el único dolor que experimenté fue físico, del que pasa más fácil, de ese dolor caprichoso que lo único que quiere es que cambies de posición, que le des lo que pide, que sigas sus caprichos, de ese dolor que grita como si midiera 2 metros pero en realidad es pequeñito y con micrófono. Estos días fueron fuertes en emociones e intensos para la mente y el cuerpo, ambos tratando de entender desesperadamente que clase de juego masoquista estábamos jugando. Lo interesante de estos días fue que logramos llegar a un diálogo en el que ambos, y yo como mediadora, entendimos que no podíamos evitar este encuentro. El dolor estaba ahí y nos dijo claramente que no pensaba irse jamás, que cuando no era una rodilla, sería la cabeza, y cuándo no, la parte alta de la espalda, y si no encontraría algo digestivo para molestarnos y si a caso lo físico dejaba de funcionar, tenía algo de material mental de dónde jalar… porque ese era su deber, recordarnos la impermanencia de su localización y con ella la impermanencia de todo, la asaroso de sus decisiones y de la vida misma. Le dijo a la mente que incluso cuando el cuerpo no doliera, encontraría una forma de atormentarla a ella, o al menos intentaría. La mente sufrió mucho, lloró, pataleó emberrinchada por saber que por mucho que odiara esas palabras, eran ciertas. Sintió miedo de perder, de perder a sus amores, sus sueños, su vida misma. Yo los observaba de cerca, sentada, cruzada de piernas y con mis brazos inmóviles y mis ojos cerrados. Me gustaba verlos acercarse, ver como cada uno sacaba sus demonios más oscuros, como cada uno se trataba de defender en vano del otro, cómo el otro cedía de vez en cuando y como al final terminaron por hablarse pacíficamente. Fuer hermoso ver como la mente logró hablar con el dolor, haciéndolo entrar en razón, calmando su ira, aceptando su condición. Vi bajar ese dolor que días atrás había alcanzado un 6-7 de intensidad, hasta tocar el 1, casi desapareciendo, sin luchar. El cuerpo habló, la mente habló y yo los escuché. Todo esto sucedía a cuentagotas durante los días, no dejaba de ser difícil mantenerse despierta, evitar escapar a recordar el pasado y planear futuro, todo esto con momentos de hambre y a veces de frío.
A partir del 6to día definitivamente contaba los días; las horas ya no parecían pasar tan lentamente pero los días seguían faltando. Cómo dice Anto, 10-6=4, pero cuando estábamos ahí las matemáticas engañaban, porque el día 6 aún contaba igual que el 7 y el 8 y el 9 y el 10 y esos sumados, dan 5. Un día más, un día más.

Día 8. Rebeldía mental.
Dado lo intenso y lo satisfactorio de los días anteriores, el octavo día fue ligeramente infructuoso. Me vi a mi misma escaparme en mente porque en cuerpo era imposible, con esa arrogancia de los estudiantes casi graduados que se creen intocables, invencibles y ya con un pie fuera. La nieve seguía cubriendo todo el paisaje porque durante 3 días seguidos (días 4,5 y 6) no paró de nevar un solo minuto, así que en mis ratos libres después de las comidas me dediqué a limpiar un área común en el patio paleando la nieve hacia los lados con todas mis fuerzas, cómo si mi cuerpo necesitara sentirse activo, cansado y útil para alguien más que mí misma. Funcionó a la perfección porque bajo el sol, comencé a luchar contra el frío, a sentir mi propio calor generarse, sonreía mientras lo hacía y dos o tres chicas me observaban en silencio desde el otro lado del patio, cuándo terminé y entré a mi cuarto vi por la ventana que había dos de ellas que disfrutaban del espacio limpio y tomaban el sol como lagartijas, una inmensa satisfacción me invadió y el día continúo. En la noche después de escuchar a mi amigo el argentino me dí cuenta que no había sido una buena decisión hacerme la rebelde y desaprovechar algunas de las horas de meditación durante el día solo para abandonarme a la diversión de imaginar y volar por el tiempo y los planes, y retomé un poco mi concentración para poner toda mi determinación en esos dos últimos días. Solo dos días más, era todo lo que estaba en mi mente antes de lograr dormir.

Día 9 y 10. uno más, uno más…
El noveno día fue en realidad el último día de trabajo intenso. El décimo día comenzó de la misma manera que los otros pero al rededor de las 9 am cuando salimos de la sala común de meditación, la regla del silencio absoluto se había terminado. Fue un momento lindo el salir al paisaje nevado y por unos segundos no saber que hacer, primero porque no hablo japonés y todas mis compañeras eran japonesas (la separación entre hombres y mujeres seguía conservándose estrictamente hasta la mañana del día siguiente por lo que hablar con Anto no era una opción) y segundo porque es extraño pasar 9 días rodeada de personas desconocidas de las cuales inevitablemente te haces una idea infantilmente dibujada, por la forma en la que se mueven, comen, por sus horarios, sus hábitos, especialmente las japonesas que parecen experimentar real placer al tener control y orden total. Era impresionante verlas levantarse a las 4:00 am con el sonido del primer gong, sin titubear, ver a todas dirigirse como robotsitos hacia el baño, algunas incluso bañarse para comenzar inmediatamente el día, cepillarse los dientes durante minutos y minutos interminables, secarse el pelo minuciosamente, limpiar cada gota de agua, jabón o sustancia extraña que tocara la superficie del lugar dónde se encontraban. Obviamente mi cama era la menos ordenada y siempre era la primera en terminar de cepillarme los dientes. Sentí junto con otras 4-5, ser una de las pocas que realmente disfutaba el hecho de ver nevar, mi mochila de un año de viaje y mi ropa de vagabunda patrocinada por todos los colores existentes contrastaba con sus prendas sobrias, sus maletas de rueditas completamente preparadas para todo: secadora de pelo, estructura plástica con ganchitos para colgar su ropa lavada, colchonetas eléctricas para calentar nuestras camas frías, su propia sal para las comidas, cremas de todos tipos para evitar las arrugas y la pigmentación de la piel. En fin, me sentía como un niño entre las niñas, diario vestida de la misma forma debido a la ausencia de ropa caliente en nuestro amplio guardaropa de trotamundos. Todo esto me hizo pensar que el permiso de hablar no cambiaría mucho el ambiente del último día, que habría más de 5 que preferirían mantenerse en silencio y meditar a platicar (como mi vecina de cama quién se dedicó los últimos días a ayunar a escondidas y utilizaba las pausas libres para meditar) . Pero la realidad fue otra y me dio gusto sentirme mal de haberlas imaginado menos humanas, unos segundos después de haber salido de la residencia comencé a escuchar risas y conversaciones en japonés por todas partes, cuchicheos femeninos que parecían haberse quedado en pausa el día 0 en la noche. Lo lindo de no entender lo que se dice es poder apreciar la forma en la que se dice y no se si fue eso, o simplemente la abstinencia de voces pero las lágrimas me comenzaron a brotar en medio de sonrisas y me sentí vulnerablemente feliz, y me fui por unos minutos a esconder en el patio de atrás antes de que alguien tomara mis lágrimas de manera demasiado seria. Disfrute de mis sollozos incontrolables y me sequé las lagrimas para ir a presentarme con las mujeres con las que había pasado mis últimos días de intensa vida.

No se si después de todo sea aún necesario dar un veredicto o decirles que me gustó. Por si a alguien le queda la duda o se pregunta si el dolor y los sufrimientos mentales y la desesperación y ansias superaron a las satisfacciones, la respuesta es no. Nada de lo poco agradable o fuerte o triste pudo superar la satisfacción que sentía al final de algunas de las sesiones de meditación, ni el precio de haberme dado de cuenta de muchas cosas sucediendo dentro de mi, ni el precio del sabor de salir a la vida de nuevo, ni la fuerza que se siente de haber logrado algo como esto, por voluntad propia. Es indescriptible, es fresco, es como sentir que tu misma te das una segunda oportunidad sin necesidad de estar a la borde de la muerte, sin necesidad de haber perdido a un ser amado, de haber tocado fondo. Es hermoso sentir paz y saber que la mereces porque al menos durante los últimos 10 días, trabajaste duro por mantener la ecuanimidad mental, por conciliar mente y cuerpo. Este camino apenas va comenzando, no pienso buscar iluminarme ni alcanzar ningún pedestal glorioso, solo quiero poder mantener este sentimiento el mayor tiempo posible, quiero compartirlo, desparramarlo, multiplicarlo, cuidarlo, crecerlo y cosechar más y más de lo mismo. Sé que deben de haber muchas técnicas y formas en la vida para alcanzar sentimientos de este tipo, y doy gracias a la vida por la diversidad. Sé que este no es EL único camino y se que cada quien camina distinto pero igual que en el amor fui afortunada de encontrar un buen complemento de mi vida en esta etapa tan bella que estoy viviendo, incluso sabiendo que en el mundo deben de haber varias almas compatibles, estoy agradecida y feliz de haber encontrado una técnica que me haya permitido experimentar todo esto y por el momento aquí me quedo. Me siento bendecida por la vida y no me da pena aceptar el regalo, no creo debérselo a nadie más a que a la vida misma, no me siento culpable por saborearlo y abrazarlo, sobre todo cuando me complace el compartirlo con quién sea que desee compartirlo. Esta felicidad que siento me alcanza a mi y a cualquiera que me rodee y espero que nunca cese de fluir como lo ha hecho hasta hoy.

Con este recuento y con este agradecimiento infinito, me despido de Japón y a ustedes les digo: Nos vemos en el siguiente.

India: Ni muy muy ॐ ni tan tan.

“…creo en la relatividad de todo lo que existe…los eternos cambios en la naturaleza y lo impermanente de todas las cosas en el fluir de la ilimitada existencia” SGB  o lo que vendría siendo “que caso tiene escupir juicios  si todo es tan subjetivo y cambiante”. A pesar de este mar de subjetividad en el que creo que vivimos todos, mi conclusión al final de este mes en India: me gustó. Me gustó y la disfruté mucho pero esperaba más de todo. Más de lo malo y más de lo bueno.

Había escuchado tantas historias “iba en el tren y un hombre comenzó a masturbarse frente a mí y no supe que hacer…”, “ la comida es riquísima”, “a un chilango le robaron todo en el tren, dice que ni en el DF”,  “el hijo de fulanita estuvo un mes y se enfermó tan feo que bajo no se cuantos kilos y casi ni la cuenta”, “la gente es TAAAN amable”, “en las calles te encuentras animales, excremento, niños mendigando, incluso cadáveres”, “el ruido es insoportable”.

Había visto tantas películas que mitificaban incluso las ciudades más caóticas y leído libros que llenaron mi cabeza de mucha expectativa y creo que no soy la única porque es uno de los pocos países de las cuales las opiniones de la gente son tan polarizadas. También puedo decir que de todos los países que hemos visitado, es uno de los que más hace soñar (cuando menos a mis conocidos y contactos de FB). Me gustaría saber exactamente ¿por qué? Creo que tengo una idea porque entre las palabras que he escuchado ser usadas para describir a este enorme pedazo de tierra están: mágico, maravilloso, la-cuna-de,  asqueroso, demasiado-para-los-sentidos, lleno de espiritualidad, impresionante, místico, enorme, un infierno, riquísimo, húmedo, caliente, sucio, pobre, peligroso, represión, crímenes femeninos, violadores.

Finalmente, después de tanto preámbulo imaginario, nos aventamos a la realidad. Debo aceptar que los primeros días me sentí más preocupada que emocionada; un tanto como cuándo preguntas una dirección, alguien te la indica y en cuando comienzas a caminar sabes perfectamente que te diriges  al lugar incorrecto. Y sigues caminando. Sí, un tanto fatalista. Ahí les va, por ustedes y por mí.

Una vez más, como hago para la redacción de cada blog, hojeo mi diario para traducir un mes de viaje en unas páginas de word.  CONTRASTANTE es la palabra que se lleva las palmas.

Aterrizamos a Mumbai el 12 de agosto, fue un buen lugar para comenzar; un lugar caóticamente agradable, una primera experiencia guiada por una local acerca del funcionamiento de los trenes separados por género; primera vez que durante el viaje Anto y yo viajamos a un mismo destino, separados y en contra de nuestra voluntad por “seguridad mía”, el solo concepto de tener que separar a los géneros para evitar agresiones me produjo una cierta inseguridad aunque al final fue una experiencia diferente. Ishmeet nos introdujo también a las principales religiones del país, un poco de historia, un mucho de cultura y un resumen rápido de como los padres arreglan los matrimonios de sus hijos en 12 horas máximo. Excelente inmersión en unos cuantos días. Conocimos gente amable, servicial, sincera y desinteresada. Ya de inicio todo esto ayudó a bajar esa guardia que inevitablemente traía puesta por ignorante y miedosa. Los prejuicios se continuaron disolviendo y purificando a medida que nos fuimos dirigiendo hacia el sur y posteriormente al sur este. Una mujer en un pueblo me regaló un pedazo de cúrcuma fresco como mascarilla de belleza, una familia india con influencias francesas nos abrió las puertas de su casa, destapó el especiero en la cocina, prendió el altar de sus dioses y nos compartió el álbum de fotos familiar de lo que parece ser lo más parecido a los XV años en México. Los paseos en moto bajo la lluvia y los vendedores que, por la razón que sea, recordaban mi nombre y me gritaban “Im waiting for you Mexico..!” me hicieron sentir que todo era mejor de lo que había temido días atrás. Goa, Kerala y sobre todo Pondicherry nos hicieron pensar que la gente que había vivido un infierno en India, tal vez era porque ellos mismos lo había echado en la mochila. Presuntuoso de nuestra parte ya que aún nos esperaba el norte.

Comenzaré por el verbo del que más me gusta hablar y el que más me gusta poner en práctica: comer.

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No me esperaré a que me pregunten que fue lo que más me gustó de este gran país, la comida ha hecho feliz a todo mi ser. Cuerpo, alma y mente. Mi cuerpo se enamoró profundamente de las combinaciones tradicionalmente sabias de esta cocina milenaria. Tantas verduras, frutas, tantas semillas, granos y leguminosas, tanta fibra, tanto antihipertensivo, pro-digestivo y antioxidante natural, tanto estimulante inmunológico, tanto antiinflamatorio sistémico,  tantas especies, tanto sabor y tan poca proteína animal me produjeron no solo un estómago lleno y satisfecho sino también una conciencia nutricional plena y en paz. India me comenzó a conquistar cuando me demostró que casi todo en su vida social y religiosa tiene relación con la comida. En medio y al final de una ceremonia Sikh, a la salida de un templo Hindú, al comenzar una consulta médica ayurvédica o mientras esperaba a que terminen de limpiar nuestro cuarto de hotel. Y no solo es que la comida sea omnipresente, también está bien pensada, saludablemente y económicamente bien pensada. Granos frescos, frutas, verduras, comidas vegetarianas completas preparadas en los trenes, cenas ligeras dónde el plato principal es SALUDABLE! Y no frito como en los últimos 7 meses de mi vida. Tal vez  parezca que estoy sobrevaluando este aspecto pero espero puedan imaginar la dicha de comer lo que te gusta y no solo “lo que hay”.

Como si esto fuera poco, después de las primeras dos semanas, comencé a sentir los pantalones sueltos, a verme distinta en el espejo, a tener más energía, ¡a ir mejor al baño! Jamás he necesitado que haya carne en un plato para ser feliz pero hasta hace algunos meses tampoco me había informado sobre el efecto real de la proteína animal sobre nuestros organismos. A la India le debo este experimento exitoso en el que decidí saltar de lleno y sin planearlo ni darme cuenta, al flexitarianismo  como algunos autores le llaman, o sea comer de todo, equilibrar el plato (consejos típicos) pero sobre todo preferir la proteína vegetal ante la animal, simplemente por que comer carne te hace vivir menos años (La explicación aquí). Llevo un mes sin probar carne de cuatro ni dos patas, si hubiera más pescado lo hubiera aceptado con gusto pero los platos típicos no lo utilizan mucho, los huevos y los productos lácteos han sido parte importante. Para mi buena suerte, en los últimos meses llegaron  a mis manos varios libros y herramientas que me fueron instruyendo sobre diversos enfoques nutricionales por lo que aterrizar aquí fue la perfecta transición de la lectura a la realidad.

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Y ya que estamos hablando de salud y bienestar, me voy a permitir contarles en que va mi vida profesional imaginaria. Imaginaria porque creo ya todos se dieron cuenta que tengo mas de medio año sin trabajar.

He tenido la suerte de darme cuenta que dentro de las profesiones de los viajeros que nos hemos topado, los profesionales de la salud ocupa el primer lugar. Les prometo que no los busco ni utilizo mi CV como inicio de conversación, pero creo que hay algo en estas profesiones humanizadas que nos motivan a salir a descubrir más del mundo. Hasta ahora lo que más me he encontrado son médicos, sobre todo en etapa estudiante, enfermeras y una que otra kinesioterapeuta.

Un poco emocionada por esto y motivada por otras muchas razones, hace dos meses comencé los tramites necesarios para formar parte del equipo de Médicos sin Fronteras, una institución francesa presente internacionalmente en intervenciones puntuales sobre sitios de problemática en temas de salud pública. La idea me comenzó a convencer y todo avanzó perfectamente hasta que Ignacio me avisó que “tenía cita en el DF dentro de 3 días”. Al final el proceso obviamente se atoró ahí por mi incapacidad de presentarme, pero me aseguró que sin importar la fecha, cuando volviera a México me comunicara para agendar una nueva cita. Creo que Nacho no entendió el plan de vida que le platiqué en mi carta de motivación. Bueno, la intención ahí estaba.

Quise aprovechar nuestra ruta de viaje para alimentar un poquito mi visión holística de la medicina y motivados por eso, nos dirigíamos a Kerala, la cuna de la medicina Ayurvédica. Por un rato, comencé a considerar seriamente la idea de investigar sobre una formación al respecto e incluso volver posteriormente por algunos meses para adentrarme en la práctica. El Ayurveda es una práctica milenaria de medicina “alternativa”, reconocida por la OMS, y tan ampliamente utilizada en la sociedad india que la que termina pareciendo alternativa es la alopática. En muchos aspectos, esta corriente me parecía muy concordante con mi concepto personal sobre lo que debería de ser la medicina y la salud, al menos eso pensaba hasta antes de tomar una cita con el Dr. Mathath Vijesh en la ciudad de Kochi. Mathath me explicó amablemente los conceptos generales de este tipo de práctica, me habló sobre los 3 doshas, sobre como el tiempo y tipo de estudio es muy similar al de la medicina alopática, las subespecialidades y lo difícil que es acceder a ella por la gran competencia, los abordajes terapéuticos que difieren enormemente respecto a los que nosotros conocemos tanto que un tratamiento completo se lleva a cabo por partes durante un mes completo de hospitalización y va desde embalsamar al paciente en aceites, provocar vómitos y realizar enemas; me explicó cómo parte de su primer año de estudios está dirigido al estudio de todos y cada uno de los diagnósticos alopáticos en sánscrito, y alguna que otra anécdota de hospital. Fue una excelente sesión informativa que al final esclareció varios conceptos en mi mente y me hizo entender y sentir porque a pesar de entender y respetar los principios, mi visión no funcionaría bajo este enfoque (si les interesa saber, con gusto les explico). A pesar de eso, decidí volver al día siguiente para probar el famoso masaje ayurvédico de las manos de Puja, una señora de al rededor 50 años que pasó poco más de una hora a bañarme en aceites tibios, masajeándome desde el  pelo hasta los pies lo cual me llevó a un estado de introspección profunda que me concentró en todo y nada y me hizo salir del lugar sintiéndome como nueva.

Hasta aquí el yang. Afortunadamente esta primera etapa tan positiva fue también la más larga del viaje, pero como todo lo que sube tiene que bajar, pues ahí les va el yin.

Pasamos los últimos 10 días en la parte norte del país, más específicamente en Agra, Varanasi y Amristar y puedo decir con certeza que fue más hostil, más seco y menos agradable que el sur. No puedo decir que no me lo advirtieron. Con excepción de Amristar que nos mostró su mejor cara para despedirnos en nuestro último día en el país.

Hace algunos meses les describí las miradas de la gente que nos íbamos cruzando en los diferentes países de África, pues les diré que en esta zona de India, las miradas no son iguales; se perciben menos llenas de curiosidad, menos coquetas, menos sensuales, aquí la mirada (sobre todo la masculina) es fija, acomodada en la parte alta de una cara sin expresión, ahumada de una energía  poco respetuosa, conlleva una cierta cosificación dirían las feministas, una amenaza imaginaria, una mirada descarada que me sigue por las calles, que viene desde otros vagones del tren y se detiene frente a mi asiento, sin importarles la presencia de Anto, solo para mirarme fija y secamente y las miradas de 10 hombres parados en la estación del tren rodeándome para presenciar abiertamente el espectáculo de nosotros-escribiendo, nosotros-hablando, nosotros-sentados y nosotros-sudando fue más allá de lo cómico y agradable. Asumo completamente mi estatus de ser humano intruso y exótico en esta y todas las culturas que vamos visitando, pero en ningún otro país había sentido esto. No parece existir un valor equivalente al pudor, a la mirada disimulada, a la vergüenza de ser descubierto mirando; y no, no es algo infantil o inocente porque los niños de aquí no lo hacen de la misma forma, los niños sonríen se esconden, nos huyen, como en todas partes; son los hombres crecidos lo que se degeneraron. No parece existir tampoco la intimidad de mi espacio personal o de mi campo visual, son intrusivos y al mismo tiempo inertes, si algo sucede y se requiere su intervención son solo espectadores del caos ajeno, incluso los policías, un morbo que personalmente me opacó un poco los paseos por las calles en los últimos días. Siddharta estaría decepcionado de leer esto, mi juicio tajante contra sus prójimos.

Pero dejo las miradas y paso a otro estímulo sensorial. En India, los olores son una mezcla de nuevo, CONTRASTANTE; la mayoría de las mujeres huelen a flores a veces porque realmente adornan su pelo con ellas, a veces por algún aceite en la piel, no recuerdo una sola ocasión en la que alguien haya olido mal en el transporte público ni en las calles repletas de almas sudorosas, las calles huelen a comida condimentada con toda clase de especies que se entrelazan y bailan juntas sin dejarte saber cuantas ni cuales son, también huele a basura en descomposición, a aguas residuales, a muchos animales vivos conviviendo en armonía y alguno que otro que se ha tenido que morir, cada tren que pasa en la estación deja una brisa con olor a excremento y orina. Pero además de tantos olores, también entra en juego el comportamiento cívico y social. Muy distinto a África pero con un toque, también, primitivo.

Caminamos en las calles angostas de Varanasi: ciudad madre, antigua, sagrada para los Hindúes, sitio de nirvana, de espiritualidad al máximo, el lugar para decir “basta” a la reencarnación, ciudad de cláxones retumbantes, chillantes, enervantes, de policías abundantes (nunca una buena señal), ciudad de peregrinos incansables, de muertos interminables, de vivos moribundos que desde hace miles de años dirigen sus últimos pasos hasta aquí para alcanzar por una buena vez, y bien merecido después de vivir en este país, la paz eterna. Caminamos entre escupitajos, caca de varios orígenes intestinales emplastados en las calles angostas y por lo tanto en los zapatos, caminamos en esta ciudad que además de muertos tiene hongos alucinógenos, LSD, marihuana y opio que son ofrecidos a las 8:30 de la mañana entre las calles que cantan mantras de amor y paz para dejar a las almas partir en paz, entre flores, perros lastimados por la vida, vacas sagradas, golpes al caminar y agresiones sonoras tan continuas que hasta se les pierde el respecto. Todo esto bajo el sol que quema y hace sudar toditito el cuerpo. Aquí comenzamos a entender que tal vez no todos traían el infierno en la mochila, basta levantarse con menos paciencia y sabiduría que el día anterior para que esto llegue a simularlo.

Los contrastes continúan. El contraste entre el cielo, el no nirvana, el karma y la reencarnación, el contraste entre lo que se cuenta y lo que se vive; entre el Kamasutra y la mujer tabú. Entre la sexualidad sagrada de los dioses, las hermosas mujeres enredadas en velos, colores, joyas, entre  el juego del apareamiento social y el pudor, la decencia, la prohibición, el tabú, el castigo, el juicio (solo contra el género femenino), los matrimonios arreglados entre dos profesionistas en pleno año 2016. Amu me explicaba que los hermosos anillos de plata que llevan las mujeres en los dedos de los pies no son solo adornos, son una señal de la mujer casada; antiguamente los hombres no miraban a los ojos a las mujeres, la única forma de saber si estaban disponibles era a través de los pies; las pulseras en los tobillos que me puse desde los primeros días tienen cascabeles que le anuncian al hombre dónde se encuentra su mujer dentro de la casa; tanta sumisión adornada de sensualidad. Las calles rebosan de niñas en uniforme (10-14 años) cubiertas de pies a cabeza, solo se observan los ojos o los lentes. Y al lado de todo esto, LA VACA: símbolo sagrado por ser dadora de vida y de alimento (¿Qué no la mujer también hace eso?) Matar a una vaca representa al menos 6 meses de cárcel. Matar a una mujer, puede justificarse como crimen de honor si se explican correctamente las “razones” y sobre todo si el crimen es cometido por un miembro de la familia.

Por el yin y por el yang estoy en paz. Por haber descubierto mis propias razones para amar y para desear abandonar la India. No quería amarla por las razones compradas en Pinterest, ni porque las mujeres se vistan de colores,  o porque la ropa es barata, ni porque el yoga,  el Ayurveda o la espiritualidad tengan efectivamente raíces fuertes metidas en esta tierra; no quería que fuera porque el es una imagen que adorna casas, banquetas y carros, tampoco quería que fuera por el Taj Mahal (a pesar de lo imponente que puede ser pararse frente a él), ni porque por fin la gente te salude con नमस्ते (namasthe) sin necesidad de esperar al final de una clase de yoga. Todas esas cosas son ciertas, pero no es necesario un mes en India para reafirmar esos pre conceptos un tanto comercializados. Tampoco quería irme de India por prejuicios y miedos infundados. La realidad es que la dejamos porque la visa se acabó y porque al igual que los muertos buscan la paz eterna y saben decir “basta”, nosotros también creemos merecer un poco de silencio y una que otra montaña después de este mes de CONTRASTES.

Nos vemos en Nepal.

África: según nosotros.

No se si te recomiendo ir a África. Porque probablemente no vayas a dónde nosotros fuimos, porque muy seguramente te tocará otro taxista en Antananarivo y no Riri; Nené tal vez ya no estará en el mismo puesto en Ziguenchor, a lo mejor la recepcionista amable del hotel de Antsirabe no te dirá lo mismo que me dijo a mi, ni la mesera, ni el vendedor de fruta, entonces no sé si compartirás mi visión.

Lo que si te puedo decir es lo que me dio. África me dio mucho; me dio calor, me dio hambre, me dio diarrea una sola vez (por aquellos a los que les preocupa mi estado de salud y las actualizaciones que mi ejército inmunológico pudo haber ganado en estos últimos meses), me dio fiebre también una sola vez (la misma), me dio muchas pláticas inesperadas e inolvidables, me dio y me dejó contactos interesantes, me dio a veces (sobre todo al principio) ganas de irme, me dio también muchas ganas de volver sin incluso haberme ido, me dio ganas de llorar y lloré varias veces, me dio risa en varios idiomas, me dio (tristemente) unos cuantos kilos de más aunque nada comparado con Francia, me quitó algunos gramos de la masa muscular que con mucho esfuerzo había logrado sintetizar en los últimos 4 años de vida saludable, me dio uno o dos tonos más oscuros en la piel y aún así me fui siendo blanca para los negros, me dio amor en formas, colores y tonos diferentes, me dio permiso de volverme a enamorar. África le dio una apretada a los tornillos de nuestro matrimonio, nos permitió poner en práctica el experimento de pasar TODO el tiempo juntos 185 días para ser exacta, lo cual equivale a 4440 horas y seguimos juntos. Y felices. África me dio permiso de sacar a pasear algunos de mis demonios y el verlos comer conmigo, caminar conmigo, dormir conmigo, sudar conmigo me hizo aceptarlos, hablarles de frente y comenzar a aceptarlos. Me dio un ángulo desconocido del hombre que ya conocía, de mi compañero de caminos, de cerros, de calles, trenes, aviones, taxis, camiones, baches, hoteles, hostales, cabañas, lanchas y barcos. Me dio ganas de trabajar (ya era hora dirán algunos…), me ha dado noches de insomnio por la emoción de visualizar un proyecto, una inversión, un patrimonio, algo que jamás me había cruzado la cabeza, me dio un reencuentro silencioso con la medicina, una visión global de lo que creo debo hacer con lo que tengo, lo que sé y lo que quiero.

Te diría que el dinero no ha sido un problema y por el momento no parece que pueda llegar a serlo, porque en los últimos meses hemos comido por menos de 1 dólar y hemos dormido por hasta 3 dólares. Te diría que la malaria y las enfermedades a las que todos le temen y yo le temía no deberían de ser un limitante porque siempre hay formas de prevenir lo prevenible, el resto cada quién lo llama como quiere, nosotros dejamos nuestro tratamiento oral preventivo desde hace 4 meses y vivimos la segunda mitad de nuestro viaje en un invierno africano que no tiene nada que envidiarle a las noches frías de mi Baja California, así que los mosquitos fueron amables con nosotros. ¿La violencia? No, tampoco ha sido un problema, jamás me sentí en peligro. Momento, sí, hubo un lugar, únicamente al final cuando llegamos al corazón del único país que vimos con Uber, KFC, casas con rejas de seguridad con corriente eléctrica y freeways tipo Estados Unidos: Sudáfrica. No hay mucho que explicar. Las similitudes no parecen ser coincidencias.

Solo tengo un verdadero consejo de corazón y razón que darte, no te voy a tratar de vender la propaganda de revista de “Ven a África,¡te va a encantar!”. Tal vez no. Tal vez sí. No importa, no es el punto.

Te aconsejo que aprendas un nuevo idioma, el que quieras, el que te sirva, el que puedas; que intentes no solo decir y repetir los sonidos que los otros usan para comunicarse si no que sientas como ellos. Porque hay momentos, sentimientos e ideas que no existen en ninguna otra parte del mundo, si no solo en ese momento, con estas personas, en este clima, sobre ese hemisferio, con esta comida sobre la mesa. Porque no imagino este viaje si no hubiera podido entender todo lo que la gente tenía para contarme o preguntarme. Pero no me tomes tampoco tan en serio porque tal vez eso no sea lo tuyo, tal vez tengas todo para ser feliz en tu vida, en tu casa, en tu mesa, con tu gente y creo que ese es el punto al final, alcanzar esa felicidad presente, pero tal vez seas un poco como nosotros y te llene la vida de luz el abrir los ojos a tantas y tantas maneras distintas de decir HOLA y GRACIAS; o tantas formas de cocinar un pedazo de carne, o de bailar un mismo ritmo o de demostrar el amor. Tal vez te llene de emoción como a nosotros el pasar por lugares y más que “dejar un huella”, permitir que el mundo deje una huella en ti, permitirte llegar a ese lugar al que nunca has ido en dónde alguien te explicará  lo que significa Ubuntu, Rafiki, Yovo; dónde oirás por primera vez un nombre que se quedará grabado en la memoria, dónde alguien te mirará o hablará de una forma totalmente inesperada y por lo tanto te marcará el día, un lugar dónde escucharás una canción que no te podrás sacar de la cabeza. No te puedo decir más que lo que ya dije, y el resto lo puedes interpretar con cada una de nuestras fotos y momentos. Lo único que puedo hacer para dejarte una idea más clara sobre lo que fue y es África para nosotros es la siguiente traducción del último blog de Anto, redactado poco a poco, cuidadosa y exhaustivamente con el ojo antropológico de sus servidores (sobre todo de Anto) durante los 185 días que pasamos allá. Espero que lo saboreen como nosotros.

“ … Todo esto nos ha permitido desarrollar esta pequeña lista totalmente subjetiva de nuestros amores a primera vista así como de nuestros tragos amargos. Atención que esto que viene son puras generalizaciones y prejuicios que asumimos al 100%. No somos santos. De cualquier manera esta lista nos pertenece solo a nosotros y se basa en una realidad que hemos experimentado durante más de 6 meses! ¿Qué realidad? La nuestra. La de dos aventureros blancos (si, yo soy blanca) que intentaron vivir la realidad más local que pudieron y eso incluye TODAS las clases sociales.

Antes de entrar de lleno al tema, recordemos los países que visitamos por orden cronológico: Senegal, Costa de Marfil, Togo, Benin, Camerún, Tanzania, Zimbabwe, Madagascar y Sudáfrica.

  • Los mayores recursos naturales: Camerún, Tanzania y Madagascar
  • Los mayores tesoros culturales: Benin. Encontramos la perfecta combinación de “de todo un poco”.
  • La mayor calidez humana: Benin, Zimbabwe y Madagascar, en ese orden.
  • Los niños más felices y sociales: Costa de Marfil y Benin
  • La más variada gastronomía: Madagascar. Además de los muchos platillos que combinan recetas de África, Asia y Europa, los puestos del mercado están llenos de frutas y verduras que no encontramos en los otros países.
  • Los mejores productos lácteos: Madagascar !! Nos encontramos con yogurt casero y quesos artesanales en cada esquina!
  • Nuestra comida favorita: en Costa de Marfil. La Garba, muy simple pero buenísimo!
  • El país con los ingredientes/comidas más “extraños”: Camerún! (serpiente, gusanos, armadillo, etc …)
  • Las mejores cervezas: Camerún. No hay cervezas artesanales pero sí una amplia variedad de cervezas comerciales a precios inmejorables. La suerte quiso que, unas semanas antes de nuestra llegada, un ministro decretara que la cerveza de 500 ml sólo costaría 500 CFA (1 euro vale 650 CFA) … Aun así, mi cerveza comercial favorita es: El Libertalia de Madagascar!
  • La mejor música: Costa de Marfil. Sin embargo, incluso si no hemos sido, es evidente que la música nigeriana es muy popular en todo el continente, y algunas canciones son particularmente agradables (atención que esto es según los gustos musicales de Anto, conocido en México por haberse enamorado de la Jaiba mordelona y alguno que otro corrido…)
  • Los mejores jugadores de petanca: Madagascar! Simplemente increíble!
  • El país con más basura en las calles: Senegal
  • Oportunidades de negocio: Camerún para el turismo (hay que tomar en cuenta el presupuesto para la corrupción…). Abidjan ( en Costa de Marfil) también parece ser un importante centro para el comercio de África Occidental.
  • El mejor aeropuerto: Johannesburgo (Sudáfrica)
  • La mejor red celular (3G): Sudáfrica definitivamente. Madagascar tenía un muy buen servicio en comparación con la infraestructura general del país y las carreteras.
  • El peor internet móvil y fijo: Tanzania! Horrible…
  • Mejor transporte público: Benin. Aunque hay que decir que rentamos un carro en Sudáfrica y la calidad de este y de las carreteras nos hicieron recordar nuestros días Californianos, lo cual no cuenta para nuestra lista. Sudáfrica es Sudáfrica, no es África.
  • Las mejores carreteras y autopistas: Sudáfrica.
  • Las peores carreteras y autopistas: Madagascar! No tanto por la calidad de los transportes en sí ya que llegaron a ser relativamente cómodos, algunos incluso ofrecían wi-fi … Pero las “carreteras” permiten una velocidad máxima de 60km/hr la cual no siempre es posible alcanzar debido al mal estado de las mismas… En Madagascar hay que estar listo para que un viaje de 240 kms se convierta en un viaje de no menos de 12 horas !
  • La mayor diversidad arquitectónica: Madagascar (mezcla entre estilos franceses coloniales, árabes, orientales y africanos)
  • El mejor lugar para relajarse: la Isla aux nattes en Madagascar, nuestro pedacito de paraíso.
  • El mejor país para mochileros con poco presupuesto y cero prisas: Madagascar!
  • Las mujeres más bellas: Senegal
  • El país en el que el impacto cultural, social y mercantil es menos importante para un “occidental”: Sudáfrica
  • El país en el que el impacto cultural y social es más fuerte para un “occidental”: Senegal (para nosotros fue el primer país, así que culpen al choque cultural de la llegada, al clima, al jet lag, o lo que quieran …)
  • Donde sentimos inseguridad: Johannesburgo (Sudáfrica), sólo en esta ciudad! Para aquellos que dudan de la seguridad en el resto de los países africanos, pueden estar tranquilos porque jamás sentimos la más mínima agresión o peligro.
  • Países donde hay más mendicidad: Senegal y en ciertas zonas de Madagascar.
  • Los países dónde más se intentan chingar a los turistas (o al menos a nosotros): Tanzania y Senegal.
  • Países en los que más respetan a los turistas (o al menos a nosotros): Camerún y Zimbabue. En el caso de Camerún, este punto nos sorprendió mucho ya que es el país más corrompido de todos los que visitamos y hubiéramos pensado que esa filosofía estaría presente en todos los contextos sociales pero todo lo contrario, así que felicitamos a todos los cameruneses que hicieron una excepción cultural para tratarnos con decencia.
  • La capital más atractiva: Abidján y Ciudad del Cabo (Ok, no son capitales “diplomáticas” sino económicas pero el alma de capital nadie se las puede quitar)
  • El país que no vamos a recomendar: Senegal.
  • El país que no nos dejó nada en especial: Togo. Nos pasó de noche.
  • El país más fiestero: Camerún y Costa de Marfil.
  • Los hombres más coquetos: Camerún. Le preguntaban a Anto si les podía presentar a su hermana y no hablaban de Sandra sino de mí, estando parada a un lado.
  • El idioma más sorprendente: xhosa, Sudáfrica. ver aquí!
  • El peor equipo de fútbol: bueno, sólo vimos un juego (Togo y Túnez) … pero el nivel fue penoso: TOGO!

Y bueno. Todo esto es África según nosotros.
Si no nos crees, ¡pues caele!

 

 

 

 

 

 

De viajes y otras cosas de mujeres.

“Si supieras que terror me dio la primera vez que vi todas esas páginas en blanco, cuando me di cuenta que si no encontraba mis recuerdos tendría que inventarlos”

Esa es Carlota escribiéndole a su ya ausente Max, que habla a través de Fernando del Paso.
Me da la impresión que la vida de las mujeres es, por naturaleza, apasionante y dramática. Yo por ejemplo encuentro cada día un pequeño detalle que me hace ver mi existencia como si se tratara del centro del universo y me seguido me observo desde afuera como si mis días fueran las escenas de una película artística de corte muy alternativo. Afortunadamente rápidamente me doy cuenta que soy insignificante respecto al tamaño de este universo que habito, y me vuelve la cordura, cosa que por cierto Carlota nunca pudo recuperar.

Decidí dedicar éste blog a las mujeres, a mis mujeres. A todas. ¡Atención! Si eres hombre, no te vayas de mi blog, por favor. Te prometo que no trataré temas sexistas, anti machistas o menstruales; tampoco trataré de mitificar la imagen femenina como guerrera y dadora de vida, que, aunque lo puede llegar a ser, suele ser delicado y bastante subjetivo. De hecho, tu rol masculino formará parte fundamental de los comportamientos y experiencias que aquí pienso compartir ya que muchas de las historias tienen como tema central la relación que ellas mantienen con ellos.
Me siento orgullosa de escribir esto un 16 de junio y no un 8 de marzo porque de haber sido así, correría el riesgo de ser tomada por una feminista comercial; tal cómo esos que se declaran su amor el 14 de febrero (sin ofender, pero hay que aceptar que pierde autenticidad). Esta intención de rendir tributo a las figuras femeninas en mi vida se ha venido acentuando durante estos últimos meses en los que he podido conocer todo tipo de personajes, todo tipo de vidas, de vestimentas, de pieles, de cabelleras, todo tipo de esposas, de co-esposas (término utilizado en la religión musulmana para designar a la segunda, tercera o cuarta esposa), de hermanas, de hijas, de amigas. Sobre todo, amigas, porque aún con esta distancia colosal sigo teniendo la suerte de contar con, pocas, pero fuertísimas amistades y son sobre todo esas pocas mujeres las que sin saberlo me motivaron a teclear el día de hoy.

Para mí al principio fue muy difícil diferenciar entre las mujeres que quería que fueran mis amigas y entre las que estaban hechas para serlo. Pienso que la amistad sincera y profunda, es como una batalla campal, como el ritual de apareamiento entre dos animales; nada distinto a como veo las relaciones de pareja. Los primeros momentos, de antemano hay una comunicación silenciosa e imperceptible al ojo maquillado y envuelto entre restos de Miss Dior e Yves Saint Laurent, las feromonas se encargan desde muy antes que nuestras psiques de determinar si la compatibilidad femenina existe o simplemente seremos hipócritas por un rato para después dar gracias a dios por haber salido de ese espacio antes compartido. Una vez los cuerpos, las hormonas, receptores, vías aferentes, eferentes y demás duendes han hecho lo suyo, se lleva a cabo un análisis completamente consciente que se disimula entre frases y preguntas socialmente aceptadas:

  • ¿Y desde cuándo vives aquí? [ lo cual esconde un: ¿Qué tan estable es?, ¿Qué tan vulnerable se encuentra en este territorio?, ¿Representa un peligro o una aliada?, ¿Tiene un nido fijo?]
  • ¡Qué bonito pelo tienes! [puede significar igualmente “que bonito pelo tienes” cómo puede ser la expresión de “¡Pinche vieja, como quisiera tener tu pelo aunque te quedaras pelona”]
  • ¿Y a qué te dedicas? [tema delicado, a partir de la respuesta dada por la otra hembra, toda una serie de prejuicios y asunciones se desencadenarán a la velocidad de la luz dejando un terreno fértil ya sea para la admiración, el respeto o para la reprobación, los celos o la sensación de superioridad primitivamente animal]

Estas primeras horas, días o momentos de interacción con esa otra hembra en cuestión determinarán en gran parte el desenvolvimiento de ambas al encontrarse en el siguiente entorno, dependerá también de si este nuevo contexto le es familiar o no a una u a otra; del poder que cada una de ellas ejerza en ese territorio dado; la presencia o ausencia de machos en torno a ellas, etc.

Con el tiempo, si es que ambas deciden que es conveniente para su bienestar personal, seguirán alimentando esta relación animal e instintiva hasta que esta lucha inicial logre mutar y dar fruto a ese lazo vital y completamente necesario para la vida misma de las hembras en cuestión; por el contrario, la relación podrá degradarse paulatinamente hasta el punto en que ambas se den cuenta que el producto emocional de esa relación se vuelve más tóxico que placentero.

Le contaba a mi hermano el otro día, como repetidamente he comenzado mis relaciones amistosas femeninas de una forma un tanto de “cortejo” hasta lograr definir mis emociones. Porque hay mujeres que desde la primera vez que las he escuchado, observado, olido, sentido, me han causado un impacto importantísimo en mi vida, en mis ideas, mis percepciones, mis sueños. Recuerdo cuando la conocí; era seria, reservada, madura, fuerte, con una cabellera hermosa, nunca peinada pero siempre con una bonita caída de su pelo oscuro y ondulado, a veces un tanto fría, siempre impecablemente correcta, tanto que las palabras vulgares tomaban un sentido poético cuando me tocaba escuchar alguna salir de su boca. Desde el principio supe que quería tener una amiga así, pero me sentía como el niño ignorado de la clase que sueña con conquistar a la protagonista.  No era una relación lésbica lo que yo buscaba, pero aquí es donde les comparto que para mí el encuentro con mis mejores amigas, ha tenido (repito, para MÍ) casi siempre un inicio bastante romántico. Me tomó años llegar a tener la relación de amistad tan hermosa, tan sincera y tan libre que tengo hoy con ella y me siento feliz. Así como con ella, podría describir lo que recuerdo de los encuentros con cada una de mis, no muchas gracias a dios, amigas de corazón, pero el punto no es ese. El punto es que desde hace un tiempo me he detenido un poco más a valorar la calidad y las cualidades de las mujeres que influencian mi vida y también de las que la pintan a brochazos con apariciones a veces esporádicas, o explosivas y únicas, a veces paulatinas y duraderas, o incluso violentas y desagradables.

Hablarles de mis amigas de corazón sería peligroso (porque la mayoría leen este blog), delicado, quizás incómodo para ellas o tal vez aburrido para ti, por eso decidí transmitirte una parte de este caminar por distintos países, culturas e idiomas a través de mi visión femenina sobre el sexo femenino. Te presento a estos personajes, presentados aquí en el orden cronológico en el que los he ido conociendo, el cómo las conocí y la impresión que generaron en mí por más extraordinario o irrelevante que haya sido nuestro coincidir.

 Magette.

Nacionalidad: senegalesa

Edad: 25 ish

Magette forma parte de esta lista porque fue la primera mujer africana con la que tuve una conversación sincera y no únicamente una relación comercial a pesar de que ella era la hija del dueño del hotel en el que nos alojamos en Lac Rose, en Senegal. Era tímida y sonriente y era la encargada de prepararnos la cena todas las noches. Fue ella la que me propuso llenarme el pelo de trencitas la primera vez, obteniendo un resultado que me daba un aire más infantil que de mujer africana. De inicio no quería aceptar dinero a cambio del tiempo que paso escudriñando mi cabeza, cosa rarísima en Senegal dónde todo cuesta y si no eres de la familia o no hablas wolof (idioma casi oficial en todo el país además del francés) no solo cuesta, si no cuesta 4 veces más. Al final termino aceptando mi regalo y aprovechamos para hacer un intercambio de ropa en la que ella me regaló uno de sus trajes típicos; un vestido amarillo brillante con un pedazo de la misma tela que se coloca alrededor de la cabeza. Magette es una de las pocas (no la única) cosas positivas que me llevé de Senegal. El país más agresivo turísticamente hablando, y uno de los menos agradables a la vista desde los paisajes hasta la suciedad de sus calles.

Sireh.

Nacionalidad: senegalesa

 Edad: 40

Llegamos a su casa invitados a comer y a quedarnos una noche después de haber conocido a su esposo, Jean Luc en las calles de Ziuinchor en el sur de Senegal. Sireh salió de la cocina a recibirnos con una blusa azul rey sin mangas, pegada a su cuerpo musculoso y con un pedazo de paño africano que caía desde su cintura hasta la mitad de sus piernas, con algunas pulseras doradas que hacían juego con sus aretes del mismo color y contrastaban hermosamente con su piel negra, con un peinado hermoso, su pelo corto estaba adherido a su cráneo por una especie de goma permanente que dibujaba ondulaciones perfectamente ensambladas la una con la otra. En la cocina, entre recetas y explicaciones sobre nombres de alimentos que yo no conocía dejaba escapar un pequeño gesto y una semi sonrisa que decía más de lo que creía deber; poco tiempo después me contó que estaba ahogada, que el amor a veces se convierte en algo muy distinto sobre todo cuando tu rol principal es ser madre y responsable de 4 paredes y una cocina, ansiaba libertad a pesar de vivir como una reina en comparación de la gran mayoría de las mujeres en su país. Se había quedado con ganas de estudiar, de ser independiente. “¿Qué se siente que tu esposo tenga varias esposas, y que tu tengas que compartirlo de esa forma? ¿Qué pasa con el amor?!” “El amor comienza igual, solo que con el tiempo el amor se va acomodando a la realidad y se convierte en otra cosa… Así es. Yo le he dicho a Jean Luc que está bien que tenga otra esposa, así ella se encargaría de las labores de la casa y yo tendría más tiempo para hacer un negocio o ser más independiente”. Sireh cambió completamente la percepción que yo tenía de la poligamia musulmana.

Esther.

Nacionalidad: Senegalesa – Francesa

Edad: 3 años

Les parecerá extraña la corta edad. Nuestra relación comenzó violentamente y no tengo claro como terminó, creo que a mí me dejó más un desconcierto respecto a la educación infantil y el poder tiránico de los niños sobre los padres, más que un recuerdo tierno. Esther era la más pequeña de la casa, vivía con su hermana Vanessa de 9 años de edad y su madre quien era la fiel trabajadora de Cristian desde hace años. Cristian es un francés de unos cincuenta y tantos años que conocimos gracias a que un tío lejano de Anto nos puso en contacto con él. Cristian había tomado el papel de tutor legal económica y emocionalmente debido a situaciones sociales y familiares algo complejas; el problema es que Cristian viaja mucho debido a su trabajo y las niñas, sobre todo Esther presentaban signos alarmantes de una falta de respeto impresionante hacia su madre que al mismo tiempo era la “trabajadora” de la casa y por tanto de ellas como “hijas” de Cristian. Esther me recibió el primer día golpeándome con un pedazo de madera porque no le quise regalar el papel dónde estaba escrito el contacto del taxista que su madre nos había conseguido, por lo tanto, antes que una caricia en la mejilla o un abrazo tierno, le dije con voz fuerte que no me gustaban los golpes y que le pedía por favor que me respetara. Por más adulto que suene, entendió perfectamente y aunque frustrada por no poder seguir atacándome, se retiró a su pupitre de plástico llorando. Los días transcurrieron más o menos de la misma forma con Esther tirando la comida en el piso, Esther gritando cuando algo no se hacía de la manera que ella deseaba o con Esther golpeando a su mamá frente a todos por no obtener lo que había pedido. Esther me enseñó muchas cosas que debo recordar si algún día soy madre, respecto a todo lo demás, no creo estar en posición de juzgar.

Diana.

Nacionalidad: Togolesa

Edad: 30 ish

¡Ah Diana! ¡Cómo olvidarte! Nuestro encuentro con este espécimen único e irrepetible tuvo su inicio en el norte de Togo cuando Anto y yo nos preparábamos para pasar al siguiente país, Benin. Comiendo en un restaurant sobre la calle principal de Kara, Anto identificó en la mesa de un lado a un hombre que aparentaba unos sesenta y pico de años, con una buena cara de francés quien comía acompañado de la que parecía ser su pareja, una chica de unos treinta años, de apariencia local o africana, que respecto a prejuicios es lo mismo. Cabe mencionar que este tipo de combinaciones son extremadamente comunes en las calles de casi todos los países que hemos visitado, y para ese momento del viaje el morbo sobre las relaciones o las conjeturas ya no nos divertían tanto como al principio, por lo que solo observábamos y dejábamos pasar. Después de unos minutos de indecisión Anto se paró de su silla y se dirigió al hombre quien después se presentaría como Remi. Diana se mantuvo seria desde el principio lo cual también es una actitud muy común en las mujeres locales, sobre todo cuando la conversación es dominada por temas de viajes y cosas que “hacen los blancos” como ellos mismos suelen decir con un tono despectivo. Mientras que los hombres intercambiaban consejos, datos, indicaciones, y señalaban puntos en el mapa que Remi amablemente fue a sacar de su carro, yo comencé a tratar de establecer un dialogo amigable con Diana. Al final de la comida el plan estaba hecho, saldríamos al día siguiente en la mañana los 4 juntos en el carro de Remi rumbo a la frontera con Benin y continuaríamos juntos para hacer nuestro primer Safari en el parque de la Pendjari. Obviamente ofrecimos compartir todos los gastos generados y todo anunciaba un bonito trayecto. Aún no sé cómo todo eso degeneró al punto de terminar, 48 horas después, los 4 sentados en mesa redonda, con nuestro guía como mediador, explicando porque la señora Diana quería dejar abandonados en medio de una reserva de animales salvajes a los dos extranjeros (o sea Anto y yo). Lo que logré comprender fue qué a lo largo de esas 48 horas, mi escaso dialogo con Diana logró tocar fibras tan sensibles en su persona que llegó al punto de gritarme “No soy una niña como piensas. Tu tuviste la suerte de encontrar a alguien de tu edad pero eso no te da derecho a asumir que yo estoy con él por interés (…) ¿crees que eres Dios? ¿Acaso creaste al mundo?”  Esa fue la última frase que escuché salir de la delicada boca de Diana.

Pauline.

Nacionalidad: Francesa

Edad: 24 años?

Los museos son lugares ideales para conocer un poco de historia y cultura de los lugares a los que vas, pero también un punto de rencuentro inconsciente pero inminente de otros turistas que buscan lo mismo que tú. Así conocí a Pauline, en realidad así conocí a Anais, Claire, Jacob, Judit y Pauline, quien a diferencia de las primeras dos, durante todo el recorrido se mantuvo presente en cuerpo pero muy muy lejos en espíritu. Siempre pegada a su celular y con una actitud que me generó indignación y un poco de pena. Después del encuentro de varias horas en el museo y más tarde en un bar, Anais y Claire muy amables nos invitaron a pasar unos días en la casa que rentaban en Porto Novo a algunos kilómetros de distancia de dónde nos habíamos conocido. Al llegar a la casa mi percepción respecto a Pauline cambió bastante, sobre todo después de haber caído por un pretexto de fotos y discos duros en su cuarto, me abrió su corazón que no esperaba mucho para dejar salir todo lo que lo hacía sufrir desde hacía unos días. Se encontraba en una especie de servicio social que ella había elegido pero que unos días antes de tomar el avión se dio cuenta que no era lo que deseaba, dejó a su novio-prometido de toda la vida en Francia y era principalmente eso lo que la hacía mantenerse conectada a PER-MA-NEN-CIA en su teléfono. El entorno social, un tanto precario del país al que llegó, los largos caminos en transporte público para llegar al lugar dónde daba clases a los niños y la idea sofocante de que aún le restaban 2 meses en esa situación la hacían hablar entrecortado y mientras me contaba todo eso, evadía un poco mi mirada como si eso evitara que yo pudiera ver la capa cristalina y brillante que cubría sus ojos tristes. Traté de ofrecerle lo que tenía, mis historias las más parecidas a las suyas, los momentos en los que yo también dudaba de estar dónde debía de estar, la traté de reconfortar diciéndole que el amor de toda una vida se mantendría inmutable durante los cortos meses que la separaban de su amado y que incluso podían llegar a generar un efecto magnificador y positivo. No sé qué tanto tiempo resonó el eco de mis palabras en su mente ya que pocos días después Anto y yo nos fuimos de ahí para continuar la ruta y no he vuelto a hablar con ella. Ahora mismo pienso que sería un buen momento para averiguarlo.

« M. »

Nacionalidad: camerunesa

Edad: treinta y tantos

En realidad, por más que intento no recuerdo su nombre, pero su cara y sus palabras las tengo muy presentes. Tal vez sea mejor comenzar por contarte como conocí a su esposo. Una noche tomando unas cervezas con nuestro amable anfitrión en la ciudad de Buea, concimos al susodicho: traje gris, camisa morada, una chica muy guapa sentado a su lado derecho de la mesa a quien no tuve la suerte de conocerle la voz ya que en las horas que pasamos discutiendo y tomando, jamás opinó. Este hombre es una de las personas más arrogantes que me ha tocado cruzar en este viaje, lleno de orgullo mal fundado, negación ante la situación social, económica y sanitaria de su país, claramente manchado y beneficiado por la corrupción del mismo, ignorante y con mucha seguridad al hablar. La noche terminó con Anto asegurándole que le ganaría fácilmente si llevaban a cabo una competición de “comer picante” y el hombre indignado por escuchar a un güero ojo verde atreverse a decirle eso, propuso una cita la noche siguiente para cenar en su casa. Entre bromas e intentos de evasivas nos retiramos del lugar agradeciendo por la velada y deseando que su proposición hubiera sido únicamente producto de su alcoholemia. Desafortunada y afortunadamente no fue así. Llegamos a la casa y nos recibió M, sonriente, algo tímida pero claramente complacida de que estuviéramos ahí. Probamos los platillos que nos ofrecieron y al poco tiempo nos encontramos como en un grupo de primaria dónde los niños forman círculo cerrado con los niños y las niñas hacen lo mismo. Nuestro grupo estaba formado por M, Judith una amiga suya y esposa de un colega de trabajo del señor de la casa y yo merita. La conversación comenzó por su interés y emoción respecto a él ¿Por qué? de nuestro viaje, fue pasando por citas de telenovelas mexicanas, elogios a mi pelo y finalmente fue entrando a temas un poco más sensibles como la vida de madre, de esposa, la fidelidad y sobre todo, la infidelidad masculina. Pocos minutos después M nos decía con los ojos medio lloroso que esa mañana había recibido un mensaje en su celular de la amante de su marido. Apenas ahí me pude imaginar la fuerza de la mujer para preparar una cena, recibir con una sonrisa y al mismo tiempo lidiar con las ganas de estallar en llanto y salir huyendo. Judith, guapa, joven, maestra al igual que M y madre de dos hijos, consolaba a su amiga diciéndole que tenía todo su apoyo y reprobando rotundamente la conducta del hombre. Después de esto agregó “Cometió un gran error, nosotras sabemos que todos tienen sus aventuras, yo también he descubierto mensajes así en su celular pero él siempre lo ha negado y ella nunca ha tratado de contactarme; no nos gusta pero así es, el problema aquí es que ella no está respetando las reglas. Cuando esas aventuras cruzan la puerta de tu hogar o se atreven a contactarte como ella a ti, quiere decir que ÉL no está sabiendo manejar correctamente la situación”. Después de ese giro en la discusión, hubiera preferido a volver a hablar de telenovelas y productos para el cabello. No tuve mucho más que decir.

Mi mochila, mi casa.

Hice mi primer viaje transoceánico y específicamente transatlántico cuando tenía 13 años. Mi estancia duraría un mes. Mis padres no vendrían conmigo, mi tía me invitó a pasar el verano con ella, sus 3 hijos y su familia en el suroeste de Francia. Recuerdo perfectamente la maleta con ruedas azul marino y roja que mis papás me compraron y recuerdo que iba llena hasta el tope de los objetos que formaban, en aquella época, mi vida puberal. Recuerdo que llevé una botella de plástico con 1.5 litros de champú transparente que olía bastante bien. Recuerdo que esa enorme botella se me calló en el baño de mi nuevo hogar temporal apenas pocos días después de haber llegado y recuerdo que sufrí amargamente por darme cuenta lo inútil que había sido importarla a 10,000 km de distancia.

15 años después de eso, sigo aprendiendo de mi misma a través de mi equipaje. Esta última vez decidí hacer la maleta más pequeña de mi vida viajera y aun con todo esto en mente creo que fallé en muchas cosas. Por eso decidí elegir este tema que, aunque distinto a los previos, lleva también su carga emocional ya que cada día veo a mi mochila de una forma más humana y personal. Al fin y al cabo, es el armario dónde guardo mi ropa, la cajuela dónde cargo mis compras, una parte de mi baño, mi alacena con comida, mi caja fuerte, el canasto de ropa sucia, mis cajones con ropa limpia, mi estudio con libros, mi cama, mi salón de clases de yoga; es dónde guardo celosamente todo lo que decido que me acompañará día tras día en este viaje y creo que todas esas funciones merecen cierto respeto y cariño.

Los siguientes son recuentos de mi vida nómada y algunos consejos para ti que tal vez deseas viajar algún día de estos ya sea a 10 o a 10,000 km de lo que llamas hogar.

5 cositas para comenzar.

  1. Si vas a viajar, lo primero que seguramente aparece en tu cabeza es esa foto de postal en la que piensas cuando imaginas tu destino. Sal por un momento de esa imagen perfecta y tal vez así logres tener el corazón y la cabeza un poco más fríos para pensar en las cosas que necesitarás llevar. Piensa que por más blanca que sea la arena, por más transparente que sea el agua o por más blanca que sea la nieve, tu seguirás siendo el mismo y seguirás teniendo las mismas necesidades que tienes día a día en tu rutina de vida.
  1. Ya sabemos a dónde vas, ahora ¿cuánto tiempo piensas estar en ese lugar? Aunque sinceramente te puedo confesar que no creo que haya mucha diferencia entre una maleta para 7 o 367 días. La ropa que más te gusta o la que más cómod@ te hace sentir es la que seguirás usando durante tu viaje y es imposible que quieras cargar con una combinación para cada día de tu estancia sobre todo cuando esta se alarga por más de 2 semanas, así que el secreto está en combinar.
  1. ¿Qué tipo de viajero eres? Anto y yo, por ejemplo, somos del tipo salvaje, económico y paciente. Una prueba ejemplificada: hace unos días tomamos el ferry nocturno que nos llevó de Stonetown en Zanzibar a Dar es Salaam en la costa este de Tanzania; pagamos 40 dólares por el trayecto y por 30 dólares más podíamos haber tomado el ferry que salía ese mismo día 9 horas más temprano (salir a las 12pm en lugar de vagar 9 horas en la ciudad esperando la salida a las 9pm) y hubiéramos podido recorrer el mismo trayecto en 2 horas en lugar de 9 horas. En cambio, decidimos ahorrarnos 30 dólares y otros 20 de la noche de hotel, esperar 9 horas caminando en Stonetown, salir a las 9pm, dormir más o menos incómodamente en la cubierta del ferry y llegar al día siguiente a las 6am. Alguien me diría  “…ni que fueras taaan pobre..” pero el problema no es tanto la cantidad de dinero, es más como un reto personal en el que tratamos de descubrir que tanto dinero podemos ahorrar compensándolo con nuestra paciencia y el sacrificio de la comodidad. Nosotros decidimos vivir así porque nuestro viaje tiene una duración más o menos indeterminada y menos gastos significa un día más de viaje en algún otro lugar del mundo, lo cual nos emociona. Yo te recomendaría ser totalmente sincero contigo mism@ y simplemente pregúntate que tanto estás dispuesto a sacrificar y que tanto estas dispuesto a pagar para viajar como tú lo deseas y una vez habiendo decidido, disfrútalo al máximo, ya sean 7 días de lujo extremo o 300 de presupuesto recortados.
  1. Toma un papel y una pluma y haz una lista con todo lo que crees necesitar. Piénsalo de nuevo. Borra las cosas que te hacen dudar más de 2 segundos.

¿De verdad lo necesitas o es tu vida diaria la que te hace pensarlo?, ¿Crees correr el riesgo de morir si no lo llevas o solo tendrías que adaptarte al momento? Yo pienso que la mayoría de las veces, no eres tú quien hace tu maleta, sino el Miedo que vive permanentemente en tu mente y mi mente. “Me llevo el spray de pimienta por miedo a ser atacada en las calles, me llevo 3 botellas de protector por miedo a quemarme y miedo a que en aquella ciudad no encuentre uno de la misma calidad, chamarra por miedo a tener frío, shorts por miedo a tener demasiado calor, mi botiquín por miedo a enfermarme, miles de aplicaciones en el celular por miedo a no entender, o que no me entiendan, miedo a tener hambre, miedo a no saber. Solo tú conoces tus miedos más profundos y créeme que ni viajando a 10,000 km de tu hogar lograrás deshacerte de ellos. No importa, llévalos a pasear contigo, tal vez pronto se den cuenta que no tienen razón de ser, se dejen morir de tristeza y tú tengas un peso menos que cargar en ese viaje.

  1. Cuándo esos miedos te ataquen violentamente, piensa un momentito ¿y cómo hace la gente que vive allá? Existen artículos tan básicos en la vida diaria que todo el mundo hemos aprendido a necesitarlos, por lo tanto, podrás encontrarlos en ese lugar al que vas. Tal vez el precio o la calidad no sean exactamente los mismos, pero depende de ti determinar que aprecias más, el costo, la calidad del artículo o el espacio en tu maleta. Si quieres darte una idea más específica u objetiva siempre tienes a google, wikipedia, triposo o alguno de los tantos foros o blogs de viajeros que seguro ya pasaron por lo que tú estás pasando.

¿Qué hay dentro de mi casa?

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  • 12.5 kg según el último pesaje en el aeropuerto de Douala en Camerún.

ROPA. Tema escabroso, sobre todo para las mujeres creo. Claro que llegué a pensar “¡Que triste será salir siempre con la misma ropa en las fotos de un año de viaje!”, pero bueno, después de varios ensayos de hacer la maleta me dije que había cosas peores en la vida de una persona. Al final decidí echar:

  • 2 pantalones de caminata, ligeros, fáciles de lavar, colores combinables. 1 pantalón de mezclilla, un short de mezclilla, un vestido ligero y largo, estas últimas 3 prendas las regalé a mujeres que me fui encontrando en el camino. Así que un consejo sería: lleva cosas que te gusten lo suficiente para que te sientas bien usándolas, pero que aprecies lo suficientemente poco como para deshacerte de ellas en cuanto sientas que son innecesarias o en su defecto, que no sufras demasiado en caso de que las pierdas involuntariamente.
  • Aproximadamente 10 camisetas-blusas la mitad tipo deportivas, la otra mitad un poco más “bonitas” por si hay días que te quieres sentir un tanto “nena”. También he regalado varias y comprado algunas otras tratando de que el espacio que ocupan se mantenga constante. Por respeto a la ley de la impenetrabilidad.
  • Un par de tenis o zapatos de caminata, un par de chanclas o zapatos cómodos abiertos. Por alguna razón yo metí un par extra de tenis muy ligeros “por si acaso” los cuales he usado una vez en 4 meses por lo que me arrepiento, pero no me he atrevido a regalarlos por el valor sentimental que tienen para mí. Dos errores en un mismo objeto “por si acaso” y “valor sentimental”.
  • Ropa interior, yo diría entre máximo 7 calzones de tela muy ligera y fácil de lavar y secar; 2-3 pares de calcetines, un traje de baño y lo que sea que uses para mantener quietas y cómodas a tus glándulas mamarias (si eres hombre, no sé si necesites algo más).
  • Depende del clima al que te dirijas, pero al menos una chamarra ligera que proteja de viento, lluvia y frío, es una muy buena idea.
  • Si viajas a algún país “subdesarrollado” es muy probable que te encuentres como nosotros con un mercado de ropa usada en casi cualquier ciudad por la que pases, así que no te preocupes si olvidas algo vital. Hace una hora compré una buena protección contra el frío, materia fácil de lavar, en muy buenas condiciones por 3 dólares.
  • P1090276.JPGSi eres súper sensible al frío como yo, un kit de protección nocturna es una buena idea, una sábana doblada y cocida por los extremos te da una buena protección y sobre  todo evitará que tu piel toque algunos colchones que dan ganas de llorar y vomitar en lugar de ganas de dormir. Una noche decidí usar mi tapete de yoga sobre el colchón, meterme en mi sábana y rociar mi alrededor con protector de mosquitos con olor a citronela, fue la única forma en la que logré dormir y dejar de pensar en toda la humanidad que había pasado por ese lugar antes que yo. Si tomarás vuelos largos para llegar a tu destino te recomiendo que hagas como yo y aceptes el regalo de la aerolínea, cojincito y cobijita. Gracias Aeroflot.Si tienes algo para cubrir tus ojos te podrías ganar unas cuantas horas de sueño en lugares incómodos como la cubierta de un ferry con luces mercuriales encendidas toda la noche.

¡GADGETS!

Soy fan de los gadgets y sobre todo los que tiene una mínima, pero existente posibilidad de ser utilizados en alguna situación muy específica, en pocas palabras cargo con cosas que casi nunca uso pero que podrían solucionarme muchos problemas potenciales. También traigo cosas que si nos son útiles todos los días, por ejemplo:

  • Primero que nada, un adaptador eléctrico según la región a la que vas.
  • Un toma corriente múltiple es una buena idea si tienes muchas cosas que cargar simultáneamente. Cámara fotográfica, teléfono o GPS, computadora, batería externa, Kindle, resistencia eléctrica para cocinar.
  • P1090280.JPGMultihub USB puede ser útil ya que muchos de los artefactos actuales se cargan de esta forma, así que tu computadora puede ser la fuente de energía para varios elementos.
  • La funda morada que aparece en la foto es una batería externa para mi celular, lo cual significa que, si en medio del día me quedo sin batería y no tengo opción de conectarla, mi funda vuelve a cargar mi celular dónde sea que este. Muy útil. Me ha salvado de varias perdidas en la ciudad.
  • El rectángulo azul es una batería extra con la que puedo revivir cualquier aparato electrónico que tenga una conexión USB como entrada, también muy útil.
  • Nunca me había atrevido a tener un dispositivo de lectura digital y puedo decir que estoy contenta de haber comprado este Kindle, práctico sobre todo respecto al espacio que requeriría cargar con 10 o 20 libros. Yo uso la aplicación de Calibre e-book management que te permite cambiar cualquier formato de publicación a .AZW3 (para amazon) o .MOBI (también aceptado por los dispositivos Kindle).
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  • Decirte que traigas una cámara fotográfica está de más. Ya sea que las prefieras pequeñitas, compactas , simples, potentes, con objetivos enormes, que vayan bajo el agua o simplemente tu celular, no cambiará mucho la historia. Igual la imagen se quedará en lo más profundo de tu memoria interna.
  • Una computadora ligera, con una buena batería, buena memoria o en su defecto como la mía, un buen disco externo.
  • Par de audífonos para esas noches largas de camiones, barcos, aviones o noches de insomnio.
  • No olvides tus lentes de vista en caso de usar.
  • Una memoria USB por si tienes cosas que compartir con gente en el camino.
  • Una memoria extra para tu equipo fotográfico en caso de pérdida o falta de espacio.
  • Entre una lámpara frontal y una lámpara de mano, te aconsejo la frontal. Al momento de ir al baño, lavar tu ropa en la oscuridad, leer por las noches o durante los cortes de corriente mientras buscas algo en tu cuarto de hotel, agradeces el tenerla.
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  • Otros pequeños detalles muy útiles como ese artefacto verde que se observa en la foto, se recarga con luz solar y emite un ligero sonido que aparentemente repele mosquitos y otros insectos hasta 5 metros a la redonda (no sé, pero me gusta creerlo), un pequeño recipiente de cola-loca puede salvarte unos lentes rotos, una cuerda puede permitirte colgar tu mosquitera en cualquier patio o azotea cuando dentro del cuarto estás a 35 grados y 85% de humedad, aguja, seguros  e hilo pueden ahorrarte dinero, permitirte seguir usando una prenda o salvarte un momento del día. El encendedor sinceramente no me ha servido de nada.

SALUD.

Hasta hoy, incluso en los rincones más pintorescos y menos modernizados me he encontrado con farmacias en cualquier esquina con precios más o menos equivalentes a los de las “grandes urbes”. Mi miedo a no traer lo suficiente me hizo cometer otro error y llenar de más mi botiquín, pero no es un error tan grave ya que lo he ido desocupando cuando encuentro gente que le puede dar un uso correcto. Así que te recomiendo lo básico:

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  • paracetamol 500mg (fiebre).
  • ibuprofeno 200, 400 u 800mg (dolores, inflamaciones).
  • Antihistamínicos de la preferencia de tu médico.
  • El antibiótico se los dejo al criterio de toda la comunidad médica que te redea (tus amigas, tías, abuelas, mamá), yo traigo conmigo dos tipos de antibióticos y un amebicida por el tipo de lugares en dónde viajamos.
  • Medicamentos específicos que requieras según tu condición personal de salud o la región del mundo a la que vas. Por ejemplo, nosotros traemos desde el primer día la profilaxis antibiótica para la malaria, así como el tratamiento curativo en caso de que la profilaxis haya fallado en su afán.
  • Si vas hasta el extremo de la precaución, las recetas de tu médico con la prescripción de los medicamentos que llevas, por si acaso en algún aeropuerto o revisión quieren encontrar un pretexto para causarte problemas.
  • Pastillas para hacer potable casi cualquier agua (tricloseno sódico). Muy útil si viajas por largos periodos, ya que el agua embotellada puede ser un gasto considerable al final de algunos meses de viaje.
  • Un termómetro.
  • Unas tijeras.
  • Unas cuantas gasas de preferencia estériles.
  • Una venda elástica.
  • Cinta adhesiva.
  • Una botella pequeña de yodo o alguno de sus derivados, muy práctico para lavado de heridas, desinfección del agua con la que puedes lavar verduras, frutas, o incluso hacer gárgaras en caso de inflamación faríngea (garganta) o inicio de infecciones de encías o dientes.
  • Un kit anti veneno. Tal vez un poco “de más” pero imagino que, en el momento de ser picado por algún animal, no te arrepientes de haberlo cargado 6 meses.
  • Yo cargo con algunos dientes de ajo, un muy potente antinflamatorio, desinfectante, antiparasitario, antiviral, antibiótico. Bueno para limpiar heridas, tomar en infusión o incluso tragarlo como pastilla dependiendo del problema.

 

TU PROFESIÓN Y TU VIAJE.

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Yo me traje un pedacito de mi trabajo al viaje, más por precaución que por apasionada. Traje mi estetoscopio, mi esfigmomanómetro y un mini estuche de diagnóstico que mi papá me regalo. Con esto no solo logro tener un pequeño consultorio en mi mochila sino también representa una oportunidad de trueque. Uno nunca sabe cuándo el tomarle la tensión arterial o dar una consulta médica a alguien, pueda sacarnos de algún problema o  permitirnos ser mejor recibidos en algunos lugares. Estoy segura que casi todas las profesiones se pueden llegar a adaptar a una rutina de viaje, todo depende de tu flexibilidad mental y la flexibilidad social de tu profesión.

ARTÍCULOS PERSONALES.

  • El jabón de cuerpo, lo compras en cualquier esquina y además en cada hostal u hotel te darán uno así que no te preocupes por traer demasiado.
  • Te recomiendo ampliamente una toalla de microfibra, absorbe bien y seca muy rápido.
  • P1090263.JPGUna pequeña barra de jabón de ropa o jabón en polvo y una bolsa de plástico para separar la ropa sucia de la limpia, es buena idea. Lavar todas las noches la ropa del día o al menos la ropa interior te evitará cargar con ropa de más, claro que dependerá del clima y que tanto tiempo pretendas quedarte en ese lugar.P1090254.JPG

    Tratamos de lavar en cuanto sabemos que nos quedaremos dos o más días en un mismo lugar o cuando el clima anuncia un poco de sol.

  • Mujeres, la copa menstrual es muy práctica, te ahorra gastos mensuales y te ayuda a disminuir un poquito la contaminación por toallas sanitarias y tampones en nuestro planeta :). Muy recomendada.
  • Escucha a tu mamá. Yo escuché a la mía y acepté una bolsa negra, simple, que se cruza y que tiene mil recovecos dentro. Mucho más práctica que una mochila ya que para sacar dinero, cámara, protector solar o agua cada 5 minutos es mejor tenerla frente a ti que en la espalda.
  • Si tu vista depende de lentes con aumento te recomiendo considerar llevar un repuesto. Otra vez, esto depende del tiempo que pienses vivir viajando, pero lo cierto es que un accidente puede suceder desde el primer minuto hasta 6 meses después de haber dejado tu casa, así que en mi filosofía es mejor prevenir que sufrir un dolor de cabeza de duración indeterminada.
  • Si tienes alguna actividad que te de paz, que te haga feliz, que te haga reír, que te haga sentir más tont@, menos tensa, más san@, si tienes algo así en tu vida, no lo dejes en tu casa. Por más ilógico que parezca, intenta llevarlo contigo. Yo traje un tapete de yoga, más ligero que el mío pero que en términos emocionales tiene el mismo efecto. Me hace bien y me ha salvado en varias noches que nos toca dormir en el piso. Totalmente recomendado.
  • Carga con un cuadernito donde escribas lo que te pase por la mente y corras el peligro de olvidar.  Puede ser útil leerlo al día siguiente o divertido si lo haces meses o años después.

 

COCINA.

Creo que la cocina es una de los lugares que más extraño de nuestra última casa. La posibilidad de preparar algo que comer, de decidir que me llevo a la boca. Anto me dijo ayer que iba a escribir un libro que se llamará “Los 4 estados de Astrid” los cuales aparentemente predominan y controlan mi persona, uno de ellos es el comer. Amo comer. Pero amo comer bien. Me deprime haber comido algo que no disfruté o algo que sé que es nocivo para mi salud. Es un don y una maldición. Cada plato es un ritual sagrado para mí. Para Anto no tanto, lo cual hace nuestras comidas toda una aventura a veces mágica a veces violenta. Tal vez simplemente esto te parezca demasiado y disfrutes ir 3 veces al día a un restaurante (y tienes el presupuesto para hacerlo) pero nosotros disfrutamos los momentos, que se han vuelto nuestra rutina personal, el hacer un sándwich de atún y tener un té por las noches mientras vemos una película en nuestro cuarto de hotel, se siente casi como estar otra vez en nuestro hogar.

En fin, si compartes algo de esto tal vez te hará tan feliz como a mí cargar esto en tu mochila:

  • Una mágica resistencia eléctrica (no se nada de voltajes y tipos de corrientes, así que revisa antes si podrás conectarla en el lugar al que vas)que te permite calentar agua para hacer un té por las tardes, un café por las mañanas o poner agua a hervir para cocer un huevo cuando en las calles lo único que encuentras son panes fritos, cerveza y galletas. Es una de las cosas que más valoro de mi actual alacena.
  • Un buen cuchillo, yo cargo con un buen Laguiole que me regaló mi querido Jean Pierre.
  • Un par de cubiertos que hacen las veces de cuchara, tenedor y cuchillo pueden ser muy útiles.
  • Al menos un recipiente metálico dónde puedas poner el agua a calentar y posteriormente preparar tu bebida o echar ese famoso huevo.

 

¿Sigues en tu casa o ya te fuiste a viajar? Tal vez ni siquiera piensas viajar, tal vez algunos de mis intentos de consejo también se apliquen a tu vida diaria. ¿Si vas a viajar? Entonces donde sea que estés o a dónde sea que vayas, solamente disfrútalo. Sé tú mismo por favor. No cambies nada, no dejes que te juzguen si no eres “el tipo de persona que viaja así”; viajar no es necesariamente cambiar, viajar es permitirte ver otros entornos con los mismos ojos con los que naciste y con los que morirás. Tal vez te pasará como a mí, tal vez algunos días del viaje te sientas mal por no estar “a la altura”. He llegado a sentirme culpable por no amar las cucarachas, la humedad intensa, los olores a sudor agrio en el transporte público, las texturas extrañas en la comida, mal por extrañar mi cama, por tener días en los que deseo regresar; pero he llegado a la conclusión de que para disfrutar realmente este capítulo de mi vida debo hacer simplemente lo mismo que he hecho con el resto de ella: respetar mis sentimientos por más vergonzosos que a veces me parezcan, respetar mis impulsos porque alguna razón de ser tendrán y amarme tal cual.
Hasta hoy no cargo con cosa más útil en mi mochila.


Y dime lector, ¿Te sirvió de algo todo esto o prefieres cuando me pongo romántica y hablo de todo y de nada vagando en lo subjetivo? Espero tu respuesta.

 

¡BUEN VIAJE!

Mi ruptura con Facebook.

Comienzo a odiar Facebook.

Comienzo a no disfrutar ese juego interminable de odio y amor intercalados entre cada publicación superflua. ¿Quién me obliga a pasar sesiones enteras de envidia, deseo, lástima, arrepentimiento, sufrimiento, nostalgia y sueños mágicos?

Durante estos 3 meses de viaje Facebook se ha convertido en uno de esos duendes con personalidad dual; reconfortante e hiriente al mismo tiempo. Ha sido una de las maneras más sencillas de asirme fuertemente a mi país, compartir mi presente contigo, con mis amigos y mi familia y un lugar dónde cada noche logro reencontrarme con la esencia de mi ser social, la cual no encuentro mientras camino en las calles de estos países. Fotos tontas, chistes políticos, anécdotas de mis seres queridos. Pero también es un peligro inminente y he decidido desde hace unos días tomar cartas en el asunto.  Ahí te va una lista de puntos que te harán entender cómo fue que llegué a esta ruptura sentimental con mi ícono azul.

No soy la misma que dejó todo para viajar. Tengo tres meses de haber cambiado radicalmente mi ubicación en el GPS, Google ya no dice México en letras chiquitas y azules, ahora dice Camerún; mi alimentación no es la misma, las cosas crudas y frescas han pasado de ser mi placer saludable a un foco inminente de contaminación; mi rutina de sueño es distinta, no me voy a quejar de eso; mi rutina de actividad física tuvo un cambio radical y aunque hay días que caminamos 5, 8 o 10 kilómetros, también hay días que pasamos 12 horas seguidas sentados en un camión de transporte colectivo. Mis prioridades diarias son otras, la última compra que me hizo inmensamente feliz fue una resistencia eléctrica que me permite calentar el agua en unos cuantos segundos, ideal para nuestros cafés instantáneos matinales. Ya no recuerdo cómo se siente trabajar y sé que poder escribir esto es un lujo que no muchas personas se pueden dar en la vida. Saboreo mi vida de vaga sin oficio, pero espérate un poco antes de que me envidies, que las consecuencias mentales y físicas no se han hecho esperar.

  1. Me siento como como.

“Aquellos que comen grandes cantidades de frutas y verduras son menos propensos a ser ansiosos o deprimidos; la relación existía independientemente de la edad y condición social…una mayor ingesta de vitaminas y minerales puede estar asociado con una mejor salud mental” [1]

“De forma adicional, las deficiencias de ácido fólico o de vitamina B12 causan concentraciones elevadas de homocisteína, lo que puede contribuir a la patogénesis de los desórdenes del ánimo mediados por la respuesta vascular” [2]

“Los estudios clínicos de alimentación o suministro metabólico han demostrado que los individuos alimentados con dieta marginal de selenio reportan más síntomas de depresión y hostilidad que los individuos alimentados con altas dosis de selenio” [3]

 “Fatiga, irritabilidad, apatía y la incapacidad para concentrarse son síntomas frecuentes de deficiencia de hierro. La deficiencia de hierro sin anemia se asocia con altos puntajes de depresión entre mujeres jóvenes que toman anticonceptivos orales” [4]

“La mayor parte del zinc se localiza dentro de las vesículas sinápticas…como un neurotransmisor… es necesario para la síntesis de ADN y la estabilización de la membrana celular. La deficiencia de zinc causa inmunosupresión, lo cual también es una causa frecuente de depresión” [5]

No, no estoy deprimida. Pero siendo completamente sincera contigo si tengo momentos en los que me percibo ansiosa por cosas totalmente triviales e irrelevantes. Esto no es algo nuevo, toda mi vida he sido así, soy el tipo de compradora que puede pasar horas en los pasillos comparando cantidades, precios, calidades y al final no llevar nada por miedo a que no sea una buena idea.
No, no estoy deprimida. Y no, no voy a comenzar con conductas patológicas de la alimentación. No estoy hablando únicamente de kilos (aunque muy probablemente si he ganado unos 2-3), hace meses que no me subo en una balanza. No, no es una preocupación superflua por lo que puedas pensar si me ves una lonjita por ahí en una foto o si captas un ángulo en el que la papada me hace ver rara. , cuando sonrío en las fotos que ves de mí, mi felicidad es real. No, no hago esta declaración abierta para esperar un “estás hermosa mijita, no te preocupes”. No es eso lo que necesito. No espero palabras de reconfort. Al contrario, me atrevo a abrir este tema ante ustedes porque creo que también ustedes merecen esto. La imagen completa.

No, no estoy deprimida. Simplemente les cuento cómo para algunos organismos los cambios ligeros y las deficiencias de minerales, vitaminas y una que otra cosa, nos causan consecuencias totalmente reales. No siempre son ideas producto de nuestra imaginación torcida y desquiacerada como dirían algunas madres que conozco. No, no estoy deprimida, pero el inicio orgánico de un estado depresivo puede ser tan sutil como sentirse “desganada” (fatiga física y emocional), falta de interés o placer por algunas cosas (anhedonia), falta de apetito (hiporexia), o exceso de apetito (término recientemente utilizado Megarexia). Físicamente me atrevo a confesarte que me siento deficiente. Te hablo realmente de mi autopercepción corporal desde que me levanto. Recuerdo claramente la sensación de bienestar físico y emocional que alcanzó su climax el marzo pasado, no te hablaré de kilos ni tallas simplemente me sentía orgullosa de haber llegado a ese punto con puro esfuerzo físico y fuerza de voluntad nutricional, dos de las cosas que más extraño de mi vida pasada. Por suerte, mi profesión me ha dotado de algunos conocimientos respecto al funcionamiento de mi cuerpo y tengo acceso a toneladas de información que me ayudan a entender aún mejor lo que siento y hacer algo al respecto.

  1. La imagen completa y ¿por qué meto a Facebook en toda esta historia?

¿Qué si porque me atrevo a relacionar una falta de nutrientes con mi odio contra Facebook?

¿Nunca te ha pasado que después de mirar durante unos minutos las actualidades de FB, sientes como si hubieras corrido un maratón mental, te hubieran atropellados dos veces, te hubieran dado dos abrazos, un beso en la boca, hubieras matado un perrito y salvado a una aldea entera de refugiados de guerra? Exactamente esa sensación fuerte, agria y dulce me produce mi FB y muchas de las personas que en él desembocan sus ríos de pensamientos y sentimientos diarios. Si agrego eso a mí autopercepción física deficiente, los resultados no me convienen.

Motivada por esta mezcla de sentimientos, me puse a buscar un poco de bibliografía objetiva para saber si acaso soy la única que busco ese ícono azul inconscientemente desde que me despierto y sobre todo si tengo algún pensamiento difícil, triste o conflictual.  Y claro que la respuesta es NO, no eres la única.

Un estudio muestra que Los participantes se inclinaron hacia sus perfiles de Facebook después de recibir un golpe a su ego.”  Smith et al., ( 2013 ) descubrió que el uso de Facebook se relacionó con aumentos en la insatisfacción corporal y los síntomas bulímicos. En otro estudio Los resultados mostraron que los participantes con baja intensidad en el uso de Facebook reportaron en promedio una mayor autoestima que los que no usan Facebook o aquellos con alta intensidad en su uso, mientras que aquellos con mediana intensidad tenían significativamente una mayor autoestima en comparación a los participantes con un uso de alta intensidad.”[6]

Pobre FB. Tan amado y tan odiado. Pero no se preocupen, no estoy a punto de cancelar mi cuenta. A pesar de todo lo anterior estoy convencida que la tecnología es solo una herramienta más que el ser humano ha creado para utilizar en la vida diaria. El secreto, y el reto, radica en saber utilizar adecuadamente la herramienta y no volverse en un esclavo del App.

Claro que no todo es malo.Los estudios han encontrado que Facebook puede ser beneficioso para las personas con baja autoestima por ayudar a estos individuos a crear un puente social con otros” (Ellison et al., 2007; Kim & Lee, 2011; Yu et al., 2010).“Las personas que utilizan Facebook pueden experimentar un sentido de pertenencia y el apoyo social de otros” ( Kim y Lee, 2011; Liu y Yu , 2013) .

Entonces ¿Por qué nadie cuenta la realidad? ¿Por qué todos compartimos únicamente lo que sabemos que los demás envidiarán? ¿Por qué solamente buscamos ser más perfectos que los demás y no más reales?

¡Claro que todos amamos comparar y compararnos! Yo comparo el precio de las naranjas en la calle, comparo la forma en la que las mujeres africanas expresan su amor a sus hijos y esposos, comparamos una ruta contra la otra, el calor de aquí con el de allá. La comparación no es el problema, el detalle es ¿por qué te comparas? Y sobre todo ¿Para qué te comparas?
POMERY (2012) “sugiere que una comparación respecto a un nivel inferior es motivada por la propia voluntad de mejorar la autoestima, esto por el deseo de proteger la autoestima amenazada.”

Después de todo, creo que no soy la única con altas y bajas emocionales naturales, hormonales y nutricionales. Y por eso quise hablar de esto contigo. Para que tengas mi imagen completa.

No solo mostrarte mis fotos con tonos verdes brillantes, sonrisas “enseñando toda la mazorca” como dice una de mis más amadas amigas, playas paradisiacas o platillos exóticos. A mí me encantaría leer estatus de Facebook sinceros y objetivos en los que las flacas digan : “si estoy flaca pero siempre he estado acomplejada y nunca he podido tener músculo dónde quisiera”, o “si estoy flaca pero mi novio me dejó por una gordibuena y no lo he superado”, o una pelo lacio que diga  “sí, amo mi pelo pero me caga levantarme 3 horas antes de salir de mi casa para alaciármelo”, o una pelo china como yo que te diga “sí, me encantan mi pelo salvaje pero en la secundaria lo odiaba y llegué a llorar de coraje por no ser lacia ”.
Seguro habemos muchos que no sabemos qué hacemos daño a los otros publicando lo que parece una vida perfecta y tú me dirás “pos cada uno es responsables de sus traumas, complejos y frustraciones, no?” Sí.  No voy a culpar a la guapa por ser guapa, a la flaca por ser flaca, a la rica por ser rica. Mi pregunta va más allá del ser o no ser. Mi pregunta es para ti, ¿En realidad esa foto con filtro que elegiste postear después de haber tomado 10 y borrado 9 refleja el sentido y la calidad de tu vida? ¿De verdad el vestido perfectamente combinado con los zapatos refleja proporcionalmente la cantidad de objetivos que te has propuesto y has logrado alcanzar en los últimos meses?, ¿De verdad la foto de la familia abrazándose soluciona los problemas tabús de los que nadie habla y que se hacen añejos navidad tras navidad?
¿Cuantas veces he pensado que alguien se ve “muy mal”, “como enfermo”, “de muy mal gusto”, “muy depresivo”… y solo he decidido correr la pantalla hacia abajo.
Por eso me propuse (ayudada por el consejo de una amiga que comparte mi sentir) hacer un cambio en esta relación enfermiza que sostengo con mi cuenta.

Simplemente dejar de ver lo que no me hace bien. Decidí utilizar la herramienta para lo que creo que está hecha, para divertirme y para que tú puedes seguir viviendo nuestro viaje a través de nuestros ojos y mis letras. Así que me quedé con las actualidades de la gente que me hace reír, la gente que me inspira a hacer cosas mejores, que me comparte proyectos interesantes, que me enseña un poco de arte o noticias internacionales, gente autentica que me saca una sonrisa.

Si te sientes igual que yo y tienes ganas de cambiar esos estímulos negativos te recomiendo lo siguiente (todo esto ya lo estoy poniendo en práctica desde hace unos 4 días):

  • Si sabes que no estás comiendo bien, trata de hacerlo mejor.
    • Busca ayuda, consulta un buen nutriólogo, sal al sol, haz ejercicio (yo se que hay miles de blogs al respecto para hace poco descubrí esta lista bastante práctica y anti-tabus http://goo.gl/URV79a), pero no demasiado (http://goo.gl/RNIzgs), respira correctamente, toma agua, deja la soda, bájale a los carbohidratos simples. ¡Sé feliz comiendo!
  • Desintoxica también tu campo visual. En tu vida real elige hablar con gente interesante, gente que te enseñe algo, lo que sea. Agradécele. Sal a la calle, sé amable con la gente, aunque te vean raro, sonríele a tu vecino de tráfico (cuidado con que piensen que le estas tirando la onda, solo una mirada amigable, nada de cochinadas), come en lugares distintos y con opciones sanas. Piensa que hay alguien en tu ciudad haciendo lo mismo que nosotros estamos haciendo en este viaje, así que, si nos envidias, sal y hazlo también; probablemente te sientas un poco más libre y de vacaciones.
  • ¡Limpia tu FB de toda la gente que te resulta tóxica! No importa si está bien o mal o si la persona es consciente o no de su toxicidad, tómate la libertad de limpiar tu campo visual digital. Si no sabes cómo hacerlo sin crearte enemigos gratis, te comparto paso por paso como lo hice y te prometo que te sentirás muy ligero después de hacerlo:

13233241_10154213785143966_819727337_n Debe de haber otra forma en el área de Configuración, pero yo comencé seleccionando directamente las personas de las que me molesta ver publicaciones inútiles y negativas. Tome de ejemplo a Anto para no herir los sentimientos de nadie más (Te amo mi amor J). Una vez en la página de tu amigo indeseable (a quién tampoco quieres eliminar porque puede ser alguien que ves seguido en la vida diaria, o alguien de tu familia o puede haber algún tipo de represalia social) dale click en el área que te señalo con una flecha.

 

S13249453_10154213785088966_1594203812_ne va a abrir una ventana con estas 4 opciones, selecciona la segunda de arriba hacia abajo, debe de decir Dejar de seguir. No te preocupes, según FB, la persona no se va a enterar.

 

 

 

Después de haber seleccionado la opción previa, FB te enviará a una lista de opciones que se ve como la imagen siguiente. Selecciona la lupa azul para ver todos los amigos a los que puedes dejar de seguir. Te puede tomar un buen rato y puede representar todo un dilema moral. No te preocupes, es solo vida digital, todo es reversible en FB.

 

Si todo esto te parece muy complejo y estúpido, simplemente cancela tu cuenta de Facebook y te darás cuenta que la vida real es mucho más emocionante. Por mi parte, si algún día desaparezco de FB, sabes que me seguirás encontrándome en este blog porque ser leída por ti es algo que disfruto sincera y profundamente (y porque pagué el dominio y no pienso tirar esos 15euros a la basura).

 

[1] Referencia 1

[2] Referencia 2
[3] Referencia 3 (mismo artículo)
[4] Referencia 4 (mismo artículo)
[5] Referencia 5
[6]Referencia 6
Imagen

Día 81: vida, salud & muerte.

 Desde hace 81 días he intentado darles un resumen de mi vida en palabras e imágenes. Les he prestado mis ojos, mis oídos, mi piel y les he contado cómo mis sentidos se divierten y viven cada día un poco más.

Pero ¿Qué tal que ahora les hablo de la muerte?

¡Ah, la muerte! Esa palabra que nos revoluciona el cerebro, nos acelera el corazón y nos obliga a dejar de hacer lo que estemos haciendo para, durante unos segundos, visualizar la vida de todos sin nosotros en ella. Poco tiempo después de esa imagen terrorífica, el efecto pasa y cada quien tiene su frase llena de elocuencia para espantar al fantasma: “Cuando te toca, te toca…”, “What doesn’t kill you makes you stronger”, “Il faut bien mourir de quelque chose…”.

Cuando decidí visualizarme como bata-blanca jamás tuve como slogan el “Salvarle la vida a miles de personas”. Seguro los pacientes no esperan que su médico piense esto, pero creo que la decisión de “salvar” su vida, en el 80% de los casos[1], está en cada uno (del otro 20% hablaré más adelante).
Ese maravilloso libre albedrío que nos permite decidir si llevarnos a la boca una bolsa de churros locos o una manzana, si subirnos a la motocicleta con o sin casco, si fumar uno, diez o ningún cigarrillo al día, o caminar 60 minutos diarios en lugar de ver otro episodio de “la rosa de Guadalupe”.

 Por supuesto que hay excepciones, ese 20% está reservado para ellos. Los niños con enfermedades congénitas que mueren al nacimiento o incluso los sanos que no fueron recibidos como merecían, las embarazadas mal tratadas por el sistema de salud decadente de algunos países, la desnutrición extrema en países como Etiopía que actualmente vive su peor sequía desde hace 30 años gracias al fenómeno de cambio climático El Niño.[2]  Claro que ellos no tienen la culpa y ninguno  tuvo la justa oportunidad de decidir entre el cuento de hadas o el camino trágico. Y justo porque me considero alguien tremenda y sensiblemente inestable como para cargar con la culpa de no haber podido salvar a esos pobres juguetes del destino, decidí decirle “ya no”. Puede ser triste reconocer las limitaciones.  Pero por eso amo mi profesión, porque el abanico de posibilidades es infinito y porque es moralmente permitido decir:
 “No deseo ser el médico que vive sus jornadas jalando pacientes entre la vida y la muerte en una sala de urgencias, ni el médico que se apuesta la vida día a día en la zona de conflicto en el sur de Argelia; deseo ser el médico que cura con calma, paciencia y mucha dedicación. Sin prisas”.
Cada día me enamoro más del poder de la prevención.

¡La prevención! (música de arpa celestial de fondo), ese boleto de lotería que pocas personas compran; ese patito feo olvidado y jamás invitado a las fiestas de cumpleaños, borracheras ni a las idas al cine; ese eterno ausente en cada foto de Facebook en el que todos se pelean por postear el alimento más nutricionalmente errático, esa palabra que tanto adorna la boca de todos en todo momento, excepto a la hora de comer y moverse. Pero no me importa, me gustan las causas difíciles y menospreciadas.  Esto únicamente quiere decir que seré algo así como el doble de la película de acción, ese que nadie sabe cómo se llama; como la mejor amiga de la protagonista bonita a la que nadie pela y seré esa doctora de la que jamás hablarán en la tele pero que dedicará a sus pacientes toda su paciencia y los educará hasta lograr verlos cada vez menos seguido.
Prefiero mil veces ser un héroe furtivo pero efectivo y todo esto creo haberlo aprendido (en parte) del médico más congruente y uno de los seres humanos más intachables que conozco y amo, mi papá.

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Un espectacular que anuncia ¿Galletas con súper Glucosa…?

 A pesar de vivir en un mundo lleno de culturas con tantos contrastes, la organización mundial de la salud se atreve cada cierto tiempo a dar un informe sobre la epidemiología mundial, o sea, ¿De qué se muere la gente en este mundo tan loco? El resultado comienza a ser repetitivo, pero no por eso menos objetivo ni inquietante.

En el 2012, 56 millones de personas murieron en el mundo. Hasta aquí no hay problema, es el ciclo de la vida. De estos 56 millones, el 68% o sea 38 milloncitos fueron causados por enfermedades no transmisibles (principalmente enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades pulmonares crónicas). Un 9%, o sea 5 millones por accidentes. Y de aquí es de dónde sale el 78% (yo dije 80%, una disculpa) de las vidas que con su libre albedrío decidieron que “de algo se tenían que morir”.[3] Todo esto no es nuevo y no nos detendremos a llorar frente a una frase, des afortunadamente, ya muy trillada. La mayoría de ustedes la han escuchado o leído por lo menos una vez en los temas de actualidad de los últimos años pero comienza a sonar tan triste y normal como el hambre en África, los osos polares sin hielo y Trump ganando las elecciones de su partido; cosas de los que todos hablamos y por los que muy pocos parecen estar haciendo algo.

Hablando de África, hablemos de ella. La región de Ádrica del oeste está constituida geográficamente por la parte occidental del África subsahariana y conformada políticamente por los países que se muestran a continuación.

africa del oeste

En esta región del continente no solamente se encuentra un territorio ideal y fértil para la producción de cacao, mandioca, café y cacahuate, también las enfermedades cardiovasculares comienzan a florecer. 75% del total de muertes en el mundo suceden en países con una economía pobre o moderadamente pobre y en África, como en América Latina, esto parece ser algo que se encuentra en abundancia. A pesar de que la radio, la televisión y alguna que otra ONG tratan desesperadamente de enviar pulsaciones de información preventiva a la población, cuando me bajo del moto-taxi y entro a cualquier mercado popular de cualquiera de los países que hemos visitado, la prevención se desvanece y la realidad resplandece con todos sus colores y olores embriagantes.

Caminar entre las calles de Senegal, Costa de Marfil, Togo o Benín me han provocado un sentimiento común. La sensación de ser invencible, casi inmortal. Ilógico, lo sé.
He llegado a la conclusión que es precisamente la ausencia de una cultura de protección y de prevención la que crea una falsa atmósfera de olvido y tranquilidad. Una calle con niños jugando inspira más tranquilidad que una calle llena de policías al acecho. Una calle sin infraestructura segura, sin hospitales públicos ni ambulancias genera la falsa sensación de que, si no están, es porque no se necesitan. Falsa sensación. La muerte aquí es algo tan natural y alarmantemente común que parece haber anestesiado a la población y haberles dotado de una cierta conformidad al acudir frecuentemente a funerales. Poca gente parece preocuparse por anticiparse a la muerte y cuando llega a suceder, no hay mucho que decir al respecto. He oído historias sobre un joven de 20 años en el norte de Costa de Marfil que murió y nadie supo por qué, una mujer de 28 años en Camerún que se despertó y calló muerta horas después en su trabajo, una madre en Senegal quién al dar a luz a su cuarto hijo murió y ahora los hijos vive  prácticamente de la solidaridad de los vecinos mientras el padre sale todo el día a trabajar; uno de dos gemelos en el norte de Costa de Marfil que murió pocos días después del nacimiento porque “era el más pequeño”. Todas estas muertes de personas de menos de 40 años coinciden perfectamente con la información de la Organización Mundial de la Salud quién explica la diferencia entre los países ricos y los pobres. “En los países de ingresos altos, 7 de cada 10 muertes afectan a las personas de 70 o más años de edad. Las enfermedades crónicas son responsables de la mayoría de muertes… Sólo 1 100 muertes afecta a los niños menores de 15 años. En los países de bajos ingresos, casi 4 de cada 10 muertes afectan a niños menores de 15 años y únicamente 2 de cada 10 muertes son personas de 70 años y más”[4]

Los padres de familia me han dicho abiertamente que intentan tener muchos hijos porque saben que habrá uno que otro que “inevitablemente” morirá. Así es. Nadie parece alarmarse. Ignoro en realidad qué tanto les duela porque aquí el amor es un idioma que no sé hablar.
En costa de Marfil alguien me contaba que a la muerte de un bebé o de un niño pequeño, sobre todo en las comunidades más tradicionales, hay tristeza pero se deja pasar fácilmente ya que para ellos no tiene sentido lamentarse demasiado por “lo que pudo haber sido ese ser humano”, al contrario, se sufre por la muerte de alguien que logró hacer algo por su comunidad. Actitud completamente opuesta a nuestra visión de llorarle a un joven por “toda la vida que tenía por delante” y no por el viejo que “ya vivió lo que tenía que vivir”.
La regla social se vuelve a invertir en el caso de las personas mayores de 70-80 años en estos países en los que la esperanza de vida es de 56 años. En el funeral de un jefe de pueblo o figura anciana reconocida no se permiten las lágrimas, no hay motivo de tristeza cuando alguien logra alcanzar la edad a la que muy pocos aspiran.

 En América y Europa (no puedo hablar por los otros continentes) vivimos un estilo y un ritmo de vida hechos para pretender ser inmortales, una vida que durante unos 70 años te haga olvidar que la muerte llegará pase lo que pase. Seguros de vida, seguros de automóvil, seguros de casa, trabajo seguro para una jubilación segura, alarma en las casas, perros guardianes, celulares inteligentes que nos indican el camino porque es impensable perderse, planes mensuales que nos venden más y más MB porque sería inconcebible estar incomunicados en medio de una situación insegura, formamos niños de 5 años sobre saturados con actividades (ballet, karate, natación, gimnasia, fútbol, pintura, música) potencialmente redituables social, cultural o académicamente  porque no queremos que en el futuro se muera de hambre, o de aburrimiento, o de obesidad, o de sedentarismo, o de…
Soy parte del sistema. No digo que todo esto sea completamente malo. Seguramente repetiré muchos de estos patrones si algún día soy madre. No me quejo de haber crecido en una casa con electricidad, agua, un refrigerador lleno, padres atentos, cursos de ballet, tap, jazz, educación superior. Soy parte de ese pequeño porcentaje en el mundo con acceso a todos esos servicios que ante mis ojos parecen básicos. Soy quién soy gracias a todo eso. Pero, ¿Es realmente indispensable? ¿Realmente tantas diferencias hacen la diferencia en la vida? ¿Quién muere más feliz, el de 75 o el de 56? ¿Queremos una vida bien larga o simplemente una buena vida?

Al observar la estadística mundial cada vez es más evidente que la mayoría de nosotros nos moriremos de lo mismo, unos antes y otros después, unos pobres y otros ricos, unos blancos y otros negros, pero al final, eso ya no importará.
¿Realmente respetamos a la muerte tanto como decimos o solo jugamos a temerle mientras nos divertimos arriesgando la salud y pagando el precio de su “aseguranza”?
La apuesta es adrenalina. Me tomo otra coca-cola pero hago 30 minutos de cardio; me como las papas fritas pero tomo multivitaminas; duermo 3 horas al día pero ya me tomé la pastilla de la presión/azúcar; me fumo otro cigarrito pero me compro un seguro de gastos médicos; paso otro día sentado frente a la tele pero me pongo el cinturón al subirme al carro ¿Sirve?

La obesidad ha más que doblado sus cifras desde 1980. Hasta el 2014 se estimaban más de 1.9 billones de personas con alteraciones de peso mayor al normal y entre ellos 600 millones eran obesos[5]. En el 2013 se estimó que existían 42 millones de niños obesos en el mundo. Estudios recientes[6] hablan de alteraciones en el ADN de recién nacidos de padres obesos, lo que significa que la obesidad ha conseguido ganarse un lugar no solo en nuestro abdomen si no lo que es aún más alarmante, en nuestros genes. Con esto el riesgo de obesidad en generaciones futuras será aún mayor de lo que imaginamos.

Al final del día y de la vida, ni la negación de los gobiernos africanos del oeste (porque aún no sé cómo funcione el resto del continente) ni el aparente compromiso de los gobiernos europeos y occidentales, parecen alterar las cifras epidemiológicas. Tal vez porque la respuesta no está en las oficinas presidenciales ni en las cámaras de diputados, ni siquiera en los hospitales de los países afectados.

Prevención. Respuesta tan sencilla que pocos quieren creer en ella, se encuentra tan al alcance de todos que muy pocos se atreven a mirarla; en Estados Unidos la pisotean con tenis de marca, acá la patean descalzos; en todo el mundo la ahogan en coca cola y aquí en paquetes de plástico llenos de alcohol barato de mala calidad (100ml por 100Fcfa = 0.15 euros), en México la fríen en manteca reciclada y en todas partes la inhalan revuelta con el tabaco. Todos, absolutamente todos, la terminamos consumiendo. Tal vez por eso parece haber tan poca.

[1] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html[2] http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/sequia-en-etiopia-el-nino-y-el-cambio-climatico-atacan-de-nuevo[3] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html [4]http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs310/fr/index2.html[5] http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/en/[6] http://www.nature.com/ijo/journal/v39/n4/full/ijo2013193a.html

Orientación.

Capacidad de determinar el lugar en dónde uno se encuentra respecto a los puntos cardinales.

Siempre me ha parecido mágico como la gente grande alardea sobre poder orientarse únicamente con la luz que reflejan las estrellas y los planetas qué por las noches, ante nuestros ojos, se convierten en ellas. Yo jamás he podido hacerlo y sinceramente no pretendo intentar. Yo pienso que más que las estrellas por las noches, es el sol y los extremos de su jornada los que nos ayudan a orientar no solo nuestro día, sino nuestra vida entera.

Las hormigas inician su día con el sol, no porque lo esperen ansiosas con una taza de café si no porque con el sol viene la temperatura y su día está regida por los grados más que por los minutos. El final de su hibernación lo marca el sol, justo como el final de las jornadas en éste lado del mundo. La corriente eléctrica no una constante en todos los rincones, e incluso en las capitales y grandes ciudades, el flujo eléctrico va y viene a su antojo. Lo triste no es la oscuridad, lo triste es que el aire acondicionado se va con él.

Mi orientación nunca ha sido mi fuerte, en compensación la naturaleza me dotó con una memoria visual divertida. Puedo recordar exactamente de qué lado de la calle vi cruzar a la señora cargando 30 piñas en la cabeza, pero en cruce de bulevares siempre elegiré el incorrecto. Afortunadamente tengo a Anto a mi lado. Podría cortarme el pelo frente a él y tal vez no lo notaría, pero es el mejor guía en una ciudad nueva; desde el principio memoriza direcciones, nombres, calles, hechos históricos. Juntos tenemos la imagen casi completa.

Hasta hace poco nunca había tenido la necesidad real de saber a dónde apunta cada punto cardinal, porque siempre me ha parecido lógico levantar mi mano derecha y apuntar con mi dedo índice bien estirado cuando quiero indicar una dirección; la gente ubicada me mira raro y se siente ofendida por mi falta de concordancia entre lenguaje oral y corporal. Afortunadamente usualmente Anto está a mi lado para re direccionar mi brazo extendido.

Y desde que soy una mujer mejor orientada y con más tiempo de leer de todo menos de medicina, me he enterado de cosas que me han sorprendido. Por ejemplo, la relación de la orientación cardinal y el deseo loco de la humanidad por comprender el origen de las cosas. Más o menos así fue como la filosofía surgió y sus primeras preguntas retóricas lograron congregar cientos de personas en las plazas públicas, dónde cuerpos viejos con ideas jóvenes intentaban definir el sentido de la vida, el objeto del amor, el misterio de la muerte y la clave de la salud entre otros. Durante años y años esta búsqueda incansable de más conocimiento, más explicaciones y porque no aprovechando, más poder y más tierra que poseer, surgieron por todas partes y parecían acompañarse casi siempre de un movimiento cadencioso de este a oeste.

Si se abren los ojos una vez que el sol ya ha salido, es más común voltear a ver hacia dónde se dirige. Nuestra a sincronía con su salida nos hace olvidar que antes de que nosotros llegáramos, él ya estaba ahí. Por eso seguimos su camino como adivinando hacia dónde va, buscando el atardecer. Miramos allá a donde el sol se va y descansa; dónde espera lo que falta por venir, lo que aún no es. El oeste significa la conquista de nuevos mundos, invasiones a viejos rivales, visitas a los vecinos. El oeste significó lo nuevo, lo inesperado, lo deseado y lo sobretodo lo alcanzado.
 Otros por su parte, prefieren mirar al Este, y quien dice este dice encontrar la raíz, el punto de partida, de dónde brota la vida, la luz y por supuesto el sol cada mañana. El este que con su sabiduría vieja sabe explicar sin mucho hablar. Esos primeros rayos de sol que se levantan entre montañas y mares gritando: lo de ayer no importa, intenta de nuevo.  Hacia el este hay que ir si se busca entender la historia, ¿cómo comenzamos, de dónde venimos, porqué las cosas son como parecen ser? Culturas milenarias, con bases mágicas que han logrado sustentar lo nuevo y preservar lo antiguo.  Por su parte, el norte y el sur, mucho menos mitificados, pero igualmente explorados, son más una novedad que un ritual. El sol no va hacia allá, ¿por qué yo debería de hacerlo?  El norte propone retos, el sur invita al descanso.

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Nosotros dos nos movemos constantemente entre los 4 puntos cardinales pero nuestro vector principal parece dirigirse al sureste. Comenzamos por el norte, y efectivamente entre más nos acercamos al sur, esto comienza a sentirse más como un descanso y menos como una lucha cultural. Y después de varios encuentros con extranjeros, sobre todo franceses, instalados en estos países hay una idea que no me puedo sacar de la cabeza. Sea cuál sea la orientación de la exploración, uno no viaja para cambiar de vida.

Yo pienso que se viaja para poder ser uno mismo en el lugar en el que mejor se nos permite serlo; dónde la indiferencia de tus compatriotas te es intercambiada por la sorpresa de los locales del lugar a dónde llegas; dónde la sobreprotección de tus ancestros no logra alcanzarte y en lugar de eso, eres libre y vuelas solo; dónde la crítica de tu entorno laboral por no seguir los tiempos y las reglas se transforma en admiración de aquellos que te reciben y te agradecen el que te adaptes a sus vidas.

Pero la distancia física y del corazón genera una curiosa dicotomía; eso que te generaba incomodidad y ganas de huir, ya no está y ahora ha dejado un vacío en tu nueva vida. Es como pelear con tu hermano, y después necesitar esa violencia que divierte. Porque esa indiferencia de tus compatriotas y esa crítica del entorno pudo haber sido únicamente una forma en la que todos ellos deseaban decirte: ¡Eres parte de nosotros! Te critico porque estás presente, te protejo porque te acepto, te presiono porque quisiera que te acercaras más a mí. Ese vacío podría parecer fácil de llenar con la aceptación de los que te reciben con los brazos abiertos del otro lado del mapa. Pero aquí, en este nuevo mundo, la integración no es algo inminente.

Tus chistes, aquí no son chistes.

Algo tan básico como el humor puede volver imposible la adaptación.  Si eres mujer, la forma de negociar, reclamar y dialogar (peor aún si tienes una pizca o de personalidad fuerte) puede llegar a fracturar toda comunicación porque a muchos hombres de acá “les gustan las mujeres que no hablen mucho”. Chingada yo.

El valor de tus conocimientos muta.

La moneda intelectual que en tu patria te permite defenderte, exigir, protestar, comunicar, acá la encuentras inexistente, devaluada como el peso en el 93. Que sepas agarrar bien el taco, conocer los atajos de tu ciudad y bailar el payaso de rodeo, acá les importa madres. Mis conocimientos médicos, mis exámenes aprobados y mis declaraciones anuales de hacienda no me genera ninguna ventaja frente a los demás. Si deseas sobrevivir, hay que hacer a un lado todo lo que sabes que sabes y dejar espacio suficiente para empezar a aprender una vida completamente nueva, porque entre gurús, vudú y más de 40 etnias por país, cada una con su idioma distinto, lo que cuenta aquí es lograr transmitir el mensaje fácil y rápidamente.

El valor del dinero es distinto.

Vivir en otra moneda es igual que aprender otro idioma. Si quieres traducir palabra por palabra, jamás lograrás hablar como un local; si quieres traducir cada peso, euro o franco jamás pagarás el precio real. Debes olvidar la empatía y dejar de pensar “pero si en dólares no es nada”. Se debe abandonar la idea de que, pagando el doble del precio real a un taxi, salvarás la economía de un país.

La religión pasa de ser tabú a llamarse vudú.

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Ese muñequito de tela que aparece sin cesar atravesado por alfileres y con ojos desorbitados, resulta ser producto de una fusión de antaño entre los esclavos relegados y una religión católica impuesta y a la vez limitada para aquellos del otro color. Los esclavos, principalmente en Brasil, construían iglesias católicas para sus amos sin tener el derecho a entrar en ellas; resulta lógico que esto generara cierto descontento entre los trabajadores importados, quiénes además de ser evangelizados y explotados, eran relegados de los lugares de rito. Fue así como el vudú afro-brasileño nació y creció hasta convertirse en lo que es hoy. Fue en este contexto de resentimiento y venganza que el lado negativo bien conocido por todos, invadió y aniquiló el verdadero concepto de esta religión como cualquier otra.

Tuvimos la suerte de ser invitados a una misa vudú en medio de un pueblo perdido en el sur de Benin, Ategnigon. El templo desde el inicio nos cautivó y nos invitó a entrar curiosos por entender dónde estábamos y que estaba sucediendo. La forma de camaleón gigante desconcertó y agradó a mis sentidos. Nada que ver con magia negra, nada que ver con muñecos mutilados. Un padre con falda colorida preside la misa, a su mano derecha varias mujeres con todos los colores posibles se hincan mientras cantan con una voz que ya quisieran en America´s got talent. Los rezos comienzan, se siguen unos a otros. Nuestro guía nos traduce, nada fuera de lo normal en una iglesia, se habla de espíritus, de la luz, del amor al prójimo, el amor, siempre presente. El templo por dentro aún no está terminado, la textura del cemento y el olor a obra en construcción aún está en el aire, pero eso no impide que todos logremos sumergirnos en el momento, más allá de la decoración. El vudú tiene su base en el animismo, no muy lejos de las culturas sudamericanas en donde la pacha mama, la tierra, la vida y básicamente todo ente presente en la naturaleza son las deidades veneradas. Aquí los dioses cambian de nombre, de forma y de color. Es difícil entender, no he logrado acomodar todos los conceptos ni ideas, pero me queda claro el fondo. En ocasiones es un árbol, a veces una serpiente, otras veces un camaleón, una pantera, un búfalo. En todo caso no es una imagen de hombre, y eso me genera tranquilidad. La misa continúa, las palabras se me escapan, no entiendo mucho, pero mis ojos comprenden todo lo que ven. Las mujeres cantan con voz fuerte y tranquila, los niños bailan de una forma mágica, desarticulando y articulando varias partes del cuerpo a la vez. Una niña se para de su banca a la señal del “padre” y pega un grito intenso con el que comienza a caminar lentamente y con un ritmo pegajoso; canta y baila a la vez. Se ve hermosa, se ve orgullosa de estar ahí y de conocer el ritmo y las palabras precisas, la energía en el lugar es increíble. El padre se aleja en segundo plano para tomar unas hojas con texto y en su camino no puede evitar mover su cuerpo al ritmo del canto que resuena en la cavidad torácica de este camaleón gigante. Seguro estamos a la altura del corazón, no hay duda. (ver video en mi muro FB)
La ciencia da tregua al mito para encontrar la salud.

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Entre tanto contraste, a veces casi logro olvidar lo que creo saber. Toda esa ciencia cuantificada en gramos por decilitro, todas esas guías internacionales que rigurosamente diagnostican y condenan. Todo eso se ve tan lejano. ¿Por dónde empezar si al llegar al mercado y a los pequeños puestos de comida, el menú es el mismo? ¿Cómo instalar una realidad tan alterna en estas sociedades tan opuestas? Me consuelo pensando que alguien ya debe de estar trabajando sobre eso… por mi parte, mi lucha consiste en buscar un poco más de vegetales y un poco menos de azúcar y grasa en cada plato.

Tuve un encuentro rápido pero intenso con una cara integrativa de la medicina en Porto Novo, la capital política del país. Un concepto muy interesante y que me plantó ideas y sueños en toda la corteza cerebral. En el segundo piso de un edificio color verde y rodeado de plantas tropicales, me recibió el Dr. Homer Dossou Yovo, médico internista de unos 45 años quién se encarga de consulta a sus pacientes y dar un diagnóstico inicial, realizar estudios sanguíneos básicos para conocer función renal, hepática y medular y una vez que el paciente conoce su situación y diagnóstico se le otorga la opción de continuar con el tratamiento “moderno” o bajar el primer piso dónde se encuentra el área de medicina tradicional. En este primer piso, una mujer en un cuarto lleno de papeles acumulados por años, botellas llenas y vacías sin etiqueta y revistas apiladas me recibe y me explica su función. Me regala unas copias con nombres de plantas y sustancias organizados en dos columnas, a la derecha se leen sus funciones. Me mantengo escéptica sobre todo al identificar el tratamiento curativo del VIH; aun así, le agradezco y me retiro. Por un momento me preocupo, pero inmediatamente me tranquiliza el concepto de Integración que resuena en todas las paredes de ésta clínica.

 

Justo ahora, estoy sentada y no tengo idea de qué lado queda el este ni el sur ni el norte ni el oeste. A pesar de esto no me siento perdida, al contrario, se perfectamente dónde estoy y porque estoy. Viajar no solo me cambia el paisaje que me rodea también me está curando esa enfermedad crónica que hace criticar tu casa y tu patria con tanta severidad; estando tan lejos aprendo a amar cada vez más y de manera consciente cada uno de los recuerdos de los que estoy hecha; por más lastimado que también pueda estar mi pueblo, su economía, la política o por más que aumente el precio de la gasolina y el dólar ya no signifique solamente quitarle un 0 a los pesos. Viajar me está dando muchas cosas, pero sobre todo me da ganas de algún día regresar al núcleo, a mi pacha mama, a mi patria, a la sala de mi casa, a mi puesto de tacos, a la tienda de la esquina, a las noches de bohemia con los mismos borrachos.

Por el momento ese día aún se ve lejano, tan lejano como los 10mil y cacho km que me separan de esos tacos. Por el momento Anto y yo nos dormimos bañados por la luz de la luna, el  80% de la humedad ambiental y de vez en cuando por la luz mercurial del vecino, cuando la temperatura nos hace salir a dormir en la azotea y buscar un respiro. Por el momento el camino nos lo iluminan las estrellas y el GPS del iphone que compensa mi falta de orientación geográfica. Por el momento llevamos 4 países y en teoría mañana salimos hacia el quinto. Si nuestro vuelo con 48 horas de retraso, logra despegar.

Primitivo.

Estas no son vacaciones.

Van 48 días desde que pusimos los pies por primera vez en el continente africano. Desde hace varios días, se terminó oficialmente la sensación de “vacaciones”. Somos viajeros, no turistas.

Lo digo en el más puro de los sentidos y sin pizca de arrogancia. Creo saber, en versión moderna, lo que sentían nuestros antepasados cuando se veían obligados, por algo más fuerte que ellos, a cambiar de localidad, de punto de referencia, seguir buscando agua, alimento, huir de los depredadores. Esta es la vida nómada de la que hablaban los libros en la primaria. Ese libro de texto gratuito en el que aparecían los hombres de esa era dibujados con tapa rabo, bolsitas hechas de pieles que cargaban de ladito llenas de piedras hechas navajas, alguna fruta encontrada, y pedazos de madera potencialmente útiles. Nosotros cargamos cada uno con dos maletas; una grande que dejamos en cada hotel, hostal o casa dónde planeamos pasar la noche, la cual cuenta básicamente con ropa, sleepingbag, un par de tenis, artículos de limpieza, almohada, cobija, toalla :12 kg en total;  y una pequeña que habitualmente cargamos con nosotros a todas partes la cual tiene cosas que podemos usar durante el día: utensilios para comer, cuchillo, encendedor, lentes, protector, GPS/teléfono, dinero, identificaciones, aproximadamente otros 8-10kg. Ahí nos caben nuestras respectivas vidas. Cada día siento que me sobran cosas y cada día el comprar algo se vuelve un ejercicio de toma de decisiones en el que debo valorar peso, tamaño, necesidad real, durabilidad, caducidad, temperatura óptima. Ejercicio que casi siempre termino por resolver de la misma manera, declinando ante las compras a menos que se trate de comida.

2016-03-24 (1)2016-03-24

He buscado en mi repertorio personal, una palabra para reemplazar primitivo, pero no pretendo seguir buscando, ni pretendo adornar una idea que me sale espontánea. La mayoría de las cosas que vivo, siento o veo a mi alrededor me parecen primitivas. No voy a mentir, ni ustedes pueden hacerlo, la palabra misma encierra cierto desdén, lástima y rechazo. Pero no es ese lado de la palabra el que quiero explotar ni el que quisiera que ustedes tomen como referencia. El primitivo del que yo hablo viaja al ladito de lo natural, se acompaña de lo lógico, lo necesario, lo más sencillo y funcional.

GUSTO. He aprendido a comer con las manos, o mejor dicho con la mano derecha. Sencillo, agradable, sensorialmente rico, ecológico, seguro (si te lavas bien la mano antes y después de comer), simplemente un viaje a lo más básico, a la infancia.

TACTO. He conocido sensaciones nuevas, como la niña en la muchedumbre que hacía todo por lograr que su mejilla rozara mi antebrazo, mirando hacia otro lado como si ella no lo quisiera y como si yo no tuviera la capacidad de sentirlo. Los niños tocando mi pelo, las mujeres jalándolo delicadamente para comprobar si realmente crecen desde la raíz o son artificiales trenzados como la gran mayoría de las cabelleras largas de las mujeres aquí.

VISTA. Me tomó unos días dejar de mirar las calles como museos para pasar a sentirme una obra más, expuesta en el aparador. Es una sensación fuerte ser mirado directamente, sin tapujos, sin disimulo, sin más intención que mirar. Ser seguida por pares de ojos que obligan a sus cabezas y cuellos a girar al ritmo al que yo camino, a nuestro paso. Aquí las miradas no significan lo mismo. Una mirada de estas, en una calle de México, sería totalmente grosera, insinuante, violenta y acosadora; cientos de miradas de estas y  simultáneas, serían alarmantes “¿Qué tengo en la cara?”. Aquí es normal, porque para ellos soy algo especial que amerita ser mirado. Ya sea por mi color de piel extraño (blanco, ante sus ojos totalitarios), por mi pelo raro y largo, porque tengo una cámara en la mano, porque llevo cargando mi casa en la espalda como un caracol humano, porque les parezco bonita, porque creen que tengo muchísimo dinero. No sé por qué me miran, pero las miradas aquí se aceptan como los regalos que son y se contestan con una sonrisa. Y ese, es un ejercicio que deberíamos a aprender a practicar en todas las calles del mundo.

FAMILIA. Es complejo intentar hablar de familia cuando no soy parte de una en esta cultura. Aún así, puedo tratar de compartirles mi percepción.  Institución matriarcal. Al principio me atreví a criticar en silencio a las mujeres. Frías, sin sonrisas de oreja a oreja como las de mi mamá, sin abrazos apretados como los de mis tías, sin cafecitos espontáneos como los de mi abuelita. Después comencé a observar la dinámica de una familia modesta-tradicional y todo me quedó más claro. Empatía. La mujer se despierta a las 5 o 6 de la mañana, ya sea por el calor, por necesidades de madre, los niños que se van a la escuela, para ir a buscar el agua al pozo, preparar el baño o el desayuno de su esposo que pronto se irá a trabajar, preparar el desayuno de los extranjeros que están hospedados en la comunidad (esos somos nosotros) o en el mejor de los casos para rezar por primera vez en el día (vivimos varios días entre una familia musulmán del norte de Costa de Marfíl cerca de Korhogo). El día inicia temprano y de forma activa. La mañana se desarrolla más o menos con el mismo ritmo; lavado de ropa a mano (al verme intentar tuvieron piedad y me enseñaron la técnica), preparación de la comida desde la base; ir a buscar la manioca o el ignam, cocerlo, ir por el pollo, matarlo, desplumarlo y cocinarlo; algunas mujeres modernas en estas comunidades, se dedican al comercio de frutas, huevos cocidos, carbón, semillas, cosechando en los campos o tienen su propio restaurant (Garbadrome) donde sirven comida sobre la calle. Todo lo anterior, lo realizan casi siempre con una gran bandeja de plástico o aluminio cargada de artículos o alimentos para la venta, un niño en la espalda y tal vez otro que camina tomándole la mano, siempre y cuando ésta no tenga las manos ocupadas cargando madera u otro tipo de mercancía.  Les juro que esta imagen me provoca de todo, menos tristeza. La fuerza de estas mujeres es impresionante. La convicción con la que avanzan, la firmeza de sus órdenes hacia sus hijos y a sus colegas de jornada es imponente. Lo único primitivo en todo esto me parece la resistencia y fuerza física y la forma en la que cargan a sus hijos; un día platicando con nuestro guía en la reserva de Banco en pleno centro de Abidjan, nos contaba emocionado que en ocasiones se lograban ver las familias de simios atravesando el bosque tropical “si algún día logras ver eso, te vas a dar cuenta que las hembras cargan a sus bebés como las mujeres de nuestra región”. No quise decirle que me parecía más bien un gesto natural y primitivo que para mi gusto, es mimetizado por el humano. No me atreví.

TRUEQUE. Comercio primitivo pero totalmente eficaz. Bueno, sobre todo para una de las dos partes.  Aquí el cambio no se da en monedas ni en billetes. Aún no sabemos si es realmente porque “il y a pas la monnais!” (no hay cambio!) o porque la monedas las guardan como el tesoro más preciado de la nación y tienen un pacto generalizado para no sacarlas jamás del jarrón dónde las meten.

El cambio, en Costa de Marfíl, se da en: *comprimidos de paracetamol de 500mg/* un chicle/ * un pan tipo birote, tamaño individual/* bolsitas de agua fría de 250 0 500ml/* plátanos dominicos.

Y entre tantas cosas simples y primitivas, me encuentro a mí misma, primitivamente compleja. Insaciable, impredecible. El ver tanta simplicidad a mi alrededor me hace ver cada día con mayor claridad mi carácter primitivo en esencia y disfrazado de occidentalización y modernidad. Carácter que lucha por ser positivo a perpetuidad, proactivo y constructivo, pero que fácilmente se torna intempestivamente en superficial y quejumbroso, el cual lucha por ganar terreno y hacerse notar.

Retórica o literalmente, los dos peores momentos que he vivido durante estas travesías, han sido subiendo una montaña. Comienzo a verlas con miedo y respeto y como un reto a largo plazo. El cansancio, el enojo, los olores, el dolor, las caídas, el hambre, el calor que despierta en mí el reto de escalar estos gigantes, crean en mente a los monstruos más grandes, peludos, malagradecidos y rencorosos que puedo imaginar. Esos monstruos que se alimentan de culpar a cualquier ente viviente o inerte que se encuentren a su paso, o incluso lejano, con tal de alimentar la incomodidad del momento. Violentas promesas de venganza o cambios de vida radicales que amenazan imaginariamente a todo el que se cruza en el camino. La realidad es que esos monstruos se alimentan únicamente de ese dulce elixir producido por nuestra colmena interna, el ego y es ahí cuando la decisión se vuelve difícil; ¿dejar de alimentarlo con estos pretextos y matar a una parte de mí que me protege de la realidad, me tranquiliza en los momentos de inestabilidad, me detiene de la caída en la autocrítica hiriente y quemante?… o ¿seguir nutriéndolo con explicaciones irracionales, con pretextos pueriles, con miedos inconclusos y con venganzas pendientes?

Es en ese momento justo, cuando alguien entra en escena y me muestra lo increíblemente fácil que es hacer las cosas primitiva y plenamente: Cargar una carreta cargada de madera bajo el sol de las 2 pm; subir la misma montaña que yo, solo que con bandejas cargadas de alimento y sin zapatos; cosechar nueces en el campo bajo el sol de las 12 del día y el 80% de humedad en el ambiente; sonreír mientras se hace lo necesario para vivir un día más en este nuestro cada vez más hostil mundo.

Y ahí es cuando me hago chiquita, mi ego pierde potencia, mi paciencia crece unos cuantos milímetros y este viaje sigue tomando sentido.