¡Hola soy médico y busco al médico!

Ousmane Nbaye, sesenta y tantos años, Enfermero en el centro de salud de  Tabor en la región de Ziguinchor de Senegal. Mi primer contacto real con el sistema de salud público del país.  Ousmane no solo es enfermero, yo le agregaría promotor social y diagnosticador de primer contacto por no decir médico sin diploma. En un poblado de 1350 habitantes es el encargado de prestar la atención primaria desde la promoción de la nueva iniciativa del gobierno que propone la seguranza médica a bajo costo: 3500 FCFA por año, algo así como el seguro popular para México; hasta el monitoreo de control prenatal en la localidad, profilaxis inmunológica (mejor conocida como vacunación) tanto en domicilios como en el centro de salud, sin olvidar el control de la epidemiología mensual sobre las detecciones rápidas por ELISA de los casos de paludismo. Además de esto, escribe poemas y tiene la idea de publicarlos.

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A 13 km de distancia hacia el sur, cruzando el Rio Cassamanza, me recibió en su consultorio el Dr. Simon Tendeng. Médico general de la ciudad de Ziguinchor de unos cincuenta y tantos años. La ciudad cuenta con una población aproximada de 200 000 habitantes, es una zona principalmente dedicada al turismo y la industria pesquera. Sonriente, nos abre la puerta de su consultorio a Anto y a mí y nos pide que tomemos asiento.

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En Senegal, nos han dejado claro que antes de comenzar cualquier conversación por más oficial que esta sea, siempre hay que tomarse unos cuantos segundos para preguntar cómo va la vida, si es temprano por la mañana tendremos derecho de saber cómo pasó la noche nuestro interlocutor, si la familia va bien o si el clima le parece adecuado para la época. Una vez habiendo tratado de cumplir con el protocolo social, me lanzo directo a lo que me interesa, conocer su visión y su experiencia de casi 30 años en tan solo unos cuantos minutos.

Convertida en un ser mitológico hecho de mitad paciente y mitad colega, le pregunto principalmente sobre la epidemiología de las enfermedades que llenan sus archiveros. No decepcionando a mis referencias científicas, efectivamente las enfermedades infecciosas son las primeras razones por las cuáles los locales tocan a la puerta de Tendeng. Inmediatamente nos pasamos al elefante más gris que blanco de todas las conversaciones: El paludismo. Le dejo claro mi interés no solo por el hueco evidente que vivir en la zona desértica del país ha dejado en mis archivos de experiencias clínicas, sino también como actual individuo en riesgo y como usuaria de la terapia profiláctica antibiótica.

  • Yo tengo 26 años de no indicar una profilaxis farmacológica.

Le confieso que mi doctrina personal se inclina efectivamente a la prevención holística y no únicamente ni forzosamente farmacológica pero que mi inquietud se debe principalmente a:

  • Mi edad fértil (tomando en cuenta que el ser mujer primigesta representa por sí solo un factor de riesgo aumentado).
  • Nuestra situación de viajeros sin exposición previa (la exposición prolongada aunque no crea una inmunidad total si sensibiliza lo suficiente para mejorar la capacidad de respuesta inmunitaria, aunque esta pseudo protección se pierde tras 5-10 años de haber abandonado la zona endémica).
  • y sobre todo la larga e indeterminada duración de nuestra travesía en el suelo africano.

Me responde varias cosas, de las cuales recupero las siguientes para resumir.

La quinina es un medicamente sintetizado por algunas especies del género Chinchona. La historia remite su descubrimiento a los años 1630 pero existe la lucha entre la leyenda de un indio local que atacado por la fiebre bebe accidentalmente el agua al lado de un árbol de quinina, contra la versión noble y elitista que otorga el crédito a la condesa de Chinchón quién observó a los curanderos utilizar la planta para tratar las fiebres. La fecha exacta sigue siendo polémica ya que no hay evidencias que apoyen la existencia de la malaria en Sudamérica antes de la época colonial.

En la historia de la medicina fue el medicamento de elección para el tratamiento del paludismo desde el siglo XVII de una forma aparentemente rudimentaria hasta que fue aislada y purificada en los años 1820 por dos investigadores franceses. Poco a poco la resistencia a la quinina también se comenzó a desarrollar y nuevas fórmulas farmacológicas comenzaron a ver la luz.

Tendeng me decía que hace aproximadamente 40-50 años la profilaxis se otorgaba de manera generalizada incluso a las embarazadas y niños a base de Cloroquina 300mg (adulto) mono dosis semanal. A partir del año 1957 se lograron identificar los primeros casos de resistencia del plasmodium falciparum a la cloroquina. En 1980 esta resistencia comenzó a extenderse por todo Asia, centro y sudamérica y Africa hasta alcanzar actualmente la totalidad de los territorios endémicos del planeta. Naturalmente el medicamento cayó en desuso.

  • Actualmente y desde el 2001 el medicamento de elección por la OMS es la terapia combinada a base de artemisina:
  • Artémeter-lumefantrina
  • Artesunato + amodiaquina
  • Artesunato + mefloquina
  • Artesunato + sulfadoxina – pirimetamina.

En el caso de la mujer embarazada el protocolo cambia un poco siendo la terapia profiláctica la de elección, basándose sobre todo en las modificaciones que el sistema inmunológico sufre durante la gestación. El abordaje se divide en tres puntos primordiales: Mosquiteros tratados con insecticidas (DEET), tratamiento en caso de infección activa y sobre todo Tratamiento preventivo intermitente a base de sulfadoxina-pirimetamina (SP); primera dosis a la 12 sdg o a la detección de los primeros movimientos fetales o primera detección del latido fetal, segunda dosis un mes después de la primera y tercera y última dosis un mes antes de la fecha probable de parto, según me explicó Oussmane.

Nosotros por nuestra parte, seguimos bajo tratamiento profiláctico con doxiciclina la cual planeamos continuar al menos durante un mes. Además de esta y todas las otras medidas preventivas que tomamos, decidimos no confiar en nuestra suerte y traer en la mochila un tratamiento completo curativo, el cual consta de 9 tabletas divididas en 3 días de tratamiento a base de la combinación Dihidroartemisina 40mg / Fosfato de piperaquina 320mg, a 4500 FCFA (poco menos de 8 euros o aprox. 150pesos).

Así, en esta atmosfera de conocimiento y cierta seguridad gracias al contacto con la experiencia local, nos preparamos para despedirnos en unas horas de la ciudad de Dakar y del país. Nuestro vuelo tiene hasta el momento un retraso de 33 horas y contando… no dejaré de contar hasta que el avión despegue. Por hoy es todo lo que tengo que agregar a este hibrido de cuaderno de medicina y diario del corazón. Sigo enamorada de mi profesión y cada día descubro nuevos héroes silenciosos a quiénes vale la pena acompañar en el camino.

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Au revoir France . Selamaleykum Sénégal.

  • Votre visa s’il vous plaît.

¿A poco si necesitaba Visa…?

Ustedes me dirán: ¡Pero mijita, tantos pinches meses planeando el viaje y no haber investigado si necesitabas visa para entrar!

Pues sí. Pensé en mucho, menos en visas. Resultará presuntuoso pero el tener dos pasaportes en la bolsa me ha dado cierta seguridad durante toda mi vida viajera. Asumo, indebidamente, que todo se puede arreglar con mis dos pases dorados. Sobre todo con el gringo, lo cual no me enorgullece pero me ha sido de gran utilidad.

Esta vez, el plan era otro. Entré a Suiza como estadounidense y salí de España de igual manera. Sello de entrada, sello de salida, Unión Europea no te debo nada. Anto y yo pensamos desde un principio que sería más seguro recorrer tierras africanas como mexicana que como embajadora del país de las hamburguesas y las guerras (Amber, I love U!). En mi mente México es el país de los mariachis, los tacos y las sonrisas perpetuas, así que asumí que mi país y Senegal tendrían una relación de compadres y mi pase sería tan fácil como untar mantequilla en un pan recién tostado (acabo de desayunar).

Nuestra llegada al aeropuerto fue más bien, como untar mantequilla congelada en un birote duro.

3 horas, 17 000 CFA que (aprox. 500 pesos) Anto tuvo que donar al estado senegalés y un pasaporte gringo después, y todo se solucionó. No me pregunten porque fue necesario dar dinero si todos mis papeles estaban en orden, solo diremos que las mordidas acá no son facultativas, sino un paso obligatorio en el proceso diario de cualquier servicio público. En fin. Welcome to Senegal gringAstrid!

Ya con los pies puestos y legalmente en la tierra, nos propusimos a descubrir. Hace ya 10 días que nuestro avión aterrizó en la capital y muchas cosas han pasado desde esa noche.

El tiempo y la realidad aquí se han convertido en conceptos completamente distintos a los que yo conocía en mi antigua vida. Las camas de hospital y las noches de guardia en urgencias se ven tan lejanas en mi cabeza; las aulas de clases y mis deberes como profesora se sienten tan improbables; todo se ve borroso en mi memoria y hay momentos en los que incluso me trato de acordar como se sentía tener una casa, una cocina con luz, un mercado a 300 metros, vecinos que hablaban mí mismo idioma, oxxos por todas partes con precios fijos, un carro, otra moneda…

El idioma y la comunicación han tomado también una forma distinta de la que tenían hace apenas 11 días y aún más de la que figuraba en mi mente hace 9 semanas cuando dejé mi país y a mi gente. Aquí el idioma oficial es el francés, pero la comunicación real se da en Wolof. Ayer en una plática con un grupo de españoles, argentino y gambianos, aprendí algo que me impactó. Las personas que únicamente saben hablar este idioma jamás en su vida lo escribirán, porque carece de un alfabeto. Por el contrario, las personas que saben hablar francés, inglés o cualquier otro idioma pueden llegar a escribir según la fonética del Wolof, por lo tanto, la misma palabra se escribirá diferente ante los ojos de los extranjeros dependiendo el idioma que manejen. Por ejemplos Agua, se escribe según los franceses “Ndoox”, nosotros en México podríamos escribirlo “Ndooj”. Esto significa que no existen los post-its con “Apágale a los frijoles”, ni hay letreros en las puertas que digan “regreso en 15 minutos”. Es una tradición que depende cien por ciento de su transmisión oral y apuesta su supervivencia al cuidado que pongan las nuevas generaciones.  Al parecer gracias a esto whatsapp tiene un éxito enorme porque es posible comunicarse con mensajes vocales y en todas partes ves a las personas con manos libres hablando constantemente por teléfono, precisamente porque para los locales no bilingües, los mensajes de texto no son una opción.

Más importante aún, me parece hablar de la gente misma y la impresión que hasta hoy hemos tenidos gracias a la convivencia. La realidad es que tristemente, no he logrado enamorarme del capital humano de Senegal. Las generalizaciones son horriblemente asquerosas pero creo que no son más que el resultado del filtro constante de días, horas y minutos en contacto con algo o en este caso, con alguien. Por lo que, aunque groseras, casi siempre son sinceras.

La mayoría de los contactos que hemos tenido con la gente han sido por una necesidad inminente de hacer nuestro dinero, el suyo. No significa para nada que el aire sea inseguro, pero los senegaléses prefieren robarte frente a frente y con mirada inocente. Parte del desencanto que este pueblo en su mayoría musulmán (95% de la población) me ha causado es precisamente la incongruencia entre la práctica tan rígida y respetuosa hacia su Dios pero a la vez tan violenta y descarada ante el prójimo, principalmente si es de otro color, que se acerca con cara de perdido a pedir ayuda. Repito, esto es simplemente una generalización ya que nos ha sucedido 7 de cada 10 veces que tenemos contacto con un local, las otras han sido personas sinceras que nos han ayudado desinteresadamente y con una gran sonrisa. Pero, para seguir con mis sinceridades,  para un país con un paisaje semi desértico, extremadamente sucio y corrompido hasta el tuétano, me parece una tasa tristemente decepcionante para cualquier turista bonachón.

 

A pesar de lo negativa que pueda parecer mi generalización previa, esta semana ha sido rica; muchas cosas han pasado frente a nuestros ojos y por nuestras papilas; muchas cosas hemos olido y tocado y mucho ha tocado también nuestros corazones de pollo. Ya estando aquí siento que vuelvo a comenzar; siento volver a la etapa en que todo es desconocido, todo suena distinto; esa etapa en la vida en la que es normal no entender todo lo que se escucha y aun así divertirse. Me cuesta trabajo entender lo que es correcto, lo que es prohibido, lo que es bueno, lo que es malo. Y me gusta.

Aunque el ejercicio de defensa y protección es algo ya diario y parte de nuestra técnica de supervivencia, comienzo a tender a dejar por ahí tirada,  la desconfianza y el miedo que en algunos momentos permití que me invadieran; porque al ser invitada a compartir un plato de comida en donde no hay mucho, cada grano de arroz viene fortificado con la Taranga (hospitalidad en Wolof)  y el respeto a lo que juzgamos distinto.

Comienzo a reprobarme a mi misma cada que la lástima me golpea al ver a alguien sin zapatos, a un niño con la cara sucia o a una mujer caminando largos trayectos bajo el sol con un bebé a espaldas. La lástima solo nos lastima a los ignorantes y rebaja ante nuestros ojos al supuesto mártir, quien en ocasiones, ha logrado comprender la clave de la vida simplificada. Creo fervientemente que es imposible conocer lo que se esconde dentro de esos cuerpos y mentes. Decido pensar que lo que hay dentro ha logrado aferrarse con tanta fuerza a la vida y ha logrado conocer tanta paz y amor que les resulta natural olvidar algunos detalles.

Comienzo también a poner las cosas en su lugar. Lo que fue, sigue allá y jamás se olvida. Lo que es, está aquí, donde estoy yo. Y mi parte pondré para que lo que quiero que pase mañana, pase.  Mi vida es esta y estoy parada en ella, en mi realidad. Aquí a mi alrededor y mientras yo así lo decida, no habrá guerra que me penetre; aquí no hay hambre porque mientras he tenido comida, la he compartido; aquí no hay gente mala, porque cada vez me convenzo más que la maldad es la expresión errónea de una necesidad ahogada violentamente.

Tengo miles de preguntas: ¿Es acaso la ignorancia de lo que hay en otros mundos, el precio a pagar por la paz y la conformidad? ¿cómo ama un hombre a 4 mujeres y 40 hijos? ¿Qué es el amor en realidad?  ¿Qué pasa por la mente de esa mujer al despertarse? ¿De qué color soy? ¿Qué piensan de mí? Aún así, no pretendo desgastar esta experiencia de vida buscando respuestas aunque he encontrado enseñanzas profundas como: el tiempo de espera dentro de un vehículo de transporte público será directamente proporcional al número de asientos del que este disponga; 6 horas para uno de 50 lugares, 30 minutos para uno de 7.

En el fondo siento que todas mis percepciones, buenas o malas, vienen de la sensación de falta de pertenencia que he experimentado en esta tierra. Físicamente es obvio que jamás me considerarían una de ellos; culturalmente no sé si lograría adaptarme y religiosamente no comparto los valores esenciales, soy parte de otro mundo y lo siento a cada momento. Anto es mi pedazo de mundo en el que me siento amada y comprendida. Mi pedazo de todo; Francia, México, Occidente, Ensenada… que me protege y me hace sentir como en casa en cualquier cuarto de hotel. Y con esta pequeña pero potente sensación me despido de ustedes y en algunos días, de Senegal. El siguiente reporte será expedido, Insha´Allah, desde Cote d´Ivore.

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  1. Anexo Médico 1.1

Mi ojo médico también se ha mantenido atento, la gente en las calles se ve sana, es raro ver a alguien obeso, las mujeres tienen cuerpos hermosos y se adornan de colores. Los niños tienen miradas y cuerpos fuertes, como si supieran que les espera una vida llena de retos que requieren determinación desde ya. Los hombres son modelos de Netter vivientes y bien delineados. Hablando con un médico general en Kaolack, me contaba que el Paludismo o Malaria ha tenido un buen control en los últimos 10 años y actualmente no es lo que más les preocupa, al parecer las enfermedades crónico degenerativas metabólicas van en aumento, así como los eventos cardiovasculares agudos. Respecto a nosotros dos, parece que estamos en una región  en dónde el Plasmodium ovale y vivax predominan sobre el falciparum, lo cual disminuye tanto el cuadro como las potenciales complicaciones de la infección. Aun así seguimos tomando nuestra doxiciclina cada noche sin efectos secundarios por el momento, no fotosensibilidad, no alteraciones gastrointestinales. El médico que conocí y muchos extranjeros que hemos encontrado coinciden en que el tratamiento profiláctico no es “necesario” y que es muy fácil y rápido tratar un brote agudo. Sinceramente sigo teniendo una confianza firme en las guías clínicas, la OMS, la buena amiga “la medicina basada en evidencia” y en nuestra aparente buena respuesta al tratamiento mencionado. Cada quien sus fuentes. Cambio y fuera.

De desierto en desierto.

En dos semanas estaremos con los pies bien puestos en otro continente. Un mundo nuevo. Distinto.

No sé qué es lo que nos espera, pero sé que nos espera con impaciencia. Con reloj en mano. No se cómo se sentirá, pero sé que habrá que poner en práctica toda la capacidad de adaptación que he acumulado durante mi vida. Y más que adaptarme, quiero explotar, resplandecer, brillar para mí misma, respirar y volar. Sentir que mi intuición fue sabia, que las piezas caen en su lugar. Por el momento, el día a día es un ejercicio de preparación. De sublimación delicada.

Saltando al otro lado del cuadrilátero que delimita este diario viajero, la medicina. Más viva que nunca. Precisamente hoy pasé una parte de mi mañana llamando por teléfono a la Orden de Médicos de Valance, al ENIC-NARIC de Francia y urgando en las páginas del Ministerio de Educación Cultura y deporte de España para conocer los requisitos para poder llegar a ejercer en alguno de los dos países, o incluso en ambos.

Hay cosas que he ido entendiendo en este último mes. Explicaciones que difícilmente hubiera podido encontrar desde mi escritorio y del otro lado del Atlántico.

 La población francesa tiene carencia de médicos y sobre todo de médicos generales. Durante los últimos 10 día Anto y yo viajamos por algunos pueblos y ciudades del sur oeste y sur este de Francia por motivos familiares y amistosos, pero en medio de este intercambio de cariño pude recuperar detalles importantes para la parte de mí que desea seguir alimentando la bata blanca que dejé en mis cajones de Tijuana.

Sin hablar de fuentes oficiales, es de conocimiento general de los franceses que el concepto de desierto médico ha ido adquiriendo más y más fuerza en los últimos años. Esto significa que las zonas rurales están siendo abandonadas por los médicos, sobre todo generales, que prefieren ir a buscar oportunidades más interesantes a las grandes ciudades o simplemente a causa de las muertes y jubilaciones de los viejos médicos de pueblo que solían ser iconos inmutables en las comunidades apartadas. Además, hay que agregar que en Francia, la carrera de médico tiene fuertes exigencias para con los estudiantes; el primer año de estudios cuenta con gran cantidad de “candidatos” quienes al final de éste deben demostrar en un concurso nacional sus capacidades intelectuales; se dice que solo el 19% de los estudiantes logra avanzar al segundo año de medicina, siendo esta otra de las razones por las cuales la demanda de médicos en el país no alcanza a satisfacerse.

Ustedes, colegas y paisanos, se dirán mientras leen: “Ay mijita, pues no le busques tanto, acá en México también hay desiertos y también faltan un chingo de médicos”. Sí. Estoy de acuerdo. Y créanme que amo mi país, amo mi gente y desearía creer que dedicarle mi energía a mi patria es lo mejor que puedo hacer. Desafortunadamente la estructura social, cultural, política y en este caso específico, sanitaria, no es precisamente la misma. No intento venderme ni venderles el sueño francés, incluso yo no lo he comprado por completo, pero alcanzo a identificar más fácilmente el intento de Francia por mejorar lo que hay que mejorar, que el de México.

Una prueba de ello, la propuesta de muchas comunidades “rurales” en Francia.  Dejo entre comillas el término porque una comunidad francesa compuesta de 200 o 300 personas tiene más estructura política y social que muchas ciudades de varios miles o millones en algunas partes de mi México. Regresando a la propuesta, muchas personas, sobre todo miembros de mi familia francesa me han ido explicando, e incluso me atrevería a decir, tratando de convencerme de que existen buenas oportunidades para mí en este país. Existen gobiernos locales, que ofrecen completar el sueldo del médico que acepte permanecer en una comunidad rural. Por ejemplo, el gobierno de la comunidad decide asegurarle al médico general de la comunidad 4,000 euros al mes (actualmente aproximadamente 70,000 pesos); el médico cobra sus consultas, obviamente entregando al Estado casi el 50% del costo de ésta en forma de impuestos. Si este médico al final del mes únicamente logró ganar 2000 euros en consultas, el gobierno le paga al final del mes los otros 2000 euros. La ecuación suena fácil. La gente lo cuenta orgullosa, no como una queja del gasto ridículo, no como una denuncia de corrupción ni estafa, lo dicen felices de tener un gobierno que se preocupa por su salud.

 Es una sensación confusa el presenciar todo esto; es admiración con un dejo de tristeza, que inmediatamente despierta inspiración y coraje por lograr algo parecido en la tierra que amas, con la gente que come como tú, vive como tú y siente como tú.

No sé si aún siguen pensando que debo regresarme a trabajar a México y olvidar mis sueños de médico-gitana-trotamundos. Tampoco pienso entregarme a sueños de fortuna y vender mis valores al país que mejor pague, pero encuentro loable el trabajar para un patrón que ve por los intereses de los suyos.

En mi mente soñadora, me veo felizmente homologada, aceptada por la unión europea para poder ejercer mi noble, paciente y hermosa profesión; me imagino pudiéndole ofrecer a mis hijos inexistentes, una vida linda, plena de experiencias y posibilidades; me veo a mi misma siendo dueña de mis decisiones, con una casa en Francia para pasar la temporada de trabajo arduo y otro nido en México dónde rencontrarme con mi madre; mi madre la que me parió, mi madre patria que me educó, mi madre tierra que me nutrió y enseñándole a mis hijos como se pueden llegar a amar dos mundos tan distintos y a la vez tan llenos del mismo amor. Tengo la suerte incomparable e invaluable de contar con un compañero de vida que ama su patria (a veces de más…) y que ama la mía como si hubiera sido su segunda cuna. Tengo fe en la vida y en el camino que la energía encuentra para formar su cauce.

Los mantendré informados de los giros que da esta historia. Por el momento, vuelvo de mi viaje alrededor del tiempo y comienzo a pensar de nuevo que cosas no debo olvidar de echar a mi mochila para nuestra próxima aventura. Senegal es nuestra primera parada en ese paraíso que nos espera, África.

Astrid.